Los judíos alemanes que eligen a la AfD

¿No acusan de “racista”, “nazi” y demás horroresa la AfD, el partido soberanista alemán que ya encabeza como primera fuerza todos los sondeos? Pues hete aquí que los judíos alemanes no opinan igual. Hasta han fundado una Asociación Federal de Judíos Miembros de Alternativa para Alemania. Alain de Benoist entrevista a quí a su presidente, Artur Abramovich.
Este artículo forma parte del n.º 4 de nuestra revista Éléments-El Manifiesto y su lectura íntegra es de pago, pero hoy hacemos una excepción.
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¿Por qué se fundó la Asociación Federal de Judíos Miembros de la Alternativa para Alemania (JAfD)? ¿Se trataba de protestar contra el antisemitismo islamista que hoy parece extenderse por Europa? ¿O de responder a las acusaciones de antisemitismo lanzadas contra la AfD por la izquierda, pero también por el Zentralrat der Juden in Deutschland, el equivalente al CRIF de este lado del Rin?

Ambas cosas son ciertas. A un francés le cuesta imaginar hasta qué punto el judaísmo sigue estando asociado, en Alemania, a la izquierda política. El complejo político-mediático alemán ha logrado con gran éxito convertir a los judíos en los desarraigados por excelencia y al judaísmo en sinónimo de progresismo y nomadismo. Los franceses ya no asocian necesariamente el judaísmo con la izquierda política, por un lado porque conocen la oposición de los judíos al islam político y, por otro, porque la mayoría de los judíos franceses son sefardíes, como Zemmour o Meyer Habib, a quienes les importa poco lo políticamente correcto.

En Alemania, en cambio, el Consejo Central está presidido casi exclusivamente por judíos alemanes (o judíos polacos que llegaron a Alemania después de la guerra, los famosos DP). Se esfuerzan ansiosamente por imitar la retórica dominante y reproducir los topoi que se les presentan. Los únicos enemigos reales del judaísmo serían, por tanto, los nacionalistas, los racistas, los cristianos conservadores, etc., es decir, la derecha autóctona, de todos los colores. Sin embargo, la realidad demuestra desde hace décadas que los enemigos más peligrosos de los judíos no son en absoluto los cristianos creyentes (que se han convertido entretanto en sus mayores admiradores y amigos), sino los islamistas alóctonos. Del mismo modo, los judíos tienen hoy en día muchos menos problemas con los llamados racistas que con los antirracistas que difaman el sionismo como racista y tratan de combatirlo. Otro objetivo de la JAfD es, por cierto, establecer contactos para la AfD, especialmente en Israel.

 

También ha publicado, junto con Vera Kosova y Wolfgang Fuhl, un libro sobre «lo que lleva a los judíos a unirse a la AfD» (Was Juden zur AfD treiben. Nuevo judaísmo y nuevo conservadurismo. Jüdische Stimmen en Deutschland, editorial Gerhard Hess). ¿Podría explicarnos también qué determina a los judíos a votar a la AfD? ¿Son muchos?

No tengo conocimiento de ninguna recopilación de datos a escala nacional sobre el comportamiento electoral de los judíos alemanes, pero parto del firme principio de que el porcentaje de votantes de la AfD entre los judíos es superior a la media alemana. En los años posteriores a 2015, los funcionarios del Consejo Central y los presidentes de las comunidades (por ejemplo, en Friburgo, donde yo estudiaba en aquella época) ya se quejaban de que el porcentaje de votantes judíos a favor de la AfD rondaba el 30 %, mientras que la AfD nunca había superado el 18 % en las encuestas a nivel nacional. La razón principal por la que los judíos se inclinan ahora por los partidos de derecha, no solo en Alemania sino en toda Europa, es muy simple: el Gran Reemplazo, marcado esencialmente por una invasión musulmana, les afecta en primer lugar. Además, la izquierda política europea se ha alejado del Estado judío, mientras que la derecha política se ha ido acercando progresivamente a él.

