La invasión (migratoria), en realidad, comenzó hace ya tiempo. Pero hoy, este 30 de julio de 2026, ha alcanzado en Ceuta su punto más álgido. Y sin embargo, los 20.000 que hoy han entrado no son nada; son como una gota de agua al lado de los millones que, en toda África, tanto la mora como la negra, están agitándose, impacientes, en espera de poder dar el salto.
Y vendrán, claro que vendrán; no les quepa la menor duda. Vendrán, salvo que el Ejército y la Armada se desplieguen por fin donde tienen que desplegarse con los medios necesarios —todos los que hagan falta— para detener la invasión.
Pero el Ejército y la Armada sólo se desplegarán cuando el pueblo español, poniendo pie en pared y derrocando el Régimen que hoy aniquila al país, haga que quienes mandan a las fuerzas armadas tomen las medidas que se han de tomar.
Derrocando el Régimen, por supuesto. Jamás se les ocurriría ni a los oligarcas ni a los gobernantes del Régimen del 78 adoptar semejantes medidas. ¿Cómo las iban a adoptar cuando son los primeros en fomentar la invasión, ya sea no defendiendo el país contra las hordas, ya sea llamándolas con las paguitas que les dan y las regularizaciones que efectúan (2.000.000, la última; ésta corrió a cargo del PSOE, pero antes el PP también había efectuado las suyas).
No hay mal que por bien no venga, dice el proverbio. Y un bien —pero uno solo— puede, sin embargo, surgir acaso de todo ese mal. El bien de que, cayéndosenos las anteojeras, se nos abran por fin los ojos; el bien de conducirnos (aunque sea a la fuerza) hasta el borde mismo del abismo; el bien de comprender que sólo caben dos cosas: o despeñarnos de una vez por todas y perecer como pueblo y civilización; o, luchando y rebelándonos, salvarnos: ¡aunque sea por oco tiempo, aún somos, maldita sea, la mayoría de este país!
El pueblo que supo rebelarse y vencer a la invasión napoleónica; el pueblo (su mitad, más exactamente) que supo en 1936 hacer frente y derrotar a la amenaza bolchevique, ¿no será capaz ese pueblo de hacer frente y vencer a la invasión de quienes nada saben, nada sienten, nada les importa (ni tiene por qué importarles) lo que fuimos, lo que somos y seremos (aunque sólo seremos si experimentamos un gran arranque patriótico)?
APOSTILLA. Hay cosas que no se entienden (o tal vez se entienden demasiado…). ¿Cómo es posible que 20.000 personas hayan entrado a nado en la ciudad de Ceuta? Aunque un puñado haya muerto en el empeño, ¿tan excelentes nadadores son los demás? ¿O una parte importante también ha entrado por tierra? ¿Alguien, acaso, había abierto la valla? ¿Por qué los periodistas que están ahí para explicar esas cosas no explican nada?




















