Anteayer le tocó el turno a Alemania. Sí, los tan eficientes y competentes alemanes estuvieron a un tris de sufrir un apagón eléctrico tan colosal como el que paralizó a España entera hace casi un año. Fue por culpa de lo mismo: de las energías renovables y, en particular, de la eólica. Más allá de Alemania, la situación se extendió incluso a importantes regiones de Europa central (la gran zona ENTSO-E/UCTE), en cuya red eléctrica sincronizada saltó por primera vez en la historia la Alerta de Nivel 5, la más grave de todas, la que se activa inmediatamente antes de que todo se oscurezca y se paralice.
Consiguieron detener el apagón por puro milagro. Afortunadamente. Si no, la catástrofe habría sido mucho peor que la que conocimos nosotros, cuando nos quedamos con un país colapsado en pleno día, pero no sumido en las tinieblas. Y en las tinieblas se habría encontrado Alemania cuando a las 22:00 horas, en sólo 62 segundos, se perdieron unos 3.200 MW, lo que provocó una caída de 193 MHz en la frecuencia de toda la red de Europa continental.
¿Y por qué?
Porque los aerogeneradores (vulgo, los putos molinos que, encima, destrozan el paisaje) tienen la particularidad de ser ruidosos, de modo a las 22:00 h (los alemanes se acuestan pronto) se apagan todos los molinos para preservar, cosa comprensible, el sueño del personal. El apagado es abrupto y totalmente sincronizado: todos los molinos dejan de funcionar a la vez y a las diez en punto de la noche. Ello genera un déficit repentino de varios gigavatios de potencia en pocos segundos, sin que este déficit lo pueda cubrir la inexistente… y silenciosa energía nuclear («Qué error, ach!, fue deshacernos de ella», lloriquea ahora la Úrsula).

Nada de lo ocurrido constituyó, sin embargo, novedad alguna, pues los operadores alemanes (como Amprion) ya lo habían advertido y documentado en años anteriores. En realidad, cuando hay mucha eólica en funcionamiento, sucede casi cada día a las diez en punto de la noche, pero esta vez resultó especialmente grave.
Ah, por cierto. ¿Se habían enterado ya del asunto, estimados lectores de EL MANIFIESTO? ¿Les había llegado al menos algún rumor sobre esta noticia? ¿En radios, televisiones y periódicos oficiales alguien ha dicho algo acerca de los inmensos riesgos que anteayer se corrieron en Europa central y, mañana, en cualquier otro lugar? No, claro que no. Más vale, piensan ellos, no chistar ni media palabra; no se nos vaya a acoquinar y soliviantar el personal, que bastante alterado lo tenemos ya.



















