Cuba, vista por satélite en noche de apagón total. Arriba, las luces de Florida

Cuba pide a los «gusanos» que regresen

Se lo pide, se lo implora. No hay otra solución para salir del marasmo y la miseria. Pero ¿regresarán, invertirán sus dólares?

 


 

Los «gusanos», así llamaba la tiranía castrista a los millones de cubanos que tuvieron que tomar el camino del exilio. Pero ya no los llaman así. Ahora los designan —tiene gracia…— como «la comunidad de cubanos del exterior», a cuyos miembros se les ruega amablemente que regresen a Cuba con maletas repletas de dólares. Su misión: volver a ejercer como capitalistas en la isla que abolió el capitalismo.

Como una especie de remake de ¡Bienvenido, Mister Marshal! volverán los cubanos del exilio…, si es que vuelven. Hace 68 años les robaron todo lo que poseían. ¿Los habrá tan temerarios como para invertir un solo dólar en el predio hoy arruinado de sus antiguos ladrones? Sin cambio de régimen, ¿quién les garantizará que no vuelvan a ser objeto del latrocinio socialista (valga la redundancia)?

 

Sí, pero…

Las cosas, sin embargo, son un poco más complicadas. Además del bochorno ideológico que ello representa para los zurdos —de Cuba, Hispanoamérica, España y el mundo entero—, la llegada a la menesterosa isla de un gran flujo de capital gestionado por capitalistas bien pudiera llevar al régimen a su definitivo final.

Es lo que ya ocurrió en la URSS con la perestroika que en 1985 puso en marcha Mijail Gorbachov. Su pretensión no era otra que limitarse a modernizar y suavizar algo un régimen que, seis años después, se desmoronaba como un castillo de naipes.

 

Con la soga al cuello

Así también se puede desmoronar el régimen que en Cuba ya tiene puesta la soga al cuello. La soga es doble. Por un lado, la colocada por lo que algunos —¡hasta en la derecha radical!— llaman la-inadmisible-vulneración-de-la-soberanía-nacional-por-parte-de-Donald-Trump. Lo decían, es cierto, cuando las tropas norteamericanas entraron en Venezuela para llevarse al reo Nicolás Maduro. Ahora, en cambio, cuando la armada norteamericana impide que lleguen buques petroleros a Cuba; ahora que la vulneración del derecho internacional es igual de palmaria, si no más; ahora que, en buena lógica, quienes clamaban contra la intervención en Venezuela deberían indignarse contra la que se prepara en Cuba; ahora, sin embargo, se callan como muertos. Invocar la obvia vulneración de la soberanía del Estado cubano equivaldría a tomar partido por el régimen castrista. Y esto no, a tanto no llegan. ¿Por qué en Cuba no y en Venezuela sí, cuando ambos regímenes son igual de criminales? Probablemente porque el chavismo sólo habrá estado 27 años sojuzgando al país, frente a los 68 de un castrismo que se encuentra muchísimo más arraigado en el imaginario colectivo de la «redención socialista» (permítaseme el oxímoron).

 

La segunda soga

La otra soga que pende del cuello de la oligarquía cubana es la que le ha colocado su propio pueblo. Un pueblo heroico que lleva casi siete décadas  sufriendo las peores perrerías que imaginar se pueda; un pueblo sumido tanto en la opresión política como en un hambre y una miseria a las que se han agregado ahora los apagones que durante más de un día envuelven en las tinieblas a toda la isla.

Y ahí, tanto de día como de noche —una noche sin luz que dificulta que los esbirros de la policía y de los Comités de Defensa de la Revolución puedan identificar a los manifestantes—, ahí es donde un pueblo hambriento y sojuzgado, un pueblo que ya no puede más, se ha dicho que da igual que los detengan, que los torturen o que los maten a tiros (ya ha habido casos) en las manifestaciones y caceroladas que, día tras día, están cubriendo lo que antes era la perla de las Antillas.

¿Cuándo se cerrará el nudo de esas dos sogas entrelazadas? Por un lado, la soga de la presión popular; por otro, la de los Estados Unidos, cuyo presidente, ingiriéndose una vez más en la soberanía de otro Estado —pensarán soto voce algunos— , ha pronunciado esas lapidarias palabras: «Espero tener el honor de liberar a Cuba». Esperemos que tenga en breve tal honor, pues sería una desgracia para todos, y en primer lugar para el pueblo cubano, que, fracasando, Donald Trump quedara deshonrado.

 

Así era la Cuba prodigiosa y próspera de antes de la revolución

 

 

Así es la Cuba desfigurada y demacrada por la revolución

 

 

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