Juanma Moreno recibiendo y agasajando al exdignatario socialista Felipe González

A Juanma Moreno le toca tragarse sus palabras

Las elecciones andaluzas celebradas este domingo han deparado interesantes lecciones. Veámoslas.

 


 

Con un 4% menos de votantes que en las anteriores elecciones andaluzas, habiéndose dejado cinco diputados en el camino y, sobre todo, no habiendo alcanzado la mayoría absoluta que le permitiría no depender de los votos de VOX, ahora no le toca más remedio a Juanma Moreno, presidente del PP y de la Junta de Andalucía, que tragarse las palabras que, haciendo gala de imprudente petulancia, ha ido desgranando contra VOX a lo largo de la campaña electoral:

“Un gobierno con VOX es un gobierno imposible.”

“Muchas de las propuestas de los otros partidos son o irreales o ilegales.”

“La prioridad nacional es un eslogan un poquito hueco.”

“Yo no tengo interés en un gobierno con VOX.”

Pues si no tiene ningún interés en gobernar con VOX, ahora no le quedará más remedio que tenerlo. ¿Qué otras posibilidades pueden latir, si no, en “el corazón ‘ansín’ de grande” de este hombre dispuesto a acoger y dar prioridad a cuanto inmigrante toque el suelo andaluz?

Sólo le quedan a don Juanma y al PP otras dos posibilidades.

Una: convocar nuevas elecciones. En ellas, o bien se reproduciría el mismo mapa electoral, o bien el electorado —harto de que le aburran sometiéndolo rutinariamente a la misma pantomima— aún daría menos su voto a los designios peperos.

La otra posibilidad sería recurrir a las bondades de… “el PSOE bueno”: ese fantasma al que se aferra una parte del PP y, en particular, Juanma Moreno, quien estos últimos tiempos se ha dedicado a hacerle todo tipo de carantoñas al expresidente socialista Felipe González.

 

España y el cordón sanitario contra VOX

Basta, obviamente, con enunciar esta última posibilidad para darse cuenta de lo imposible que resulta. En España, el fantasma de la “grosse Koalition” entre liberal-derechistas y liberal-socialistas no es más que eso: un fantasma, una loca insensatez que sólo puede anidar en la mente calenturienta de un Juanma Moreno Bonilla.

¿Por qué ello es así? ¿Por qué las fuerzas del Régimen no dejan de pelearse entre sí y se alían para combatir a su enemigo común? ¿Por qué no cuaja entre nosotros el “cordón sanitario” que en tantos países (Francia, Alemania, Austria…) permite (o ha permitido, pues parece estar resquebrajándose) que los biempensantes dominen el país sin que éste se vea contaminado por el virus de quienes ansiamos un orden distinto del mundo?

Muchos años antes de que se vislumbrara siquiera el surgimiento de una fuerza antisistema como VOX, la piedra angular de la Transición consistió precisamente en eso: en instaurar, si no una coalición gubernamental, sí un eficaz entendimiento entre la derecha liberal y la izquierda de igual signo. Haciendo suyas las ideas básicas del izquierdismo progre, el Partido denominado Popular siempre se ha mantenido, ¡incluso hoy!, fiel al pacto por el que se instauró el Régimen del 78. Pero los otros no. El Partido calificado de ‘socialista’, ‘obrero’ y ‘español’, se mantuvo fiel, más o menos a regañadientes, durante los primeros años. Pero la entente se acabó y de nada le sirvió al PP su docilidad de buey manso cuando el PSOE rompió la baraja y, por obra y gracia de Zapatero primero y de Sánchez después, declaró abierta la guerra.

De modo que tampoco le queda a Juanma Moreno la posibilidad de encamarse con ningún fantasmagórico “PSOE bueno”. ¿Qué hacer, entonces, qué hacer?, debe de estar preguntándose el pobre hombre.

Lo más probable es que acabe haciendo lo único posible y que tanto asco le da: gobernar con VOX. Ahora bien, ¿cuánto tiempo permanecerá fiel a las condiciones que VOX le impondrá?

Supongamos que el PP acabe aceptando la prioridad nacional para los andaluces; supongamos que suprima o limite las subvenciones a sindicatos, ONGs y chiringuitos varios; imaginemos incluso que, dejando sangrar su corazón “ansín  de  grande”, Juanma Moreno ponga puertas (algunas al menos) a la invasión migratoria. Supongamos todo ello (y otras medidas, como impedir al máximo la aplicación de Mercosur al campo andaluz) y preguntémonos: ¿durante cuánto tiempo se mantendrá el PP  fiel a lo acordado? ¿Cuándo romperá los pactos? ¿Cuándo se verá VOX obligado a dejar el gobierno? He ahí, obviamente, otra cuestión.

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