El nuevo centro… del mundo. Así es como siempre han empezado, y esta vez también, los grandes cambios que abren una nueva época. Una época en la que el mundo está hoy girando deprisa hacia gobiernos basados en la seguridad, el patriotismo y la defensa de la familia
La victoria electoral de Abelardo de la Espriella en Colombia es la enésima confirmación de una tendencia planetaria: lo que el sistema globalista estigmatiza con etiquetas como “extrema derecha” es, en realidad , el nuevo centro del tablero político, el regreso a los valores tradicionales con los que se identifican millones de votantes en todo el mundo (la terna “Dios, Patria y familia”, que da consistencia a la derecha). El carisma y la eficacia del presidente salvadoreño Nayib Bukele le han convertido en un icono admirado e imitado en muchos países. Por algo estamos ante el mandatario más querido por sus votantes (90% de apoyo) y el más odiado por los medios de comunicación del sistema. Lo que ayer sonaba como extrema derecha hoy aparece como de extrema necesidad a millones de ciudadanos.
Las subvenciones buenistas
Algún activista mediático a sueldo ha intentado hacernos creer que todo esto es consecuencia de la victoria de Milei en mayo de 2023, pero un fenómeno así de rotundo siempre responde a múltiples causas. Un factor que suele subestimarse es el desmantelamiento de USAID, el denso sistema de organizaciones sociales progresistas financiadas por Estados Unidos. Desde que Trump y Elon Musk lo cortaron de raíz, las siete elecciones celebradas en Hispanoamérica las ha ganado la “extrema derecha”: Kast en Chile, Fujimori en Perú, Noboa en Ecuador, Paz en Bolivia, Asfura en Honduras, Fernández en Costa Rica y De la Espriella en Colombia. Asusta imaginar cómo cambiaría Europa si se liquidasen todas las subvenciones buenistas de Bruselas diseñadas para fomentar la invasión migrante, alimentar el fantasma del apocalipsis climático y entronizar la ideología de género en detrimento de la institución familiar.
Lo que nuestros medios llaman “extrema derecha” era hace pocos años una anomalía con aura tercermundista, un sarampión exótico de pueblos de segundo orden como Hungría y El Salvador. Incluso se consideraba el trumpismo un vergonzoso paréntesis en la historia de Estados Unidos. Lo que hoy tenemos enfrente es un futuro inmediato en el que el ‘neofascismo’ puede arrasar en naciones tan centrales como Francia, Inglaterra y Alemania. En este último país, no es sólo que Alternativa por Alemania amplíe cada mes su ventaja frente a la tibia CDU, sino que ya se ha publicado el dato de que el partido de Alice Weidel es el favorito de las mujeres alemanas, como Agrupación Nacional lo es entre los homosexuales franceses. Dos nichos de voto tradicionales del progresismo están hartos de no poder pasear por sus barrios o estar tranquilos en las piscinas públicas, donde se sienten amenazados por la intolerancia islamista.
La política como misión divina
La derecha española tiene una doble misión cuando llegue a la Moncloa: gobernar un país en crisis a la vez que desmantela las espesas redes clientelares que deja el sanchismo (y que protegerán con un cuchillo entre los dientes desde la oposición). El Partido Popular no se puede permitir recaer en los cuatro años de siesta de Mariano Rajoy, que no cambió nada a pesar de una mayoría absoluta de once millones de votantes. Feijóo todavía no ha presentado un plan detallado sobre qué piensa hacer con cada institución, empresa semipública y medio de comunicación que ha colonizado el sanchismo y sus esbirros. Debería ser una de sus tareas más urgentes.
Termino con una posdata de carácter religioso: ayer circulaba por las redes una foto de Abelardo de la Espriella rezando el rosario en familia, nada menos que ocho personas, más de la mitad niños, todos concentrados en la oración, con una imagen de la virgen de fondo. Desde fuera, puede parecer una estampa excéntrica, incluso friki, pero resulta crucial para comprender el momento político. Hace un lustro, cuando José Antonio Kast perdió frente al progresista Gabriel Boric, hizo una declaración inquietante: “Nuestro proyecto es eterno, va más allá de las modas, siempre vamos a volver”, explicaba. Es justamente lo que ha ocurrido. Lo sabe hasta Álvaro García Linera, el mejor intelectual del socialismo del siglo XXI, que llegó a vicepresidente de Evo Morales y declaró que sus cuadros de izquierda preferidos eran los que se comportaban como jesuitas: de manera tan devota, moral y disciplinada como un misionero católico. Los valores tradicionales no se van a esfumar nunca. La ‘extrema derecha’ ha vuelto para quedarse un largo periodo de tiempo. Son el nuevo centro político.
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