A patadas en la cabeza y en todo el cuerpo lo lincharon (eran 10 contra 1) los matones de los antifas. El crimen sucedió en la ciudad de Lyon, donde el joven militante identitario Quentin Deranque formaba del servicio de orden de una manifestación.
Parece que, estremecida como ha quedado la sociedad francesa, las gentes del Sistema dicen, que eso de la violencia es muy feo y está muy mal. Mejor que no lo volváis a hacer, muchachos. O, si lo hacéis, que no os vuelvan a pillar, ¡pedazo de tarugos!
¡QUENTIN DERANQUE, PRESENTE!
Tres días después del salvaje asesinato de Quentin Deranque, muerto a manos de los descendientes de aquellos que, desde 1789 hasta 1944,[1] pasando por 1917, siempre han hecho pagar con sangre a sus adversarios, nos queda un sabor amargo en la boca. Deben de estar regocijándose los matones trotskistas y antirracistas entrenados en combate desde hace mucho tiempo para facilitar que Mélenchon [el jefe del partido de extrema izquierda La Francia Insumisa: LFI] tome el poder.
Palabras, palabras…
La hermosa ceremonia de homenaje organizada por sus camaradas frente a la Sorbona permitió a la familia nacional —aunque se notó la ausencia de Jordan Bardella [el delfín de Marine Le Pen], a pesar de que muchos representantes electos del RN asistieron a la ceremonia.
Es cierto que gran parte de la clase política —incluida LFI— condenó los hechos ocurridos la noche del jueves 12 de febrero. Sin embargo, los socialistas esperaron hasta el lunes por la mañana para reaccionar, y la mayoría derramó lágrimas de cocodrilo, con Emmanuel Macron a la cabeza, quien denunció una «ola de violencia sin precedentes» y añadió una pizca de sal republicana al precisar que «en la República, ninguna causa, ninguna ideología justificará jamás que se mate». Evidentemente, no conoce la historia de Francia y, en particular, a Robespierre, Marat y otros grandes demócratas ante el Señor que hicieron reinar el Terror en 1793.
Por primera vez, se ha oído al ministro del Interior afirmar que «evidentemente, fue la extrema izquierda la que estuvo detrás de todo», mientras que Gérald Darmanin, elegido en 2024 gracias a los votos de esa extrema izquierda, acusaba a la misma «extrema izquierda de haber matado». Por su parte, Raphaël Gluksmann, nieto de un agente estalinista del Komintern, jura por lo más sagrado que es «impensable que la izquierda albergue la más mínima duda sobre una posible alianza con La Francia Insumisa».
Gabriel Attal, que había pedido votar a LFI en las últimas elecciones legislativas para frenar al Rassemblement National, se ha comprometido incluso a no volver a hacerlo… Pero sabemos desde hace tiempo que las promesas solo comprometen a quienes las reciben. Y no hablemos de la portavoz del Gobierno, Maud Brégeon, que, aunque suele ser más complaciente con LFI, denuncia su «responsabilidad moral» acusándola de fomentar «un clima de violencia». Todos ellos son responsables políticos que se habían aliado con el Nuevo Frente Popular en 2024, pero parecen haberlo olvidado. A menos que el conflicto entre Israel y Palestina y los ataques regulares del Tsahal en la Franja de Gaza hayan cambiado la situación política.
¿Mélenchon, nuevo enemigo público?
Desde hace algún tiempo, Mélenchon ha dejado de gustar y parece que se está creando un cordón sanitario a dos años de las elecciones presidenciales. Pero el problema para el presidente de la República es que no sabe cómo condenar a un responsable político que ha apostado por sus masas electorales musulmanas a fin de tener un electorado a su servicio y promover su amor por una Francia mestiza y criolla.
La inversión acusatoria
Ante los ataques procedentes de todas partes tras la muerte de Quentin, Jean-Luc Mélenchon y sus compinches no dejan de mostrar su descaro al lamentar no beneficiarse ni de la «protección de la policía» ni de la «justicia », adoptando una postura victimista con el pretexto de que varias oficinas parlamentarias de LFI han sido vandalizadas desde el linchamiento de Quentin, llegando incluso a atreverse a decir que «son atacados reunión tras reunión» y que LFI «se opone a la violencia». «LFI no tiene nada que ver con esta historia y quienes nos acusan son calumniadores», afirmó.
Acostumbrado desde hace décadas a la dialéctica marxista, el líder de La Francia Insumisa, «desde hace tiempo ha teorizado, como dice su excamarada Thomas Guénolé, el método del «motor de explosión»: « para llamar la atención, ataca frontalmente a un grupo de interés, a un adversario político, apunta al periodista que le entrevista y, una vez conseguida la atención, revela su mensaje político». Y sus secuaces hacen lo mismo con menos brío, como, por ejemplo, Mathilde Panot o Manuel Bompard, que, fingiendo llorar por Quentin, atribuyó su muerte a… ¡los «fascistas»!
La Joven Guardia no se rinde, se transforma
Desde 2018, esta milicia creada por Raphael Archenault se apoderó primero de las calles de Lyon antes de instalarse en París, Nantes, Lille o Estrasburgo. Inspirada en el funcionamiento de los Black Blocs o los Soulèvements de la Terre, la organización aterroriza a todo aquel que no le conviene, en particular a los militantes identitarios. Cacerías humanas, redadas en apartamentos privados, intimidación verbal y física…, todo vale para Raf-Raf, que llamó la atención de Mélenchon hasta tal punto que éste le ofreció un puesto elegible en las últimas elecciones legislativas, lo que le permitió convertirse en el primer fichado S en ocupar un escaño en el Palacio Bourbon, a pesar de que se comporta como un auténtico tirano con su gente y fue condenado, en particular, en 2022 por violencia en reunión.
Con el paso de los años, La Jeune Garde se ha convertido en una especie de servicio de orden de LFI, hasta el punto de que el propio Mélenchon no ha dejado de alabar «esta organización vinculada al movimiento insumiso», ensalzando a «sus jóvenes camaradas », que «protegen nuestras comitivas cuando vienen a pegarnos».
De hecho, golpearon tanto que Bruno Retailleau decidió en 2025 disolver la asociación, que inmediatamente presentó un recurso ante el Consejo de Estado y recibió el apoyo de La Ligue des Droits de L’Homme y del GISTI, defensor acérrimo de los inmigrantes y maestro en el arte de obtener subvenciones.
Los responsables de La Jeune Garde afirman haber cesado toda actividad, lo que lamentablemente desmiente la atroz muerte de Quentin. Esperamos con impaciencia la decisión del Consejo de Estado. Pero Raphael Arnault y sus compañeros ya han presentado nuevos estatutos para dar vida a una nueva iniciativa destinada a perseguir a los malvados identitarios y asimilados. ¿Su nombre? Eteignons la Flamme [Apaguemos la Llama]. Como decía Jean-Yves Camus en una entrevista concedida al sitio web Atlantico en junio de 2025: «Para los antifascistas, la extrema derecha es una enfermedad que hay que extirpar de la sociedad para poder deshacerse de ella. Quieren aplastarla. Pueden recurrir a acciones físicas que justifican moral y políticamente, ya que, según ellos, la extrema derecha es una afrenta a la moral y al derecho en sí mismos».


















