Inglaterra se levanta en defensa de la identidad y la civilización

Por un lado, se ha producido hace unos días el extraordinario envite electoral del partido soberanista de Nigel Farage y la debacle de los demás partidos; de ello habla seguidamente el periodista francés Nicolas Gauthier.

Por otro lado, el pasado sábado tuvo lugar una impresionante manifestación  (vean el video) en la que cientos de miles de personas ocuparon Londres, mientras que, frente a ellas, sólo se manifestaban unos 5.000 colaboracionistas antifas. Convocada por el líder patriótico Tommy Robinson, que casualmente no se hallaba en la cárcel donde suele encerrarlo el Régimen, la multitud, portando banderas y —cosa nunca vista— Cruces de madera, hizo que las calles rugieran con los gritos que clamaban contra el gobierno, la invasión migratoria y la aplicación de la ley sharía, al tiempo que defendían la identidad nacional y la civilización.

 

 


 

Los resultados de las recientes elecciones locales son contundentes. Reform UK, el partido de Nigel Farage, antiguo líder del Brexit, arrasa con más de 1.400 escaños. El Partido Laborista, actualmente en el poder, se desploma hasta los 1.060, mientras que los conservadores caen a 800, frente a los 840 de los liberales demócratas, el eterno partido decisivo. Un balance que estaría incompleto si olvidáramos los 540 escaños de los ecologistas del Partido Verde, liderados por el recién llegado Zack Polanski. No hace falta precisar que a ambos lados del Canal de la Mancha reina la consternación.

 

La constatación de Le Monde

Así, Le Monde del 10 de mayo lamenta, no sin lucidez: «Reform UK, que aboga por el abandono de los objetivos nacionales de neutralidad de carbono, arrasa en las zonas más pobres del país (el norte, las ciudades costeras), aquellas que votaron a favor del Brexit en 2016, donde la población se siente, desde hace décadas, abandonada por los dirigentes políticos de Westminster. En Escocia y Gales, se lleva los votos que tradicionalmente iban a parar a los conservadores y también le resta votos al electorado laborista. »

Pero, como es habitual en Inglaterra, los partidos autonomistas —cuando no son simplemente independentistas— también avanzan, como los escoceses del Scottish National Party y los galeses del Plaid Cymru. Aquí se ve claramente que Inglaterra no es Francia, con su fuerte tradición centralizadora que se remonta al Antiguo Régimen. En este sentido, el jacobinismo de la Revolución Francesa siguió los pasos de sus predecesores capetos, mientras que las identidades regionales de la isla en cuestión siempre se han preservado, aunque a menudo a costa de derramamiento de sangre. En resumen, seguramente no es por nada que Inglaterra también se llame el «Reino Unido». O incluso Gran Bretaña. Tres nombres para un solo país, uno tendría motivos para desconfiar por menos que eso. Más allá de estas consideraciones históricas, la situación la resume bastante bien Zack Polanski, una especie de Jean-Luc Mélenchon local: «El bipartidismo está muerto y enterrado». Ite Missa est.

 

Por una vez, el modelo francés…

De hecho, el panorama político inglés se asemeja ahora a su homólogo francés. Una izquierda atomizada y una derecha en horas bajas. Un partido populista, Reform UK, sobre el que Le Monde se pregunta si, «dotado de tal base local, el Sr. Farage no se convertiría ahora en un candidato serio para Downing Street en las próximas elecciones generales» Sin olvidar al Partido Verde, otra formación populista, esta vez más bien de izquierdas, que acaba de alterar el juego político.

La primera sacudida de un posible seísmo por venir fue, evidentemente, el Brexit. Pero no se trató realmente de una sorpresa, ya que Inglaterra nunca ha sido un país europeo.

Ciertamente, a veces puede compartir sus costumbres y su religión; pero su geografía siempre la ha llevado a otro lugar. En junio de 1944, el primer ministro inglés Winston Churchill le dijo unas palabras de oro al general de Gaulle cuando le confió: «Cada vez que tengamos que elegir entre Europa y el gran mar abierto, elegiremos el gran mar abierto».

En cambio, tanto Francia como los demás países europeos comparten con la pérfida Albión el hecho de sufrir la misma oleada migratoria. Y ahí, incluso nuestros vecinos británicos se dan cuenta de que esta no es necesariamente fuente de mil y una bendiciones. Todo un colmo para una nación que durante mucho tiempo se ha jactado de su modelo multicultural, al igual que esos países nórdicos en los que Thorgal, nuestro vikingo de cómic, tendría ahora muchas dificultades para encontrar a los suyos. Y son estos últimos los que hoy, aunque gobernados por socialdemócratas, adoptan las leyes más severas en materia de inmigración.

 

Las ventajas del pragmatismo…

Quizá sea aquí donde radica la fuerza de los países con una cultura pragmática. ¿En Inglaterra se intenta la república con Cromwell? No funciona y se da marcha atrás; mientras que aquí tendemos más bien a obstinarnos hasta la insensatez. Pero es cierto que los franceses son quizá más ideólogos que… pragmáticos. No obstante, por una vez, serían más bien los británicos quienes deberían imitarnos. Casi parece que la venganza por fin ha llegado de la mano de aquel periodista de Rock & Folk que, al preguntarle a Mick Jagger «qué pensaba del rock francés», recibió como respuesta: «¿Y si hablamos mejor del vino inglés?».

Sólo nos queda esperar a ver cómo se desarrollan los acontecimientos, sabiendo que desde el Swinging London, Oscar Wilde, el agente 007 y las Spice Girls, los ingleses nunca han escatimado esfuerzos para sorprendernos.

© Éléments

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