 

Recientemente se celebró en Jerusalén un gran coloquio internacional sobre el antisemitismo, al que fueron invitados representantes de varios partidos «populistas» europeos, entre ellos Marion Maréchal y Jordan Bardella, por parte de Francia. La AfD no fue invitada. ¿Por qué motivo?

Fundada en 2013, la AfD es la benjamina de la familia de partidos de derecha europeos, en comparación con el RN y, sobre todo, con el Fidesz, y ha tenido poco tiempo para tejer lazos y demostrar su valía. Además, a diferencia de nuestros partidos hermanos, estamos obligados a una democracia interna, de conformidad con la ley alemana de asociaciones. Aquí son los tribunales de arbitraje los que deciden sobre las expulsiones del partido, lo que suele llevar años. Así, mucho antes de la AfD, fracasaron todos los intentos de crear partidos a la derecha de la CDU: en estas condiciones, es difícil mantener la higiene política, ya que la base tiene un poder excesivo. A esto se suma que, durante años, la AfD solo reclutó a miembros que no tenían nada que perder, mientras que los votantes cultos y socialmente establecidos dudaban en unirse a ella. Este fue el resultado de largos años de difamación, orquestada por instituciones estatales como los servicios de inteligencia interna.

El partido israelí en el poder, el Likud, al igual que la mayoría de los partidos de derecha europeos que, tras las escapadas de la última legislatura europea, ya no querían tolerar a la AfD dentro del grupo ID (ahora Patriotas de Europa) — están totalmente dispuestos a cooperar a largo plazo con la AfD, pero exigen que esta se profesionalice, en particular para ser menos vulnerable en caso de cooperación.

 

La población judía en Alemania es de aproximadamente 230.000 personas, de las cuales 140.000 no pertenecen a ninguna comunidad en particular. ¿Cuáles son las principales corrientes de pensamiento, pero también las principales familias espirituales entre las que se reparten los judíos de Alemania? ¿Cuáles son sus posiciones con respecto al Gobierno de Netanyahu? ¿Hay entre ustedes judíos antisionistas?

Aproximadamente el 80 % de los judíos que viven actualmente en Alemania llegaron de la Unión Soviética después de la década de 1990. Estos judíos postsoviéticos son en su mayoría laicos (ya que la práctica de cualquier religión estaba prácticamente prohibida en la Unión Soviética), pero apenas existía la Haskala [el movimiento de la Ilustración judía, N. de la R.] antes de la Revolución de Octubre.

A diferencia del movimiento reformista, muy extendido entre los judíos alemanes, que tiende a interpretar el judaísmo como una simple confesión religiosa (y que, por lo tanto, es susceptible de antisionismo), estos judíos lo consideran ante todo como un pueblo o una etnia. En Israel, donde han emigrado la mayoría de los judíos postsoviéticos, están firmemente arraigados en la derecha laica, junto a Lieberman o Netanyahu, y casi nunca en la izquierda. Los votantes de Lieberman, antirreligiosos, reprochan a Netanyahu su alianza con los haredim en materia de política social y educación, pero no cuestionan en absoluto su política exterior ni sus decisiones en materia de guerra.

Las simpatías políticas de los judíos deberían ser similares aquí. El hecho de que el Consejo Central siga aplicando una política tan orientada a la izquierda se debe a la flagrante infrarrepresentación de los judíos postsoviéticos en sus órganos: de los nueve miembros de la presidencia, solo dos son de origen postsoviético. Es cierto que, en principio, las juntas directivas de las asociaciones judías de la diáspora representan una selección negativa de nuestro pueblo, ya que los más arraigados llevan mucho tiempo en su propio Estado o están decididos a emigrar a él, por lo que no se comprometen con las estructuras asociativas de la diáspora.

 

De origen ucraniano, usted también es escritor y traductor. Su libro más reciente (Entartete Espritjuden und heroischer Zionisten. Jüdischer Nietzscheanismus in der Auseinadersetzung zwischen Theodor Lessing und Thomas Mann), dedicado a Theodor Lessing y Thomas Mann, habla extensamente del «nietzscheísmo judío» y del espíritu «heroico» de ciertas ramas del movimiento sionista. 

 

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