La maquinaria que separa familias: cómo funciona el sistema de tutela en España

Compartir:

En España hay alrededor de 52.000 menores bajo medidas de protección. El número lleva años sin moverse demasiado, y eso no es una buena señal: indica un sistema que abre expedientes sin dificultad pero que casi nunca da marcha atrás. Más de 17.000 niños y adolescentes viven en centros residenciales, aunque la ley dice que el acogimiento familiar tendría que ser la primera opción.

Detrás de esa cifra caben historias muy distintas: bebés que han pasado sus primeros meses en una institución, adolescentes sin ningún tipo de apoyo psicológico, niños separados de sus familias por no llegar a fin de mes, conflictos escolares que nadie gestionó, problemas de salud mental que quedaron sin atención, y también menores extranjeros que llegaron solos. Los datos por comunidades muestran que miles de estos niños son españoles y de origen español. Lo que determina el recorrido de un expediente no es de dónde viene un menor, sino cómo funciona la maquinaria que lo recibe.

 

Cuando un problema escolar termina activando la tutela

En Cataluña hay un patrón que se repite y que llama la atención: expedientes que no arrancan en casa, sino en el colegio. El caso de “Josep” lo ilustra bien. Años de acoso escolar sin que el centro hiciera nada terminaron con una retirada de tutela que no iba dirigida a los agresores, sino a su madre. En Esplugues, un chico con autolesiones provocadas por el bullying acabó en un proceso de valoración de desamparo porque el instituto había mirado hacia otro lado.

Los defensores del pueblo llevan tiempo señalando lo mismo: cuando educación o sanidad no actúan, el sistema de protección acaba tapando esos agujeros, aunque no sea ese su cometido.

 

Una maquinaria que avanza sin revisión suficiente

La mayoría de los menores tutelados son adolescentes. Los institutos derivan hacia servicios sociales cualquier cosa que no saben cómo manejar: una crisis de ansiedad, absentismo, una pelea que se fue de las manos. Los servicios sociales, que van con el agua al cuello, activan protocolos que luego se sostienen casi exclusivamente sobre informes técnicos. Y esos informes son extraordinariamente difíciles de revertir, incluso cuando la situación que los originó ha cambiado por completo.

La guarda voluntaria es otro problema. Está pensada como un apoyo temporal, una manera de ayudar a una familia en un momento complicado. Pero termina usándose como argumento para justificar el desamparo. Una sentencia de la Audiencia Provincial de Valencia anuló un expediente precisamente porque nadie le había explicado bien a la familia lo que estaba firmando: lo que les presentaron como un respiro acabó siendo la puerta de entrada a una retirada de tutela.

 

Baleares: menores tuteladas y prostituidas

 

 

 

Baleares fue donde el sistema mostró su peor versión. Menores tuteladas prostituidas. Adolescentes embarazadas bajo guarda pública. Abusos que se repitieron durante años sin que nadie interviniera. Coordinación inexistente entre centros y servicios sociales. La Fiscalía reconoció al menos 16 casos verificados de abusos entre 2016 y 2019.

El escándalo fue mayúsculo. El Parlament rechazó investigarlo. En el Congreso se bloquearon las comisiones de investigación con votos del PSOE y Podemos. El Parlamento Europeo llegó a mencionar esa falta de investigación en un documento interno. Lo que quedó en evidencia es algo que familias y profesionales del sector repiten hace años: cuando el sistema falla, no hay nadie que lo haga rendir cuentas.

 

Cataluña: una estructura que no cambia gobierne quien gobierne

La DGAIA gestiona una de las redes de protección más grandes del Estado. El Síndic de Greuges lleva años señalando los mismos fallos: medidas que se alargan más de lo razonable, seguimiento que no existe, familias que no pintan nada en el proceso y una externalización tan extensa que hace casi imposible saber qué pasa dentro.

Los números no cambian con PSC, con ERC ni con los gobiernos nacionalistas. ERC votó en varias ocasiones contra la creación de comisiones de investigación sobre la DGAIA, algo que queda recogido en el Diari de Sessions. La estructura se perpetúa porque no tiene ningún incentivo real para transformarse.

 

El negocio de la tutela: incentivos, plazas y dinero en juego

Tener a un menor en un centro residencial cuesta entre 3.000 y 6.000 euros al mes. Con más de 17.000 menores en esa situación, el volumen de dinero que mueve el sistema cada año es enorme. Gran parte de ese dinero va a fundaciones, cooperativas y empresas privadas a través de contratos que casi nunca se auditan.

La lógica de fondo es que: más plazas ocupadas significan más ingresos. Ampliar un centro justifica más presupuesto. Las plazas para menores extranjeros no acompañados atraen además financiación europea y estatal específica. Y cerrar un centro implica despidos, pérdida de subvenciones y un conflicto que nadie quiere. El sistema tiene todos los incentivos para crecer y ninguno para reducirse.

 

Cuando denunciar no protege

Hay un patrón que aparece una y otra vez en testimonios recogidos en distintas comunidades. Mujeres que, en un momento de crisis económica o personal, recibieron la recomendación de denunciar a su pareja por violencia de género. No siempre porque hubiera una situación clara de maltrato, sino como llave para acceder a ayudas, a una vivienda de emergencia, a cualquier recurso cuando no había otra salida a la vista.

