Lo ocurrido el pasado sábado ilustra a la perfección el estilo de este programa basura

Pídele a Tele5 que retire de su programación "El Gran Debate"

Todo esto no tendría mayor importancia si estos contenidos, de por sí repelentes, no se ofrecieran bajo el formato de un sedicente programa de "debate", con opiniones autorizadas y moderado con criterio pulcramente periodístico. Y nada más lejos de la realidad...

Compartir en:

 La anécdota ocurrida el pasado sábado 16 de marzo, durante la emisión en directo del programa El Gran Debate, es conocida por casi todo el mundo.

Fernando Sánchez Dragó y su hija Ayanta Barilli, invitados al programa, se negaron a comparecer ante las cámaras tras haber comprobado ambos en qué manera se distorsionaba, descontextualizaba y envilecía el contenido del libro sobre el que teóricamente iba a versar la entrevista para la que habían sido citados. Este libro, Pacto de sangre, es una obra literaria en la que, entre otras cosas, Ayanta Barilli traza un intenso recorrido sentimental relativo a las relaciones (difíciles, apasionantes) entre ella y su padre como  motivo de fondo. La obra se presentó machaconamente a la audiencia mediante desgloses y entradillas “escandalosas”, como un “ajuste de cuentas”, uno de esos bodrios que versan sobre “trapos sucios de familias de famosos para airearlos  en público”.

Lo ocurrido ilustra a la perfección el estilo de este programa basura y de la cadena que le da cobijo. No interesan en absoluto el contenido y alcance literario de una obra, sino la posibilidad de convertirla en materia morbosa, cuanto más deplorable mejor, para satisfacer a una audiencia sedienta de mugre moral; la misma audiencia que Tele5 ha ido generando y estabilizando durante muchos años de tenaz dedicación a esta especialidad televisiva, la cual se fundamenta en principios tan sencillos como mezquinos: ofrecer miseria y degradación que colme el rudimentario instinto de chismorreo de una audiencia a la que consideran pueril y mentalmente débil.

Todo ello no tendría mayor importancia si estos contenidos, de por sí repelentes, no se ofrecieran bajo el formato de un sedicente programa de “debate”, con opiniones autorizadas y moderado con criterio pulcramente periodístico. Y nada más lejos de la realidad

El único debate que interesa en Tele5 y a El Gran Debate es el que tiene que ver con asuntos turbios, cenagosos, de viscoso cotilleo y, a ser posible, salpicados con anécdotas de índole sexual, cuanto más sórdidas mejor. Es de señalar, por su evidencia, el tono estridente, caótico y de ínfima categoría intelectual de este programa, teóricamente “moderado” por un presentador que se empeña en azuzar y crispar a los participantes, enfrentarlos a gritos unos contra otros y organizar un lamentable gallinero para, en el momento de más tensión, interrumpirlos a todos y dar paso a la publicidad, que es lo que en definitiva persigue el programa: hacer caja con los anuncios.

Creemos que igualmente, tal como hace este programa por sistema, es una felonía convertir los dramas humanos derivados de la crisis económica, los desahucios, algunos casos de suicidio, el desempleo, las acciones reivindicativas de distintos colectivos, etc., en espectáculo bazofia cuyo único objetivo (no declarado pero reconocido en la práctica), es ganar audiencia y conseguir beneficios publicitarios.

No tenemos nada en contra de que una cadena de televisión luche por ser líder de audiencia y atraer toda la publicidad posible a sus programas. Es más, tanto defendemos el derecho a estas prácticas como el que asiste a los ciudadanos de usar el mando a distancia y “pasar” de espectáculos como el referido. Pero sí nos parece impresentable, de una zafiedad casi obscena, “dar gato por liebre” y presentar como “programa de debate” sobre asuntos de interés general lo que en realidad es un espacio de cotilleos, morbo, rifirrafes, griterío histérico y, en definitiva, televisión-basura. Una televisión indigna que para captar audiencia escenifica penosamente, semana a semana, la incapacidad de debatir con serenidad y aporte de ideas, la impotencia, la grosería y el fanatismo convertidos en espectáculo de masas. Con la degradación de la opinión y del mismo concepto de debate como objetivo para captar audiencia.

Te animamos a que le digas todo esto, y cuanto más se te antoje, a la Dirección de Contenidos de Tele5. Pídeles que supriman el indecoroso programa El Gran Debate. Si quieren hacer televisión putrefacta, son muy dueños. Pero tergiversar la realidad para convertirla en burdo cotilleo, engañar a la audiencia, tomar a los espectadores por gente sin luces y fácil de engatusar con estas indignidades, es asunto mucho más grave. Es una burla a la ciudadanía y un solemne pitorreo con la libertad de expresión como coartada.

Puedes enviar tu opinión sobre El Gran Debate, directamente, a la dirección de Tele5 en el enlace que facilitamos a continuación. Sólo es necesario hacer constar el nombre, la dirección de correo electrónico y aceptar las condiciones de uso del servicio. Selecciona asimismo, en el desplegable de la derecha, “Área”, la opción “Contenidos”. Máximo, 600 caracteres.

 

Telecinco.es/contacto

 

A título orientativo, reproducimos el mensaje enviado por la Redacción de El Manifiesto. Si quieres copiar y pegar, es todo tuyo. Si te apetece incluir tu propia opinión, mejor aún.

Estimados Sres.:

Ante la grave crisis de carácter económico, político y moral que atraviesa la sociedad española, creemos necesaria la producción de verdaderos programas de debate en los que se aborden asuntos de interés general con la seriedad y rigor que los ciudadanos merecen. Les rogamos por tanto que supriman la penosa parodia denominada “El Gran Debate”, auténtico paradigma de lo que NO debe ser un programa de estas características.

Atentamente: Redacción de El Manifiesto – Periódico políticamente incorrecto.

Todos los artículos de El Manifiesto se pueden reproducir libremente siempre que se indique su procedencia.

loading...

Compartir en:

¿Te ha gustado el artículo?

Su publicación ha sido posible gracias a la contribución generosa de nuestros lectores. Súmate también a ellos. ¡Une tu voz a El Manifiesto! Tu contribución, por mínima que sea, dará alas a la libertad.

Quiero colaborar