El Puente del Palacio sobre el río Neva, en San Petersburgo

Reconstruir los puentes con Rusia (y II)

Hay que reconstruir los puentes con Rusia. Sólo mediante el diálogo y la diplomacia avanzaremos hacia la paz en Ucrania

 


 

A día de hoy, los puentes y el diálogo de la UE hacia Rusia están rotos. Un tremendo error. Y ello porque la medida no contribuye en nada a alcanzar el necesario armisticio en la guerra de Ucrania. Rusia, a su vez, ha reaccionado con otro error: obstaculizar Internet, aislarse online y dificultar a los extranjeros que visiten Rusia hablar por teléfono. Los errores por todas partes se superponen en una espiral de provocaciones y réplicas.

Diálogo cerrado. Ningún contacto de la UE con Rusia, ni siquiera relaciones bilaterales, salvo algunas excepciones. ¿Y qué hacen entonces los embajadores europeos en Moscú? Verse entre ellos. Un día el británico invita al resto a tomar el té. Otro, el alemán, a beber cerveza; otro, el español, a degustar entre todos vino tinto. Conozco a alguno de ellos. Buenos profesionales. Pero con las manos atadas por Bruselas.  ¿Diplomacia de verdad? ¿Trabajo de verdad? Escaso. A eso hemos llegado, sin contactos con Rusia, en el momento de guerra en el que más debiera estar activada la diplomacia.

Despropósito total.  Y error estratégico de la UE, pues Rusia, que también es Europa, es la aliada natural de Europa del Oeste. Ellos pueden aportar energía y, además, la calidad de sus ingenieros; Europa del Oeste, tecnología e inversiones en un momento en el que la UE aún tiene alguna salida estratégica si despliega algo de inteligencia con, insistamos, nuestro aliado natural en Europa: Rusia.

Bienvenido sea, entonces, que Italia, Francia y, además, ahora Bélgica, conscientes del error de la UE, hayan dado un primer paso para retomar el diálogo con Rusia. Pero ¿qué sucede con el resto del vecindario europeo?

Las decisiones en la UE las toma el Consejo y éste se las transmite a la Comisión. ¿Y qué pasa con cada país en el Consejo?  Veamos cómo cada cual se posiciona con Rusia para llegar a la actual situación de locos contra la que Francia, Italia y Bélgica han levantado la voz. Reino Unido: aunque ya no forma parte de la UE, Starmer se opone a la iniciativa franco-italiana de reconstruir los puentes con Rusia. Lógico. Odian a Rusia desde hace siglos.  En cuanto a los bálticos y Polonia y, por supuesto, Zelensky: si pudiesen, nos meterían a todos en guerra contra Rusia. Mientras que Hungría y Eslovaquia, con razón, piensan que el resto estamos equivocados y que hay que dialogar con Rusia.

Y llegamos al centro del tablero de ajedrez: Alemania. Y Alemania (como los Países Bajos) también está contra el diálogo. Lo de la Alemania de Merz (AfD ganará las siguientes elecciones y la cosa cambiará) es de diván de psicoanalista. ¿Será porque perdieron la guerra mundial y también perdieron Königsberg, actual Kaliningrado, lugar donde se fundó Prusia y, por lo tanto, la actual Alemania?

Zelensky, con ayuda de los EE. UU. de Biden, destruye en Alemania los gasoductos con los que traían energía barata de Rusia. Sin ésta, muchas fábricas cierran, el país roza la recesión y sube la inflación en una dinámica que arrastra al resto de Europa.  Y ahora el nefasto Merz niega la diplomacia y el diálogo con Rusia. Inaudito en un país que, en sus mejores momentos, con Brandt, ideó la Ostpolitik. ¿Por qué, ahora, este dislate?

¿Temen que Rusia los invada? No. Tan tontos no son. En el peor de los casos, si no hay paz en 2026, Rusia (salvo en Odesa) no franqueará el Dniéper. De Odesa no pasarán, aunque tal vez creen, salvo que haya paz, ojalá, en 2026, un corredor con la olvidada Transnistria, ahora en manos rusas. Meterse en el Oeste de Ucrania sería para Rusia un nuevo Afganistán. Y ya no digamos avanzar hacia otros países europeos. Rusia no quiere hacerlo, y además les es militarmente imposible, en contra de lo que vociferan las belicistas de manicomio van der Leyen y Kallas.

Merz sabe que Rusia ni quiere ni puede invadirlos. Pero ello no les impide hacer sonar los tambores de guerra, cosa de la que sólo se beneficiará la potente industria militar alemana. Tal vez ahí esté la clave. Clave miope y poco patriótica, pero con su infausta lógica.

Pero no todos hemos enloquecido en nuestra relación con Rusia, país europeo que es la aliada natural de Europa Occidental. Francia, Italia y Bélgica han dado un paso para restaurar un poco de sentido común. Ojalá prospere esa línea de trabajo. Por el bien de la maltrecha Europa. Y por el bien de Ucrania.

 

© La Razón

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