Los medios occidentales arremeten contra Trump
Es muy difícil formarse una idea objetiva, o cuando menos racional, sobre el desarrollo de la actual guerra en Oriente Medio. Esto se debe en gran medida a la parcialidad de los medios de comunicación. El rechazo hacia Trump es tan fuerte en ciertos medios denominados «de derechas» que, para ellos, nada de lo que hace Trump puede considerarse un éxito. Se podría contrarrestar viendo el canal francés de televisión CNews, pero ahí, la parcialidad proisraelí también distorsiona los análisis.
En realidad, a veces da la impresión de que nuestros medios desean una victoria de Irán para humillar a Trump. Es algo totalmente nuevo: desear la victoria del enemigo. Porque de eso se trata. El Irán de los mulás representa lo peor del islamismo radical, con sus tentáculos de grupos proxy y terroristas. Este régimen tiene, entre otras, sangre francesa en las manos y, sin embargo, algunos «generales de plató» televisivos parecen en Francia mirar a los iraníes con una mirada casi comparable a la de Don Quijote por Dulcinea.
Es cierto que uno puede sorprenderse ante la resistencia iraní e incluso sentir cierta admiración por la preparación del régimen para esta guerra. Pero de ahí a desear su victoria, aunque sea relativa, hay un paso. ¿Qué medio de comunicación apoyó al Irak de Sadam Husein frente a los norteamericanos? En aquella época, tal postura te hacía pasar por un traidor a la «buena causa», la cual resultó ser una elección funesta, como lo demostró el futuro.
¿Donald Trump en apuros?
Las contradicciones de Trump ciertamente no le favorecen, pero quienes abogan por la «niebla de la guerra» cuando se trata de Macron exigen, por el contrario, una claridad estratégica absoluta del presidente estadounidense. Trump duda, es cierto, sobre todo en lo que respecta a Ormuz. Pero es comprensible. Hay precedentes: Kennedy en Cuba con la Bahía de los Cochinos, Carter en Irán y, sobre todo, los Dardanelos en 1914-1918, ese estrecho que se convirtió en la tumba de las fuerzas aliadas frente a los turcos de Mustafa Kemal, y que estuvo a punto de acabar con la carrera de Churchill, principal artífice de aquella funesta operación.
Por otra parte, Trump no se equivoca al afirmar que el asunto no le concierne directamente. Los americanos no utilizan el estrecho de Ormuz, a diferencia de los europeos y los chinos, a quienes sí les afecta directamente. La postura de la OTAN podría incluso resultar fatal para la Alianza y ofrecer a Trump un argumento para desvincularse de aliados a los que considera ingratos. Pero, sobre todo, busca poner a prueba a China y observar su Armada en una situación real. Ormuz constituye una trampa para Estados Unidos, pero también para Pekín. Lo que quiere Trump es medir concretamente la eficacia de la Armada china.
Dedicar ediciones especiales a criticar a Trump de forma simplista es condenarse a ver la guerra a través del extremo más estrecho de los prismáticos. No hay que tomarse siempre al pie de la letra lo que dice Trump, ni preocuparse en exceso por cada una de sus declaraciones. Pero él no es el enemigo cuya derrota podríamos desear.
Nuestros medios de comunicación, encerrados en una ideología de odio hacia el presidente estadounidense, parecen haberlo olvidado en favor de una admiración, cuando menos insólita, por el régimen iraní. Olvidan que la victoria de Irán también sería nuestra propia derrota, quizá incluso más que la de Trump.
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