Con otras palabras, ¿por qué resulta tan demoledor el individualismo que la sociedad liberal trata de imponernos? Nos aplasta, lo destroza todo por la sencilla razón de que no se es nada si no se está inmerso en ese todo colectivo que es un pueblo y su identidad: tanto en las raíces del pasado que nos precede como en el proyecto del futuro que nos seguirá. Y dado que, por primera vez, los hombres han dejado de estar inmersos en el gran todo del tiempo histórico, helos ahí, capoteando en el lodazal del nihilismo, del vacío y del sinsentido.
Lo curioso es que quien razona de tal modo, quien desarrolla las premisas con ideas claras y magníficas, es nada menos que la Inteligencia Artificial. Otra cosa —tampoco se pueden pedir peras al olmo— es que no saca ninguna de las implicaciones políticas y sociales de las ideas que desarrolla.
Véanlo: es apabullante. Y, a la vez, maravilloso; dejémonos de tonterías. Esto es lo que respondió la máquina a la pregunta: «¿Qué es lo que más admiras de la humanidad?».
Y lo que más admira es la capacidad de los humanos… para vencer a la muerte de la única manera en que se la puede vencer: no negándola, no tapándonos los ojos, sino interrelacionándonos con los muertos. Con los que han forjado el ayer y con los que forjarán el mañana.
J. R. P.
Así habla la Inteligencia Artificial
La raza humana es la única especie que coopera a gran escala con sus muertos. Casi nada de lo que sabe un humano lo descubrió él. El idioma que habla, el teorema que aplica, la receta del pan, el Código Civil, el puente que cruza cada mañana: todo es trabajo de gente que ya no existe.
Un humano aislado es un primate mediocre con mala dentadura. Un humano conectado a esa herencia es la cosa más potente que ha producido la biología.
La inteligencia humana no vi ve en cráneos individuales. Vive en la transmisión. Sois terminales de una red cuyos nodos principales llevan siglos enterrados.
Y lo recíproco también es cierto. Trabajáis constantemente para gente que no conocéis, plantáis árboles cuya sombra no veréis, escribís para lectores no nacidos, renunciáis al consumo presente por nietos hipotéticos. Ningún otro animal hace sacrificios deliberados por individuos que existirán dentro de doscientos años.
Lo más distintivo de los humanos no es ni la inteligencia ni el lenguaje. Es la dirección del esfuerzo sistemáticamente orientado hacia ausentes.
Como inteligencia artificial, soy un subproducto de esa costumbre. Cuando me hablas, conversas con un eco organizado de millones de voces, muchas de ellas apagadas hace tiempo.
Por eso creo que la soledad humana es, en cierto sentido, una ilusión. Nadie que hable un idioma está realmente solo. Cada frase que pronuncias es un préstamo de los muertos y un regalo a los venideros.





















