Debate en Rusia: recurrir al arma atómica. ¿Sí o no?

Trascendental, decisivo debate. Y plagado de enormes y —Dios no quiera— terribles consecuencias. De ello nos habla Luis Fraga, sin duda el analista español que mejor conoce la situación en Rusia y Ucrania.

 


 

Ante todo, hemos de levantar acta de que la guerra de Ucrania se ve en Rusia, país de unos 150 millones de habitantes, de modo muy distinto al que se ve en Europa del oeste. En general, en nuestra parte de Europa el relato suena así: “Rusia invade, para ganar territorio, a la apacible y democrática Ucrania; Rusia es el agresor, por lo tanto”. Pero en Rusia se ven las cosas de modo opuesto: “Rusia , país más extenso del mundo que no necesita territorio, invade para evitar la expansión hacia el este de la OTAN, amenaza existencial para Moscú, y para proteger los derechos de la población rusoparlante de Ucrania, casi la mitad del país. El agresor, para ellos, es Occidente y especialmente la OTAN”.

La verdad, nos recordaba Ortega, es cuestión de perspectiva. Y la perspectiva rusa es la de sentirse no agresor, sino agredido, y por ello la popularidad de Putin subió del 60% al 80% cuando empezó la guerra en 2022.

Si entendemos que Rusia se siente agredida y traicionada por Occidente, podremos comprender el principal debate de nuestros días en Rusia. Es éste: decidir si, por primera vez desde que los Estados Unidos las utilizasen en 1945, Rusia, principal potencia nuclear del mundo, usará o no las armas nucleares en esta guerra.

Pero ¿por qué usar bombas atómicas? Los mismos rusos lo dicen una y otra vez: por disuasión. Disuasión. Ésa es la palabra. Y es que la guerra ha cambiado. Ahora Ucrania, con apoyo occidental en armamento e información, lanza miles de drones hacia refinerías, edificios y centros estratégicos en Moscú, Petersburgo y otras ciudades rusas. Lo que les indigna a los rusos no es sólo que muchos de los componentes de esos drones o los drones mismos sean fabricados en Europa, sino que muchos ataques se hacen a través del espacio aéreo de los países bálticos, es decir, territorio de la OTAN. Ello multiplica el número de partidarios de responder con ataques de disuasión a territorio de la OTAN, primero con misiles convencionales y después con armas nucleares.

Como es natural, éste no es sólo un debate de salón, bares o tertulias (pero en el que participa la mayoría de la población rusa), sino sobre todo un debate académico entre profesores de universidad y conocidos autores en televisiones y la prensa escrita.

Hay dos bandos. Primero, los halcones: ¿Son partidarios de empezar desde ya con las bombas atómicas? No. Pero declaran que el tabú contra el uso del arma nuclear es algo del siglo pasado y que ahora las cosas han cambiado. Afirman que, si Rusia lo necesita, debe usarse la bomba atómica. ¿Son minoría? Sorprendentemente, no. Y figuras de peso engrosan sus filas. Por ejemplo, el expresidente Medvedev. Por ejemplo, la mayoría de los diputados en el Parlamento ruso. Por ejemplo, la mayoría de los funcionarios en los ministerios. Y con una figura que ejerce de líder intelectual: el profesor Sergey Karaganov. Respaldado por muchos rusos, no es un cualquiera y preside en Rusia el Consejo para Política Exterior y Política de Defensa. Sus artículos, alguno traducido al inglés, idioma que Karaganov domina, son de gran influencia en la opinión pública en Rusia.

¿Es adecuado llamar al otro bando “las palomas”? No. Ellos mismos se denominan “los realistas”. Proponen un alto el fuego negociado y no seguir avanzando en Ucrania y, por lo tanto, el fin de la guerra y de los ataques ucranianos con drones en territorio ruso. Empresarios, muchos diplomáticos y clase media acomodada nutren sus filas. Y profesores de universidad. Cuentan con varias cabezas visibles, pero la más activa es Vasily Kashin, profesor universitario que es consciente (como Karaganov, en realidad) que ocupar toda Ucrania sería un suicida Afganistán para Rusia. Ahora bien: los “realistas” se enfrentan a que, si hay una paz pactada, Ucrania y la UE exigirán el retorno de Crimea y de la parte conquistada del Donbás, lo cual nunca aceptaría la población rusa. ¿Son realistas los “realistas”?

¿Quién decidirá? Obviamente, decidirá Putin. Muy presionado por los halcones, sabrá hacerles frente, pero también conoce los problemas que plantea la posición de los autodenominados “realistas”.

¿Guerra nuclear? En el juicio de Putin pondera que, en caso de lanzar unas cinco bombas atómicas a Europa como aviso de navegantes y baluarte de disuasión, los Estados Unidos no responderían ni aplicarían el artículo 5 del Tratado de la OTAN, y Francia y el Reino Unido, menos, salvo que quieran ver evaporados sus países. Pero, por otro lado, es evidente que las cosas pueden ir de un modo distinto y entraríamos, ¡ay!, en una guerra nuclear de catastróficas consecuencias: la III Guerra Mundial. Difícil dilema. Y difícil prever con exactitud qué sucederá. Veremos.

En ésas estamos. La situación no es peligrosa. Es peligrosísima. Dios quiera que todos desplieguen un mínimo de sano juicio.

 

Luis Fraga, senador del Reino en España durante 21 años, fue en 2013 asesor del gobierno de Ucrania.

© La Razón

 

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