Quiebran las principales granjas de insectos para producir carne artificial

Corren malos tiempos para los ideólogos y empresarios que, animados por la ideología woke y el cambio climático, intentaban hacernos comer carne fabricada a base de insectos. No hay nada que hacer: la gente es demasiado facha y se niega a comulgar con tales ruedas de molino, de modo que las vacas seguirán pastando por montes y prados, echándose pedos e incrementando con ellos —pretenden los ideólogos climáticos— el calentamiento global.

 


 

La startup francesa Ÿnsect, referente europeo en la producción de proteína a partir de insectos, ha entrado en liquidación judicial tras años de pérdidas y una inversión millonaria pública y privada que no logró traducirse en un negocio rentable. La caída de Ÿnsect supone el final abrupto de uno de los proyectos más ambiciosos de la industria alimentaria alternativa en Europa. Pese a un respaldo económico sin precedentes y a una potente narrativa ligada a la sostenibilidad, la empresa no consiguió consolidar un modelo viable en un mercado.

A dicha quiebra se suman otras.

Mientras la carne vacuna de verdad asiste a un escenario de demanda sostenida y precios en alza, sus “sucedáneos” se arriman a una muerte anunciada. Además de la francesa Ynsect, también ha tenido que cerrar sus puertas la  holandesa Meatable. Fundada en 2018, la empresa utilizaba una cepa específica de células madre pluripotentes para producir salchichas y albóndigas de cerdo mediante un sistema que aceleraba la conversión en grasa y músculo.

Su quiebra se produce tras el cierre de la compañía estadounidense Believer Meats, la startup que acababa de obtener la aprobación final del gobierno norteamericano para lo que se presentaba como la planta de carne artificial más grande del mundo, un complejo de 125 millones de dólares en Carolina del Norte.

Y si todo ello fuera poco, hay también las crecientes dificultades de la empresa multinacional de carne sintética de Bill Gates, que en 2025 ha experimentado una caída en Bolsa de un 77%, lo cual confirma que el experimento no está funcionando. De hecho no ha convencido ni a consumidores ni a inversores de las bondades de sus productos, y los resultados son coherentes con esa realidad.

Para colmo, hace unos días los gobiernos de Hungría e Italia prohibieron explícitamente la comercialización de carne cultivada en laboratorio, amparándose en la defensa de su tradición gastronómica y de su sector agroalimentario. “Nuestra tierra es fértil, nuestro ganado está sano y nuestra gente es la prioridad. No vamos a envenenar a los húngaros con carne falsa”, explicó a los medios el primer ministro húngaro, Víctor Orbán.

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