Compartir:

Cuando los servicios de EE. UU. lanzaban programas de control climático

Los programas de control climático los lanzaban en los años 60 del pasado siglo, eso está probado. Pero ¿los siguen lanzando o van a lanzarlos de nuevo? That is the question, que diría quién sabemos.

 


 

En abril de 2025, durante un foro público moderado por el antiguo psicólogo y presentador de televisión, el Dr. Phil McGraw, el ministro de Sanidad estadounidense, Robert F. Kennedy Jr., abordó el tema. Al mencionar públicamente a la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa (DARPA), organismo de investigación y desarrollo del Ministerio de Defensa de Estados Unidos, el ministro señaló a esta última como responsable de la dispersión de sustancias químicas en la atmósfera, las famosas «chemtrails»: «Haré todo lo que esté en mi mano para poner fin a esto. Voy a descubrir quiénes son los responsables y les haré rendir cuentas».

A modo de recordatorio, estas «chemtrails» son esas líneas blancas y persistentes que a veces se pueden ver sobre nuestras cabezas.

Ante estas contundentes declaraciones, un informe de la CIA, anteriormente clasificado como «ultrasecreto», ha revelado en detalle los planes de Estados Unidos (se remontan a la década de 1960) destinados a manipular el clima. Algunos «conspiranoicos», muy al tanto de este tipo de rumores en Internet, se frotan las manos, quizá con demasiada precipitación.

 

¿Una guerra climática?

Estos documentos, desclasificados en 2003, abordan el controvertido tema de la modificación del clima. Una táctica que consiste en lanzar cohetes o utilizar aviones para verter en la atmósfera sustancias químicas destinadas a modificar el clima y los sistemas de tormentas locales. Aunque estos documentos, que datan de 1965 y han salido a la luz recientemente, no mencionan los productos químicos específicos utilizados en los experimentos, sí estipulan la necesidad de aumentar la financiación de los proyectos de modificación del clima, que pronto se utilizarían como arma de guerra.

De hecho, estas notas indican que la financiación federal de este programa secreto debía cuadruplicarse en 1967 —el mismo año en que Estados Unidos comenzó a rociar sustancias tóxicas sobre Vietnam con el fin de provocar inundaciones y deslizamientos de tierras—. Un programa meteorológico conocido como Proyecto Popeye. En un memorándum fechado el 13 de enero de 1967, esta arma meteorológica se describe de forma muy explícita: «sembrar» las nubes para aumentar las precipitaciones sobre determinadas zonas del norte de Vietnam y, sobre todo, de Laos, con el objetivo de dejar intransitables las pistas y carreteras de la red de la Ruta Ho Chi Minh.

Este informe de 18 páginas ha sido difundido recientemente por los partidarios de las teorías conspiranoicas, varios años después de haber sido depositados discretamente en los archivos públicos de la CIA; incluye, en particular, una carta del presidente Lyndon B. Johnson en la que elogia esta operación clasificada como secreto de Estado. El apoyo prestado por el entonces presidente estadounidense al proyecto de modificación climática de la CIA se produjo apenas tres años después de que éste pronunciara un discurso sobre el futuro de Estados Unidos y sobre los trabajos destinados a crear «satélites meteorológicos» capaces de intensificar las tormentas.

Durante su discurso de graduación en la Southwest Texas State University en mayo de 1962, Johnson, entonces vicepresidente, anunciaba: «Quien controle el clima controlará el mundo». Apenas 18 meses después de pronunciar este discurso en el que instaba a Estados Unidos a controlar el clima, Johnson se convirtió en el 36.º presidente y supervisó dos proyectos tristemente célebres destinados a la manipulación climatológica: el proyecto «Stormfury» y el proyecto «Popeye».

A raíz de este discurso, los archivos revelaron que ya en 1965 estaban en marcha auténticos programas gubernamentales, como el proyecto «Stormfury», que consistía en enviar aviones al centro de los huracanes para dispersar allí un agente refrigerante denominado yoduro de plata, con el objetivo de debilitar las tormentas alterando su estructura interna. La carta de Johnson, incluida en el informe de la CIA —que ha sido objeto de gran atención— y fechada en septiembre de ese mismo año, menciona específicamente el huracán Betsy, que había tocado tierra en Luisiana como una gran tormenta de categoría 4. Esta carta del presidente se produjo a raíz de un informe del entonces secretario de Comercio, John T. Connor, sobre los servicios meteorológicos, en el que se recomendaba, entre otras cosas, impulsar la investigación sobre el clima. El informe de Connor mencionaba explícitamente la posibilidad futura de modificar las condiciones meteorológicas, incluida la atenuación de los huracanes.

