No hablamos del asedio actual, aunque la correlación de fuerzas que hoy existe entre la morisma y nosotros es tan desfavorable para Ceuta como cuando en 1694 el sultán Mulay Ismaíl emprendió lo que cualquier día emprenderá en serio su sucesor (lo de estos días no ha pasado de una broma: ha sido un mero ensayo general).
Y, sin embargo, ante el brutal asedio de entonces (1.000 soldados españoles, más la población en armas, frente a 40.000 soldados mahometanos), Ceuta consiguió resistir durante 33 largos y heroicos años.
El día en que vengan, ¿actuaremos igual nosotros?
¡Por favor! Permítannos carcajearnos ante semejante pregunta. Aquellos españoles estaban hechos de otra pasta, de otra enjundia; a veces, uno hasta diría que eran de otra raza, como si entre ellos y nosotros hubiera habido una mutación genética. Es cierto, sin embargo, que siempre pueden producirse milagros; es cierto que la historia, como decía Dominique Venner, es el lugar mismo de lo imprevisible. Sin embargo…
Vean en cualquier caso cómo reaccionaron los españoles de entonces, al mando, por cierto, de un catalán, ante el primer gran asalto que el islam emprendió, dos siglos después de vencerlos en la Reconquista, contra nuestra soberanía.




















