La obra y el pensamiento de Sebastián G. Turco Barboza

En toda su muy abundante obra (un total, hasta la fecha, de nada menos que once libros) hay un eje central, un hilo conductor que, para sintetizarlo en una sola frase, podríamos definir como la crisis de la desespiritualización o desacralización que conoce el mundo moderno. ¿Podría desarrollar más ampliamente esta idea?

Efectivamente, todas estas obras tienen un propósito y, sobre todo, una historia con un principio y un fin que esperamos sea el más tardío posible.

Todo empezó cuando el Presidente de Costa Rica, Oscar Arias, gsmó un premio Nobel de la Paz por preservar la Paz entre Nicaragua y Costa Rica.

Pidió a nuestra generación que no fuera la peor, sino la mejor, sembrando la paz y la tolerancia, para dar a la Nación de Costa Rica no sólo un sentimiento nacional, sino también una diplomacia neutral enfocada en preservar el ambiente, la paz entre vecinos y la tolerancia entre comunidades religiosas.

Se desarrolló en 1996, un proyecto con la primera ministra de Justicia y la embajadora de Suiza, una aventura literaria sin común.

Son cuatro series que tratan de nuestro mundo tal como es, un mundo con sus defectos, mostrando a todos las cicatrices de la historia de la humanidad, con críticas a las civilizaciones sobre los modos de gobernanza, la filosofía y cómo influyó en las creencias, libros espirituales sobre la tolerancia y la paz entre creencias monoteístas, y sobre las diferentes corrientes políticas que dieron los sueños latino, occidental y asiático.

 

Cuando hablamos de crisis de desespiritualización del mundo moderno, debemos precisar de inmediato algo que constituye también uno de los ejes de su pensamiento, a saber: esta crisis es un fenómeno característico, sobre todo, del mundo occidental, mientras que en las culturas asiáticas que usted conoce y ama tan profundamente las cosas son muy distintas. ¿Podría explicarnos en qué se diferencian dichas culturas y por qué?

La cultura occidental está enfocada en el individuo y en su ego, haciendo que la espiritualidad se halle centrada en la salvación de uno mismo por medio de la sumisión entera al pecado para alcanzar la misericordia, es decir la gracia : el Creer es la espera de un milagro o de un prodigio procedente de otro mundo

En cambio, la cultura asiática se construye sin Dios, con la necesidad de formar un grupo para sobrevivir en el mundo. Esa diferencia hace que la espiritualidad esté centrada en la aceptación y en la llegada a un destino capaz de guiar a un pueblo hacia la felicidad.

Ambos caminos son incompletos, uno centrado en el individuo y otro en el bien común, uno hacia el sacrificio de uno, el otro para la sobrevivencia de todos, un camino de muerte y de resurrección y un camino de vida y de tolerancia.

 

Todo lo anterior no significa, sin embargo, que sociedades como las de Japón, China, India (por señalar las más significativas) hayan emprendido un camino de espaldas o en oposición a la modernidad. ¿Cómo entender semejante fenómeno? ¿Cómo explicar esta conjunción, en últimas, de una tan gran ansia espiritual y de un también gran recurso a las armas técnicas y científicas de la modernidad?

La explicación radica en la construcción del mundo asiático y del occidental. Mientras que Asia se unificó milenios antes de que nacieran los primeros imperios mediterráneos, Occidente nunca se unificó; se construyó sobre las cenizas y las ruinas de los imperios y lo sigue haciendo.

La otra explicación es el modo de vida en un mundo asiático, que se preocupa por sus recursos, mientras que los occidentales se preocupan por luchar contra los demás sin cesar y a toda costa, llegando a enfrentarse para ser la primera nación en encontrar el futuro salto tecnológico.

Eso se notó en el politeísmo, que desapareció tras una intensa lucha a favor del monoteísmo, hasta el nacimiento, la vida y el ministerio de Jesucristo.

 

Para referirnos exclusivamente al mundo occidental —a ese mundo que en otros tiempos se denominaba la Cristiandad—, ¿cómo considera, desde su óptica, la profunda transformación que en la Iglesia Católica se ha producido a raíz del Concilio Vaticano II y de su ruptura con tantos pilares de la tradición?

La Iglesia católica está en busca de una redención tras la formidable evangelización del Nuevo Mundo por parte del Imperio español.

La violencia y la codicia de las naciones europeas llevaron al genocidio de pueblos y civilizaciones.

Esos pueblos nunca fueron completamente sometidos por la violencia desatada para imponer la religión católica.

Mientras el viejo mundo se disloca, los católicos echan todas sus fuerzas en la evangelización con la terrible consecuencia del Cisma protestante y su evicción del territorio inglés, cuya Iglesia nunca fue y no será apostólica.

Después del imperio de oro de España, asistimos a la pérdida de la fe, una errancia que llega hasta la Revolución francesa, las leyes de separación y de laicidad.

Las naciones echaron fuera del mundo no solo a la Iglesia Católica, sino a todas, y, como un árbol que se muere, se esparció la semilla del Anabaptismo y de las nuevas corrientes doctrinales.

Ahora, después de las guerras mundiales, los diferentes concilios, conscientes de su desaparición, intentaron buscar, tras diferentes movimientos litúrgicos, bíblicos, ecuménicos y laicos, un nuevo soplo.

En realidad, sucede que uno y otro olvidan el mensaje verdadero del evangelio : uno se enfoca en las obras solo para la salvación de los demás, mientras que el otro se enfoca en su fe para salvarse a sí mismo.

Ambos olvidaron al samaritano: cómo sanar a los leprosos que llegan si ninguno es recibido con acción de gracias e intercesión.

En realidad, esto sucede en todas las Iglesias y se nota también entre los diferentes patriarcas de la Iglesia ortodoxa, que cuestionan la autoridad suprema por motivos políticos: ¡no se puede servir a dos señores a la vez!

 

Su obra de pensamiento y reflexión, por abundante que sea, aún no está del todo concluida. Aún le quedan, para nuestro deleite y aprovechamiento, varias obras y proyectos en el zurrón. ¿Podría hablarnos de sus perspectivas más inmediatas?

En realidad tengo varios proyectos por delante, pero los obreros son pocos.

Mientras unos corren por el mundo para disfrutar de la vida y encontrar una pareja, olvidan que el mundo en el que estamos y que destruimos será el legado de lo que sembraremos.

Hijos, esperanza, amistades, odio y violencia son los cinco dedos de una mano podrida que no da más que dolores y sufrimientos a las naciones.

En realidad, para preparar un camino de paz, es necesario saber qué tenemos que proteger, y no podemos salvar al mundo si no ofrecemos un lugar saludable: la Justicia se opone hoy a la Paz, tanto como el Privilegio a los derechos.

Cuando el mundo ofrece violencia, injusticia e iniquidad, la gente se vuelve egoísta e individualista.

Entonces, después de esas cuatro series de libros, llegará el tiempo de crear, si Dios quiere, una fundación para ofrecer una tribuna a los países explotados por los occidentales.

Mientras que algunos piensan vencer al mundo con un centro religioso mundial y una religión mundial, otros prefieren que se escuchen sus sufrimientos y dolores para mantener la esperanza.

Se trata de seguir la obra de Paz con la esperanza de ser escuchado por todas las naciones, sin derramar sangre ni ser esclavizado.

La gran dificultad es el corazón humano, que se alimenta solo de emociones y prefiere ver a un héroe por su vanidad más que a un sabio por su humildad.

 

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