En 1529, comandados por el sultán Solimán el Magnífico,los ejércitos otomanos llegaban al corazón de Europa y ponían sitio a Viena. Pero, como había ocurrido en las Navas de Tolosa, la mayoría de Europa, ante el peligro de muerte, acudió, luchó y venció. Bajo el mando del archiduque Fernando de Austria, hermano de Carlos V y futuro emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, los austriacos, apoyados por tropas procedentes, en particular, de Alemania y España (pero no de Francia, cuyo rey, Francisco I, estaba confabulado con los musulmanes), consiguieron levantar el asedio turco, que, de haber triunfado, habría puesto en jaque al resto de Europa.
Ciento cincuenta años después, en 1683, los turcos, conscientes de la importancia de la conquista de Viena, volverían a la carga y serían de nuevo derrotados. También en este caso la resistencia unida de Europa —la conjunción de fuerzas del Imperio y de la Mancomunidad de Polonia-Lituania— fue crucial para la victoria.
Y a la tercera, si no lo remediamos, será la vencida. En Viena, según leemos en The European Conservative, los alumnos musulmanes ya son la mayoría: el 41%. El asedio actual no es militar ni se desarrolla al pie de las murallas. Abiertas sus puertas por nosotros mismos, el asedio es demográfico, cultural y social. Tanto en Austria como en los demás países tiene un nombre: el Gran Reemplazo.
Según nuevos datos oficiales, la proporción de alumnos musulmanes en las escuelas primarias y secundarias de Viena ha seguido aumentando .
Las cifras publicadas por la oficina de la consejera de Educación, Bettina Emmerling, muestran que los alumnos musulmanes representan ahora el 41,2% del alumnado, frente al 39,4% del año anterior, lo que los convierte en el grupo etnorreligioso más numeroso de las escuelas de Viena.
En comparación, el 34,5% de los estudiantes se identifican como cristianos, incluyendo un 17,5% católicos romanos y un 14,5% ortodoxos. Otro 23% declaró no tener afiliación religiosa, mientras que un porcentaje menor pertenece a otras confesiones.
Estos datos surgen en medio de problemas más amplios relacionados con la dinámica cultural y social en las escuelas. Según la Asociación de Agricultores Austriacos, los platos de cerdo, como el escalope y el cerdo asado, son cada vez más escasos en los comedores escolares vieneses. Algunas escuelas han eliminado por completo el cerdo de sus menús, ofreciendo únicamente opciones vegetarianas o alternativas a la carne.
La asociación puso de relieve casos en los que los estudiantes incluso rechazan platos etiquetados como exentos de cerdo, sin estar seguros de si lo contienen. La directora, Corinna Weisl, recalcó que, si bien nadie está obligado a comer cerdo, éste debería seguir estando disponible como parte de la tradición culinaria austriaca.
El presidente de la Asociación de Agricultores, Georg Strasser, pidió que se mantuviera la diversidad en los menús para garantizar la libertad de elección de todos los estudiantes.
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