 

Las estelas celestes o “cheamtrails” que tantas veces hemos visto (ya en el cielo, ya denunciadas en las Redes Sociales)

 

Investigaciones que darían lugar al famoso proyecto Popeye, utilizado contra las líneas de abastecimiento enemigas durante la guerra de Vietnam con el fin de prolongar artificialmente la temporada del monzón en dicho país. El entonces secretario de Defensa, Robert McNamara, describió el proyecto como un experimento operativo clandestino y, por supuesto, de máximo secreto.

Los responsables de los servicios de inteligencia también destacaron que contaban con el apoyo total de Johnson, quien estaba decidido a contrarrestar los esfuerzos de la Unión Soviética por controlar el clima, en un momento en que las tensiones mundiales se intensificaban. Con cautela, el Gobierno norteamericano siempre ha afirmado que la «modificación del clima» sólo se había utilizado para mitigar la violencia de las tormentas y provocar precipitaciones en las regiones afectadas por la sequía.

 

¿Son sólo simples líneas blancas en el cielo?

Sin embargo, los partidarios de las teorías conspiranoicas que difunden estos documentos han acusado a la CIA de utilizar estos proyectos para mantener al mundo bajo la dependencia de los gobiernos, convirtiendo las tormentas en armas de guerra, bloqueando la luz del sol y envenenando las reservas alimentarias con el fin de enfermar deliberadamente a la población. Estas acusaciones se centran principalmente en las famosas «chemtrails», esas estelas blancas que se ven salir de los aviones que vuelan a gran altitud en días despejados y que parecen extenderse y disiparse muy lentamente.

Ante estas revelaciones sobre las iniciativas gubernamentales en materia de modificación climática, los partidarios de las teorías conspiranoicas proclaman a los cuatro vientos que estas estelas contienen, efectivamente, una gran cantidad de productos químicos peligrosos que pulverizados por aviones militares y de línea sobre ciudades densamente pobladas.

Ésta es la tesis que defiende Dane Wigington, investigador independiente sobre geoingeniería y modificaciones climáticas, pero también un enérgico activista, que sostiene con firmeza que las estelas persistentes que dejan algunos aviones son señal de dispersiones intencionadas de aerosoles destinadas a modificar el clima. Wigington sostiene que la teoría conspiranoica sobre las «chemtrails» no solo era cierta, sino que, de hecho, había comprometido la capacidad de la Tierra para superar de forma natural la contaminación causada por el ser humano. Además, cada vez son más los estadounidenses que, desde hace varios años, consideran que la sequía en California es una «conspiración» del Gobierno.

Dane Wigington ha reafirmado recientemente su tesis durante su participación en el pódcast de la estrella conservadora de Internet, Tucker Carlson, cuyo perfil puede consultarse en la página web de OJIM.

La gran mayoría de los científicos refuta desde hace tiempo esta teoría. Según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), la NASA y las autoridades meteorológicas, las estelas de condensación habituales se forman cuando el vapor de agua procedente de los motores de los aviones se condensa y, a continuación, se congela al entrar en contacto con el aire frío a gran altitud. Su persistencia depende, en particular, de la humedad atmosférica: algunas desaparecen rápidamente, mientras que otras se extienden y pueden formar nubes de tipo cirro.

A pesar de esta descabellada teoría sobre los vapores tóxicos, sigue planteándose una pregunta: si un Gobierno estadounidense fue capaz de desarrollar un arma de guerra meteorológica durante la guerra de Vietnam, ¿es capaz de modificar el clima en la actualidad?

© Éléments

¡Échele un ojo!
No se pierda la más
apasionante revista cultural


Más artículos de François-Xavier Consoli

Suscríbase

Reciba El Manifiesto cada día en su correo

Destacado

Lo más leído

Temas de interés

Compartir este artículo

Confirma tu correo

Para empezar a recibir nuestras actualizaciones y novedades, necesitamos confirmar su dirección de correo electrónico.
📩 Por favor, haga clic en el enlace que le acabamos de enviar a su email.

Suscríbase a nuestro
Boletín de Noticias

Reciba El Manifiesto cada día en su correo