Lo más grande es que no parece humor

El diario secreto de Zapatero, II

Elmanifiesto.com empieza hoy a publicar la segunda parte de El diario secreto de ZP, la crónica donde Jesús María Amilibia, en clave de humor, imagina el mundo interior del presidente del Gobierno. La primera parte, recientemente editada en libro por Áltera, ya ha adquirido notoriedad por la censura a la que ha sido sometida. Esta segunda entrega, exclusiva para nuestro periódico, no será menos corrosiva… ni menos certera. Así empieza este segundo Diario secreto de ZP.

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J.M. AMILIBIA 

4 de julio

Después de mi habitual hora de yoga y de una sesión especial de cuencos tibetanos y de una relectura de El Arte de la Guerra, de Sun  Tzu, decidí que ya estaba preparado para el Debate sobre el Estado de la Nación. A mí no me gusta nada la confrontación, la competición, que si ha ganado éste, que si ha ganado el otro… Creo, como dice un taoísta medieval, que “vencer a los ejércitos ajenos sin luchar es la mejor de las habilidades”. Soy tan pacifista, estoy tan lleno de talante, tan sobrado de sonrisas… Pero no soy blando, como creen muchos, incluida mi señora. Como dice Lao-Tsé, maestro del Zen, “en el mundo nada hay más sumiso y débil que el agua, pero atacando aquello que es duro y fuerte, nada puede superarla”. Yo soy el agua, aunque me costaría decirlo en Murcia o en Valencia. Sonsoles me animó a la batalla: 

- Déjate del Tao, el Zen y esas leches y dale donde más le duele… Haz lo que él no puede hacer.

- ¿Cincuenta flexiones antes de desayunar? ¿Coger el avión presidencial para irnos de rebajas a Harrods?

- No. Dar. Tú tienes la caja fuerte, él no. Regala algo al personal… Muestra tu magnanimidad.

Consulté a Solbes: podemos dar 2.500 euros por hijo antes de que estalle la burbuja inmobiliaria y se dispare la inflación. Sé que se quejarán por discriminación los gays, las lesbianas, los transexuales e incluso el clero, que es capaz de pedir una billonada para su Dios porque al fin y al cabo todos somos hijos de Él, pero qué le vamos a hacer. Como dice mi maestro Zhang Yu, nunca llueve a gusto de todos, sobre todo de los que han salido de casa sin paraguas. “Para seguir progresando —he dicho— España necesita más niños”. Necesito más inocencia en el país: al fin y al cabo, ¿qué es la política más que la representación de un cuento? En el Congreso volveré a ser “ZP en el país de las maravillas”. A la gente le encanta, lo sé, y eso que no todos ven conejos corriendo por su jardín, como yo. 

Llamé a Mariano (Rajoy) antes de que nos viésemos en el Congreso:

- Como los medios ya han publicado con tanta exactitud todo lo que vamos a decir, ¿por qué no nos fumamos tranquilamente un puro y pasamos de debates?

- Ya no me engañas más, Zetapé. La última vez me dijiste que tenías cohibas y eran dominicanos... 

Como odio tanto la guerra, la confrontación, también le propuse que en vez de un minuto de silencio, hiciésemos 24 horas de silencio en homenaje a las víctimas del terrorismo. Tampoco quiso. Estaba claro que quería darme con el martillo del Proceso de Paz en la cabeza. Qué duro. Ah, cómo es la derecha… Echo de menos una oposición como la afición del Liverpool: “Nunca caminarás solo”.

“O nos muestra las actas de reuniones con ETA para mostrar su inocencia o debe tomar el camino de la Zarzuela”, me dijo luego Mariano en el Debate. Yo el único camino que sigo es el del Tao. ¿Y de qué actas hablará? ¿Pero es que hay actas? Tengo que preguntarle a Alfredo (Pérez Rubalcaba). Ya en la Moncloa le pregunté a Moraleda por los resultados del Debate: 

- ¿Quién crees que ha ganado?

- Tú, presidente, claramente. Pero ya sabes que esto es como las elecciones : la derecha dirá que ha ganado y la izquierda, lo mismo. Ganan todos.

- ¿Y los nacionalistas, qué dirán los nacionalistas?

- Eso ya depende de los Presupuestos Generales del Estado. 

Era un Debate para buscar la verdad, decían. “El que por la mañana ha conocido la verdad, ya puede morir por la tarde”, dijo Confucio. No creo que ni Mariano ni yo estuviéramos muy dispuestos a morir por la tarde. Ni al día siguiente. De todas formas, le he preguntado a mi maestro Zhang Yu:

- ¿Dónde está la verdad, maestro?

- Como siempre : al fondo a mano derecha…

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