Para muchas de ellas, ese fue el momento en que todo se torció sin vuelta atrás. La denuncia quedó registrada aunque se archivara. Y una vez dentro del expediente, ese registro se convirtió en prueba de inestabilidad familiar, en señal de conflicto, en argumento contra su capacidad como madres. Lo que hicieron buscando protección para ellas y para sus hijos terminó usándose para justificar precisamente lo contrario.

El CGPJ y el Defensor del Pueblo han advertido que la simple existencia de conflicto familiar, aunque no haya condena ni siquiera proceso penal abierto, puede llevar a la Administración a considerar que los menores corren riesgo. Ese criterio, cuando se aplica de forma mecánica y sin contexto, ha atrapado a muchas madres en una situación de la que resulta casi imposible salir.

 

Voces desde dentro del sistema

En muchos expedientes, decisiones tomadas a toda prisa y sin escuchar a todas las partes acaban consolidándose a favor de uno de los progenitores, a veces sin que haya ni siquiera sentencia. Los informes mandan. Los procedimientos se cierran sobre sí mismos. Y la familia que queda fuera entra en una espiral que tiene muy pocas salidas.

 

Dos historias reales concretas ayudan a entender lo que eso significa en la práctica

 

Mariem (Esplugues de Llobregat)

Mariem tenía una vida ordenada: había cursado un FP de Administración, trabajaba, tenía ingresos propios. El punto de quiebre llegó con la separación del padre de su hijo menor, un hombre con un historial serio de adicciones.

A partir de ahí empezaron las presiones para que firmara la entrega voluntaria de uno de sus hijos. Se negó. Después le ofrecieron ayudas económicas que, según ella, estaban pensadas para ser usadas después como demostración de que no podía salir adelante sola. No es un caso aislado: en otros testimonios aparece exactamente el mismo mecanismo, aceptar ayuda como trampa.

Los informes empezaron a pintarla como inestable, como conflictiva. Ella no tenía acceso completo a su propio expediente. Su expareja, según cuenta, sí. Hubo juicios a los que no la citaron, decisiones tomadas sin escucharla, valoraciones construidas sobre una sola versión.

Cuando denunció que la nueva pareja de su ex maltrataba a su hijo, el foco de la intervención se giró hacia ella. Cuando denunció bullying escolar, ocurrió lo mismo. Perdió temporalmente a su hija. Vivió visitas sin avisar, golpes en la puerta, intentos de entrar en su casa sin orden judicial, notificaciones que no llegaban, un desfile de abogados que no conseguían avanzar nada.

El 21 de octubre presentó una querella criminal. Llevaba audios y vídeos. Hoy sigue defendiendo a su hijo menor ante la amenaza de una nueva retirada.

Lo que dice resume años de lucha: “Cuando un informe cuenta algo que no es real, ya no puedes cambiarlo.”

 

Nieves (Córdoba)

Nieves dirigía un servicio de seguridad privada. Tenía estabilidad económica y una vida construida. Durante el estado de alarma, su exmarido se llevó a sus hijos. Una jueza ordenó que devolviera a uno de ellos. La orden no se cumplió.

Cada denuncia que interpuso fue leída como una muestra de conflictividad. Intentar recoger a su hijo en el colegio se interpretó como una situación de riesgo. Al final, el padre se quedó con la tutela de todos, incluido el hijo que no era biológicamente suyo.

Hoy no sabe dónde están sus hijos. Ha pasado por más de una docena de abogados. Nada ha cambiado.

 

Por qué nada cambia

El sistema se sostiene sobre varias patas que se refuerzan entre sí: el dinero que mueven las plazas y los contratos, una burocracia que tiene más inercia que voluntad de revisarse, la ausencia de auditorías independientes, unos juzgados de familia completamente saturados, la falta crónica de recursos en salud mental y una dependencia casi absoluta de los informes técnicos como única verdad válida. Con ese andamiaje, entrar en el sistema es sencillo. Salir es otra historia.

El sistema español de protección de menores actúa rápido cuando decide intervenir. Corrige despacio, con mucha dificultad, y casi siempre tarde. Funciona en una opacidad técnica que lo hace prácticamente impermeable desde fuera, y afecta tanto a familias que estaban al límite como a familias que simplemente atravesaban un momento malo.

Las historias de Mariem y Nieves, junto con lo que salió a la luz en Baleares y los patrones que se repiten en varias comunidades, revelan algo que no es fácil de ignorar: hay un engranaje institucional que puede moverse con más fuerza que la capacidad de cualquier familia para plantarle cara.

© Primera Frontera

¡Conozca a fondo nuestra revista!
Reciba una muestra GRATIS
Clic aquí


Suscríbase

Reciba El Manifiesto cada día en su correo

Destacado

Lo más leído

Temas de interés

Compartir este artículo

Confirma tu correo

Para empezar a recibir nuestras actualizaciones y novedades, necesitamos confirmar su dirección de correo electrónico.
📩 Por favor, haga clic en el enlace que le acabamos de enviar a su email.