No hay mal que por bien no venga, decía el Caudillo, y hoy podemos decir nosotros, pensando en la invasión de Ceuta y en la respuesta masiva, abrumadora, que el pueblo español ha dado este miércoles 2 de septiembre, concentrándose, abarrotando calles y plazas de un extremo al otro del país.
Al igual que en 2017, cuando los secesionistas catalanes dieron su golpe de Estado con el fin de desgajar Cataluña de la patria común, nuestro pueblo ha reaccionado ante la invasión marroquí como un solo hombre.
Este pueblo que por lo general se muestra tan indolente, tan apático, tan desprovisto de nervio vital; este pueblo en cuya alma han hecho mella las tretas de quienes consideran que «la nación es un concepto discutido y discutible», como decía el de las joyas y la mina de oro en Venezuela; este pueblo que, renegando de su identidad y de su sustancia, parece estar a punto de despeñarse por el vacío, resulta que, cuando llegan las grandes ocasiones, los momentos clave ben los que todo se juega, entonces va y reacciona, se rebrinca como el toro que ha recibido en sus carnes un puyazo certero.
¿Será suficiente la actual reacción?
No lo sabemos. Igual puede ser flor de un día que se mustie conforme vaya pasando el tiempo, todo quede podrido y estancado, el cansancio haga mella y decaiga la emoción ahora enardecida. O no. Igual el ataque de Marruecos, sumado a la agresión permanente que constituye la invasión migratoria en la propia península, hace que, picado en lo más hondo, nuestro pueblo demuestre que aún tiene redaños y no está dispuesto a arrodillarse ni ante el enemigo exterior ni ante sus cómplices del interior.
Pero ¿cómo, de qué manera puede vencerse el ingente peso de todo el tinglado que cincuenta años de abyección han alzado para lograr que ésta se mantenga?
Todo dependerá de cómo se desarrollen los acontecimientos en los próximos meses, que van a ser álgidos, incandescentes al extremo.
Todo dependerá de si se ahondan o no las grietas que ya han aparecido en el Partido Socialista, una parte de cuyos alcaldes se negaron ayer mismo a cumplir las órdenes de Ferraz de privar a Ceuta del apoyo de la calle.
Todo dependerá de cómo se desarrolle el escenario judicial relativo a los latrocinios socialistas.
Todo dependerá igualmente de en qué medida se desvelen, o no, los secretos que el programa Pegasus captó en el móvil de Sánchez (el periódico francés France-Soir decía hace unos días que Mohamed lo tiene pillado por datos que demuestran la implicación del Partido Socialista en la masacre de Atocha).
Todo dependerá también, pasando al otro lado, de si el Partido mal llamado Popular, prosiguiendo con sus sempiternas tibiezas y pusilanimidades, lanza, o no, una cuerda a los socialistas para ayudarles a salir de la pocilga en la que, empantanados, están ahogándose.
Y todo dependerá, en últimas, de lo más importante que está en juego. Todo dependerá de cómo se incrementa, o no, la fuerza de la gran revuelta nacional y popular que sólo VOX es capaz de dirigir.
Todo dependerá, con otras palabras, del resultado de las elecciones que el sátrapa nunca adelantará antes de su plazo máximo dentro de un año, suponiendo… que las convoque y no dé un golpe de Estado —dde todo es capaz ese hombre— para eternizarse en el poder.
Lo cual, si sucediera, nos abriría a una situación radicalmente distinta y que requeriría, ni que decir tiene, una actuación totalmente distinta.
Un repaso a las manifestaciones en las principales ciudades de toda España
Para acabar con la invasión (en Ceuta o donde sea),
la REMIGRACIÓN se impone
♦ Pero ¿en qué consiste?
♦ ¿Cómo hacerlo con tal masa de gente?
Es lo que se debate en ÉLÉMENTS-EL MANIFIESTO
Siga, junto con muchas otras cosas,
el gran tema en el que nos jugamos el futuro





















