El “laicismo”, esa peligrosa antigualla

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La nueva ofensiva del zapaterismo se llama “laicismo”. De momento va a traducirse en una revisión de la ley de libertad religiosa. Pero, ¿qué significa "laicismo"? Recordemos lo esencial. La laicidad consiste en que la vida social se arregla conforme a criterios no confesionales. El "laicismo" consiste en hacer de la no confesionalidad una suerte de nueva religión de Estado. Ese carácter "religioso" le impulsa a apartar a cualesquiera otras religiones, a las que ve como peligrosas competidoras.

El laicismo, tal y como lo abandera el Gobierno español, es una antigualla doctrinal que nos sumerge en un pasado ostensiblemente siniestro. Las políticas antirreligiosas, que aspiran a aniquilar cualquier sentido de lo sagrado en la vida comunitaria, nacen de una interpretación radical de la modernidad que aparece en la Revolución Francesa y que se prolonga después en distintas direcciones. La Francia de 1903, el México de 1915 o la Rusia de 1917 son ejemplos eminentes. La España de 1931 intentó lo mismo. Hay que recordar que todos esos intentos fracasaron: la semilla de lo sagrado no se puede extinguir porque es consustancial a la condición humana, la forma cultural de expresarla es la religión en sus distintas manifestaciones, y la manera política de integrar el hecho religioso es aceptar su presencia en la vida pública. A partir de aquí, caben vías muy distintas de organizar las cosas, pero ninguna puede pasar por la pretensión de reducir lo religioso al ámbito de lo íntimo, lo doméstico, lo estrictamente privado.

Las religiones tienen un valor cultural y de civilización evidente. Es verdad que la religión tradicional del ámbito europeo, que es el cristianismo, ha retrocedido de manera sensible en el último medio siglo. Pero las religiones no transmiten sólo una creencia cosmológica, sino que a lo largo de la historia han ido destilando una filosofía general de la vida y han alimentado una tradición cultural que forma parte del bagaje comunitario. Lo que quiere hacer el zapaterismo es pura ingeniería social: proscribir el pasado, sojuzgar lo sagrado y sustituir todo eso por una doctrina oficial con asiento en las instituciones políticas. Es simplemente demencial. Lo fue en el pasado. Seguirá siéndolo mañana.

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