A medida que la derrota de Ucrania se acerca, Zelenski comienza a vislumbrar escenarios en los que su carrera política e incluso su vida podrían terminar.
El 4 de agosto concluyó la “Operación Coacción” del gobierno ucraniano, una campaña militar de 40 días cuya misión era forzar a la Federación de Rusia a sentarse a negociar con Kiev desde una posición de debilidad.
Dicho plan consistía en ataques militares intensificados contra el territorio profundo de Rusia, mediante el bombardeo de refinerías de hidrocarburos y centros logísticos, con el objetivo de “llevar la guerra a los hogares rusos”, según anunció Zelenski.
El gobierno de Ucrania dispuso ejecutar este empeño, como hasta ahora, con los fondos que recibe de la Unión Europea (UE) y con los misiles que Estados Unidos (EEUU) vende a los países europeos para que estos se los entreguen a crédito a Kiev.
Zelenski reclamó al comienzo de esta ofensiva que contaba con el respaldo del presidente de EEUU, Donald J. Trump, aunque, a la vista de su resultado, más bien pareciera que aquel fue engañado por este, cuya posición ante el conflicto sale reforzada.
La “Operación Coacción” no cambió el cálculo estratégico de Moscú, ya que este respondió con 20 misiles o drones por cada uno que Kiev lanzó en dirección rusa e infligió aún mayor daño en Ucrania.
Rusia escaló la intensidad de la guerra de desgaste que mantiene con Ucrania al bloquear la salida de Ucrania al mar Negro a través del puerto de Odesa, que fue dañado, bombardear sin descanso Kiev y empujar las líneas de contacto en el este y el sur de Ucrania.

El gobierno de Zelenski fracasó en todos los objetivos de su misión y sus problemas políticos se han agravado, como pusieron de manifiesto los ceses del ministro de Defensa, Mijail Fedorov, y del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Alexander Syrsky.
Estas tensiones entre las élites políticas ucranianas salpican al Ejército, mientras que las diversas facciones en liza pugnan por posicionarse mejor de cara a las elecciones que podrían celebrarse al final de la guerra.
Éstas sólo podrían celebrarse si el conflicto terminara con un acuerdo de paz, ya que con un mero alto el fuego sería legalmente imposible celebrarlas, de ahí que Zelenski insista en cesar los combates más que en acordar una solución permanente al conflicto.
No obstante, ZelenskI perdería por una mayoría abrumadora unas elecciones presidenciales en Ucrania según sugiere una nueva encuesta realizada por la empresa local Socis.
El exgeneral Valery Zaluzhny, embajador en Londres y anterior jefe del ejército hasta febrero de 2024, el actual jefe de gabinete de Zelenski, Kirill Budanov, y Fedorov derrotarían a Zelenski por 66,2 % a 33,8 %, por 60,3 % a 39,7 % y por 63,8 % a 36,2 %, respectivamente.
La base política de Zelenski se debilita —las rivalidades internas se agudizan, los recursos disponibles son escasos y las capacidades militares dependen de países de Occidente— y Ucrania está condenada al fracaso.
Estas divisiones políticas no se entienden si no se tiene en cuenta el papel que desempeñan los diversos clanes de oligarcas que se están enriqueciendo gracias a una guerra que se mantiene con fondos que la UE entrega a Ucrania para desarrollar su industria militar.
Las pugnas entre Fedorov y Syrsky son asimismo disputas económicas entre grupos que rapiñan contratos públicos de armamento ucraniano y se disputan sus redes de contactos e influencias en el Reino Unido y en el resto de Europa.
La guerra es rentable para muchos en Ucrania y Europa y las comisiones que se pagan por ganar contratos del gobierno de Kiev y por presentar a compañías europeas para hacerse cargo de estos son muy atractivas.
¿Por qué la REMIGRACIÓN es la única posibilidad de evitar la guerra entre ellos y nosotros?
Aquí se explica
El propio ZelenskI comenzó a sentirse vulnerable y tuvo que destituir el pasado 3 de agosto a la embajadora de Ucrania ante EEUU, Olga Stefanishina, quien desde entonces está siendo investigada por corrupción.
Este cese de alguien de tanta confianza para ZelenskI disparó rumores sobre una próxima publicación de cintas de audio y vídeo que involucrarían a este en actividades ilegales.
El equipo que ayudó a ZelenskI a auparse al poder en 2019 está desmantelado, vive fuera de Ucrania y se manifiesta públicamente contra las políticas de su jefe, a quien no le espera ningún papel una vez que termine la guerra. ZelenskI no puede aceptar una Ucrania sin él al frente y no quiere favorecer la resolución del conflicto con Rusia, dado que eso significaría su fin como político, quién sabe si algo más, ya que la paz podría costarle su carrera política y su vida, y la de su familia.
En Ucrania, los grupos nazis y militarizados, aunque ajenos a la autoridad de las Fuerzas Armadas dentro de las que están nominalmente encuadrados, tienen un comportamiento impredecible. Estas organizaciones están persuadidas de que son las únicas capaces de garantizar una “Ucrania para los ucranianos”, una ambición que persiguen desde 1991, y por la que asumen un rol como organismo de control militar sobre las autoridades.
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