Contra el nihilismo de la globalización, lucidez

El problema del islam “moderado”

Personalmente, siempre he sido contrario a una lectura “secular” del islam, hecha a menudo en sentido anti-cristiano. Todavía creo que no basta con seguir los pasos de las viejas escuelas jurídicas islámicas (que en cierto sentido –es verdad- regulaban la violencia del islam) para resolver los problemas modernos y creo menos aún que sea suficiente con un llamamiento al sufismo, puesto que esta corriente islámica históricamente ha dado lugar a órdenes militares de conquista y de tráfico de esclavos. Me parece evidente que aquí nos enfrentamos a un problema histórico: el de una reinterpretación de la tradición islámica a la luz de la mentalidad crítica moderna.

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Giuseppe Scattolin
 
Todas las religiones (también todas las ideologías y culturas) que no han realizado este proceso interno de reinterpretación estarán siempre tentadas de volver a modelos del pasado que dieron lugar, sobre todo en el caso del islam, a ideologías en busca de conquistas y dominio, y no precisamente pacifistas.
 
Pero tales reinterpretaciones de la tradición islámica no pueden venir impuestas desde fuera. He aquí el error de muchas acciones políticas y culturales de Occidente. Como para todas las grandes tradiciones religioso-culturales, es necesario un proceso de maduración interno. En este proceso se deben salvar algunos valores de fondo que constituyen la identidad profunda de una tradición religiosa, pero al mismo tiempo estos valores deben estar en armonía con las exigencias de la modernidad, que no se pueden ignorar como hacen los intelectuales musulmanes. Se trata sobre todo de valores como la dignidad de la persona, sus libertades fundamentales, el respeto de los derechos humanos iguales para todos, y la libertad de ciencia y de investigación crítica.
 
La Iglesia, por su parte, ha tenido que tomar en seria consideración a la modernidad, y el proceso no ha sido fácil; es más, es un proceso continuo. Un proceso análogo es el que creo que debe hacer el islam, a través de personas “iluminadas” que sepan proponer una relectura seria de su tradición. En ella, los valores de fondo (como la fe, los valores morales de base, la justicia, etc…) deben salvaguardarse tanto del derecho jurídico tradicional (que fue connivente en su mayoría con la política imperialista del islam clásico) como del ataque de una secularización destructiva, que acabaría así con la identidad profunda de la conciencia islámica.
 
Es en un escenario así donde promover un diálogo serio entre religiones y civilizaciones para encontrar una base “humana” común a todos sobre la que construir una verdadera convivencia. Éste es el nuevo “humanismo global” que debería llenar el vacío generado por la salvaje globalización económica actual. Ésta, en su tendencia nihilista, es uno de los factores más potentes que provocan la exasperada reacción de una parte de tantas culturas y religiones que, para preservar su propia identidad, se ven empujadas a formas de extremismo religioso-cultural: las llamo “tribus religioso-culturales” voluntarias y modernas. Este fenómeno se ha convertido quizá en uno de los factores más peligrosos que minan la convivencia pacífica entre varias culturas de nuestra aldea global.
 

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