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Va en aumento el éxito de FUTURO NAZIONALE, el nuevo partido identitario

Le crecen los enanos a Georgia Meloni

Como ya sabrán los lectores de EL MANIFIESTO (y si no lo saben, se lo comunicamos), el pasado febrero se fundó en Italia un nuevo partido cuya radicalidad identitaria y nacional es, a la vista de sus proclamas, acciones y objetivos, mucho mayor que la de la Georgia Meloni que, renegando de cuanto había prometido, ha acabado resultando otanista[1] y pro-UE.

El partido se llama Futuro Nazionale y lo lidera el general Roberto Vannacci, el segundo hombre de la Lega, el partido de Salvini que, aparte de experimentar una creciente pérdida de electores potenciales, se ve ahora sumido en las dificultades que entraña tal ruptura.

Pese al escaso tiempo que lleva en liza, los sondeos indican una creciente popularidad (un 8%) para Roberto Vanacci y su partido. El dilema que ahora se le presenta a la actual coalición gubernamental (Fratelli d’Italia, La Lega y Forza Italia, el partido del difunto Berlusconi) es el siguiente. Si de cara a las elecciones del año que viene[2], se incluyera a Futuro Nazionale en la coalición, se aumentaría su fuerza en detrimento de una Meloni que debería, de todas formas, radicalizar sus posiciones, aparte de que no es seguro que la muy liberal Forza Italia aceptara la presencia de un partido que propiciaría la demonización de todo el grupo, acusado de lo de siempre: de “fascista” y de comerse a los niños crudos. Ahora bien, si se excluyera de la coalición al nuevo partido, se le daría el marchamo de la víctima, se le radicalizaría aún más y se correría el riesgo de que acabara imponiéndose y derrotando a los demás integrantes de la actual coalición.

Ésta es la situación. Para analizarla en profundidad, hemos recurrido a Marcello Veneziani, uno de los más brillantes analistas políticos del momento. De su texto destacamos lo siguiente. Veneziani manifiesta claras simpatías por la radicalidad del nuevo partido, lo que implica que critica la deriva pro-Sistema de Georgia Meloni. No le duelen prendas, sin embargo, para admitir que las cosas no son sencillas para ella. «El Gobierno —reconoce— debe hacer frente a la realpolitik, al mundo, al contexto, a los compromisos y a las correlaciones de fuerzas, y si su prioridad absoluta es perdurar, mantenerse en el poder, entonces cualquier otra cuestión es secundaria, incluidos los principios y los temas estrella que hasta ayer se consideraban sus pilares fundamentales». Hablando en plata, si Georgia Meloni hiciera lo que a Veneziani (y a nosotros) nos gustaría que hiciera, correría el grave riesgo de… no hacer nada, al verse simplemente desbancada del poder.

Si ello es así —y aquí viene otra consideración de considerable calado—, es porque en política «la verdad de los hechos y de los pensamientos no cuenta; lo que cuenta es el resultado que produce. El ámbito de la política no es el ámbito de la verdad [las negritas son nuestras]; lo que se dice no se corresponde con lo que se piensa, ni siquiera con lo que se hace».

 


 

Nos guste o no, la intención del general Roberto Vannacci de crear un movimiento político, Futuro Nazionale, responde a un sentimiento popular real y generalizado que se encuentra entre la Liga, Fratelli d’Italia y el sector de los que no votan. En el fondo, Vannacci representa con cierta eficacia aquellos temas y valores que, hoy en día, una parte considerable de ciudadanos y votantes percibe como traicionados y defraudados por el actual Gobierno de Georgia Meloni. Es cierto que no todos los decepcionados y descontentos con el Gobierno actual piensan como Vannacci, se identifican con él o se sentirían representados por él; pero su entrada en escena, en un momento de estancamiento político, es como una piedra lanzada al estanque de la política y, por lo tanto, puede tener un efecto con ondas cada vez más amplias. Por otro lado, el Gobierno debe hacer frente a la realpolitik, al mundo, al contexto, a los compromisos y a las correlaciones de fuerzas, y si su prioridad absoluta es perdurar, mantenerse en el poder, entonces cualquier otra cuestión es secundaria, incluidos los principios y los temas estrella que hasta ayer se consideraban sus pilares fundamentales. Es normal, fisiológico, que esto ocurra; pero igual de normal y fisiológico es que el votante decepcionado pueda irse a otra parte. Siempre ha sido así, desde los tiempos de la Democracia Cristiana.

 

      Algunos de sus lemas

VERDADERA, ORGULLOSA, CONVENCIDA, ENTUSIASTA, PURA, CONTAGIOSA:
la única Derecha que conoce Futuro Nazionale.
LA IDENTIDAD no es un accesorio: es lo que nos mantiene en pie.
Italia es historia, lengua, cultura, memoria…
LAS TRADICIONES son raíces, no cadenas.

