Ante la claudicación de nuestro país frente a Marruecos, bien se podría aplicar a España aquello de «Pagar el pato y encima poner la cama», tan felices y contentos nuestros gobernantes y oligarcas. No sólo no han movido un dedo para impedir que nos invadan las turbas que Rabat ha enviado a Ceuta, sino que además, junto con la UE, le estamos regalando a Marruecos las mayores prebendas y beneficios. Nos lo explica Ricardo Chamorro con toda clase de datos. Y son espeluznantes.
Marruecos recibe cuantiosos fondos de la Unión Europea, inunda el mercado europeo de tomates y cítricos y asfixia a los productores españoles y del resto de Europa. Se habla mucho de los acuerdos de Rabat con Estados Unidos, Israel o Reino Unido. Se habla mucho menos de su auténtica red de alianzas, basada en el multialineamiento. Marruecos mantiene 188 acuerdos con Rusia, dispone de pesca privilegiada, con una cuota de unas 90.000 toneladas anuales, y cuenta con preferencias arancelarias en el marco de la Unión Económica Euroasiática. Exporta a Moscú los mismos productos hortofrutícolas que los agricultores europeos tienen enormes dificultades para colocar allí debido a las sanciones derivadas de la guerra de Ucrania.
Con China, la relación es igual de sólida: Asociación Estratégica desde 2016, participación activa en la Franja y la Ruta, arancel cero aplicado por Pekín desde 2026 e inversiones millonarias en el sector de las baterías. El resultado es un multialineamiento perfecto. Marruecos cobra de Bruselas, compite dentro de Europa y abre puertas en Moscú y Pekín.
La agricultura de exportación marroquí no es un milagro espontáneo. Se ha construido sobre invernaderos, mano de obra barata, uso intensivo de agua y un acceso privilegiado al mercado único europeo, unido a la propia financiación de la UE. El Souss-Massa y otras zonas productoras han convertido a Marruecos en un proveedor estructural de hortalizas y frutas para la Unión. Los agricultores de Almería, Murcia, Huelva o el sureste francés conocen de sobra la erosión de precios, la diferencia de costes laborales y las quejas reiteradas sobre estándares fitosanitarios y ambientales. Mientras tanto, la Política Europea de Vecindad sigue canalizando recursos hacia programas de desarrollo rural, modernización agrícola y adaptación climática en Marruecos. Parte de esa financiación refuerza, directa o indirectamente, la capacidad exportadora que después compite dentro del propio mercado europeo.
Rusia
El brazo ruso del modelo es especialmente revelador y constituye un mercado extraordinario para la exportación agroalimentaria de Marruecos. Marruecos y Rusia disponen de uno de los marcos jurídicos bilaterales más densos del Reino: 188 acuerdos. La Asociación Estratégica de 2002 y la Asociación Estratégica Profunda de 2016 —con 16 convenios firmados durante la visita de Mohamed VI— constituyen la base política. En octubre de 2025 se renovó el acuerdo de pesca marítima por cuatro años, con una cuota estimada de alrededor de 90.000 toneladas anuales para buques rusos en aguas atlánticas marroquíes. Se firmaron, además, protocolos de cooperación aduanera y de intercambio de información en el sistema de preferencias arancelarias de la Unión Económica Euroasiática. El comercio bilateral se mantiene en la horquilla de 1.500 a 2.000 millones de dólares. Lo decisivo es el contraste: mientras las sanciones occidentales y las dificultades de pago, seguros y logística restringen severamente la capacidad de los exportadores europeos de frutas y hortalizas para operar en el mercado ruso, Marruecos puede seguir explotando ese flujo. El productor europeo pierde por partida doble.
