Los idus de Mayo (68)

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Cambió el mundo, sin duda. No inmediatamente, sino después, poco a poco. Y no empezó a cambiar desde el poder, ni siquiera desde los movimientos tradicionales de masas, sino desde las escuelas, la prensa, la edición, las universidades, el cine…

Mayo del 68 fue un perfecto ejemplo de “revolución cultural”, ese tipo de fenómenos que se incuban lentamente, que eclosionan sin que nadie lo espere y que, acto seguido, se extienden por todas partes sin que nadie sea capaz de ponerles freno. No hubo “director clandestino”; ni siquiera lo fue la estrategia de ocupación del poder cultural desplegada por la izquierda desde veinte años atrás, que tanto ayudó a asentar el “fenómeno 68”, pero a cuya influencia escapó rápidamente el movimiento., Después, el sistema lo asumió. De esta manera nació una sociedad mentalmente de izquierdas en un sistema económico inequívocamente capitalista. El zapaterismo, en España, es hijo de esa mentalidad.

Un fenómeno como el de Mayo del 68 sólo puede contrarrestarse con otro fenómeno gemelo, aunque en sentido inverso. A una revolución cultural sólo se le puede oponer otra revolución cultural. Ésta, sin duda, llegará. De manera tan imprevisible como la anterior, pero llegará. Quizás esté llegando ya.

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