 

Cuando, por ejemplo, Meloni se adentra en el manido tema del nazifascismo y denuncia por primera vez con claridad la complicidad del fascismo en el Holocausto, sería fácil objetar: «Pero ¿por qué no lo has dicho antes? ¿Por qué has esperado hasta ahora para decirlo, si realmente lo pensabas? Nos habríamos ahorrado muchos malentendidos y muchos problemas…» Pero mientras estuvo en la oposición, no tenía necesidad de decirlo ni le reportaba ningún beneficio. Hoy, en cambio, se ha afianzado en el Gobierno y considera que es más ventajoso decirlo que no decirlo. Dejo de lado la cuestión de si antes fingía para mantener a sus fieles o si ahora finge para ganarse el apoyo fuera de su ámbito; me limito únicamente a considerar el efecto político de su postura. La verdad de los hechos y de los pensamientos no cuenta; lo que cuenta es el resultado que produce. El ámbito de la política no es el ámbito de la verdad; lo que se dice no se corresponde con lo que se piensa, ni siquiera con lo que se hace. Así nos lo dice, por ejemplo, Hannah Arendt: la verdad y la política mantienen una mala relación y «nadie, que yo sepa, ha incluido jamás la sinceridad entre las virtudes políticas. Las mentiras siempre se han considerado instrumentos necesarios y legítimos no sólo del oficio del político y del demagogo, sino también del oficio del estadista» (Verdad y política, 1968). Es una verdad evidente que la verdad está ausente de la política.

No podemos afirmar que ese descontento hacia el Gobierno de Meloni, la Liga y la derecha se traduzca en votos para Vannacci; no creo que debamos albergar demasiadas expectativas, tanto porque habrá umbrales electorales que desanimarán esa intención, como porque desconocemos la credibilidad de las filas que rodearán a Vannacci; y también porque, en la práctica, ese descontento se dispersa en diversas direcciones: hay quienes ya no van a votar, y son la mayoría; hay quienes, al final, bajo el estruendo de la campaña electoral y ante la posible victoria del «enemigo», deciden, como siempre se ha hecho, taparse la nariz y votar a los del Gobierno, con la filosofía de «el mal menor»; los demás, en cambio, apuestan por los Vannacci de ayer, de hoy y de mañana.

Pero ¿cuántos quedan realmente? Al fin y al cabo, es una cuestión de cantidad y de fuerza antes que de calidad y de contenidos.

¿Será porque Roberto Vanacci es general? Lo cierto es que los militares tambien participan activamente en el nuevo partido

El símbolo elegido por el movimiento naciente es bonito y limpio; parece proyectar la antigua antorcha de los jóvenes del Movimiento Social Italiano en un diseño futurista, en una especie de retorno a la juventud o, como dirán los maliciosos, en un resurgimiento de la juventud. Más allá de las caricaturas y las interpretaciones forzadas que se hacen de él, Vannacci argumenta con eficacia, gusta a quien tiene que gustarle, pero su experiencia pasada demuestra que incluso las formaciones pequeñas y más combativas no sólo acaban siendo compactas, sino que están expuestas al riesgo de escisiones y desintegraciones. La carrera por ver quién es más puro y más radical a veces llega hasta el punto de quedarse solo.

Es plausible la idea de que alguien pueda enarbolar la bandera soberanista, social y nacional-europeísta sin desgarros ni giros; pero la ley inexorable de la política, sobre todo en nuestros tiempos, es que sólo puedes mantenerte fiel a esas ideas si permaneces al margen, y sólo puedes mantener vivo y unido ese movimiento hasta que ganes. Por lo tanto, en perspectiva, hay que seguir siendo pequeño, pero no demasiado; si te quedas demasiado pequeño, pronto te barren; si creces demasiado, al final acabas siendo cooptado por el realismo de las alianzas y, en cuanto te fijas el objetivo de ejercer influencia, acabas siendo influenciado, si no absorbido por la política pragmática. El objetivo debe ser permanecer visiblemente en la oposición, pero sin salir nunca de ese margen. Por decirlo con un poema de Eugenio Montale, que fue el epitafio final de la antigua llama del Movimiento Social Italiano: «Viví al cinco por ciento. No aumentéis la dosis». Lo mínimo para vivir, lo máximo para no causar molestias ni ser absorbidos. El resultado es un «Partido» que tenga la función de dar testimonio del disenso y de canalizar el descontento, pero que no sea capaz de influir en la realidad.

Una formación de este tipo debe superar dos peligros opuestos: uno es el de quienes, desde la izquierda, utilizan e instrumentalizan su presencia en la escena política para debilitar a Meloni y a sus aliados, y por eso dan gran resonancia a sus declaraciones para desestabilizar al bando contrario y al ámbito gubernamental. El otro peligro es el de quienes, en el ámbito de Meloni, urden todo tipo de estratagemas para desviar del camino a la nueva formación, además de desacreditarla con la habitual acusación de «hacer el juego a la izquierda», cuando no de estar dirigida y respaldada por el «enemigo». Escenarios ya vistos para quienes tienen cierta edad; pero que se repiten aún, en contextos cambiados, porque los valores y las pasiones de la política pueden haberse apagado, pero las leyes y los mecanismos del consenso y del poder siguen siendo, en gran medida, los mismos.

Por último, diréis: nos has descrito la situación, con sus pros y sus contras, pero ¿de qué lado estás tú? Del lado de quien observa y luego se ocupa de otras cosas.

© La Verità

  1. ‘Otanista’: dícese de quien se somete a los designios y políticas de la OTAN. No debe confundirse con ‘onanista’.
  2. ¡Menudo año! Elecciones en España, donde VOX puede dar su gran salto; elecciones en Alemania, en Francia y posiblemente en Gran Bretaña, con la AfD, Agrupación Nacional y Reform UK al asalto del poder. ¿Será 2027 el año en que comience el Gran Cambio? 

 


 

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