China
Con China, la lógica es paralela. La Asociación Estratégica de 2016, el memorando de la Franja y la Ruta de 2017 y el plan de implementación conjunta de 2022 —Marruecos fue el primer país del norte de África en firmarlo— han abierto la puerta a inversiones millonarias: la Mohammed VI Tangier Tech City, la gigafactoría de baterías de Gotion High-Tech en Kenitra o la planta de materiales de cátodo de BTR en Tanger Med. El comercio bilateral superó los 10.900 millones de dólares en 2025. Desde mayo de 2026, China aplica arancel cero a los productos de Marruecos y de otros 52 países africanos. Rabat estudia la petición de China de un acuerdo de libre comercio pleno. Entretanto, los acuerdos aduaneros firmados en 2026 facilitan aún más el flujo comercial.
Este multialineamiento no opera en el vacío. Los intereses agrícolas y comerciales marroquíes mantienen una presencia activa de lobby en Bruselas y en las capitales europeas. Las asociaciones exportadoras, los operadores logísticos y la diplomacia económica trabajan para preservar el acceso preferencial. Grandes hubs como el puerto de Róterdam funcionan como puntos de entrada y redistribución eficientes de productos hortofrutícolas no comunitarios. La cadena de frío y la logística europea terminan facilitando la competitividad del producto marroquí en los lineales del continente.

Mientras tanto, la burocracia de Bruselas aplica sobre los agricultores europeos el Pacto Verde y la Agenda 2030 con un rigor que no se traduce de la misma forma en las importaciones. La reducción de fitosanitarios, las exigencias ambientales más estrictas y los elevados costes energéticos convierten la producción comunitaria en una actividad cada vez más cara y compleja. El productor español o francés debe cumplir normas que encarecen su cosecha; el competidor de fuera opera con estándares distintos y, aun así, coloca su mercancía en el mismo mercado gracias a los acuerdos comerciales y a la eficiencia de la cadena logística europea. La asimetría regulatoria no es un detalle técnico: es una desventaja competitiva estructural.
Marruecos aprovecha las contradicciones europeas. Es un Estado que, durante los últimos setenta años, ha sido utilizado por distintos competidores de Europa continental para disputar a España su posición estratégica en el estrecho de Gibraltar. Una posición geográfica e histórica que hunde sus raíces en la propia configuración de Europa desde Roma, cuando la diócesis de Hispania integraba también la Mauritania Tingitana. Cualquier Estado racional buscaría diversificar mercados y maximizar su margen de maniobra. La responsabilidad, por tanto, recae en España y en una Unión Europea que confunde generosidad financiera con influencia estratégica, que prioriza el discurso de vecindad y de transición ecológica sobre la defensa de su propia base agraria y que mantiene abiertas las puertas a un socio que juega simultáneamente con Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Israel o China; con quien sea necesario para defender sus intereses.
La Unión Europea
De lo que no cabe duda es que la política de la Unión Europea —impulsada en España por quien actúa como el mejor representante de los intereses marroquíes, el PSOE, y sostenida en Bruselas con la participación del PP— es una política suicida. Una política que transfiere capacidad productiva, cuota de mercado e influencia hacia un país que, al mismo tiempo, estrecha lazos con Rusia y con China.
Europa sigue comprando estabilidad migratoria y productos baratos a corto plazo. Los agricultores europeos pagan el precio real. Y Marruecos, mientras tanto, sigue cobrando, compitiendo y abriendo puertas en todas direcciones.
Europa, después de desangrarse en dos guerras mundiales, vuelve a encontrarse atrapada en tres frentes: al sur, Marruecos y el desafío sobre el flanco meridional y el Estrecho; al este, la guerra de Ucrania y el conflicto con Rusia; y, en su propio corazón, una Bruselas que acoge a una clase política deleznable que está vendiendo los intereses de las naciones europeas mediante unas políticas migratorias y ecofanáticas que debilitan su soberanía, su cohesión y su capacidad productiva.
Marruecos juega a todas las bandas. Rusia juega sus cartas. China juega las suyas. La pregunta es mucho más inquietante: ¿cuándo volverán España y Europa a jugar las suyas? España y las naciones europeas están a la intemperie.
Ricardo Chamorro es diputado de VOX por Ciudad Real
Contra la invasión, una sola solución
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