Si usted, amigo lector, nota que cada vez le cuesta más llegar a final de mes, si constata que ya no se puede permitir algunas de las pequeñas cosas que, hace un tiempo, le alegraban la vida, no se diga que es por culpa de la Economía (y de su “Mano Invisible”, que decía aquél), o que se debe a la mala gestión de unos gobernantes incompetentes y depravadamente corruptos. Por supuesto que la incompetencia y la corrupción existen, y a mansalva; pero dígase también que, si existen y en estos grados, no es por casualidad ni porque así lo hayan decidido los hados. Si nos ahoga tanto la “precariedad” (como dicen para no tener que decir “la pobreza”, palabra malsonante y dura de roer), es porque, por debajo de la incompetencia y del robo a manos llenas, late otra cosa, y ésta es, como nos explica seguidamente Fernando Paz, “la planeada ruina de las clases medias”.


















