La placa de Falange en el portal

La mejor política de vivienda es la que ya ha funcionado, que además es mérito de la derecha española. Pero el Boletín Oficial del Estado, en el Decreto ‘Maricarmen’, osa decir que la anciana fue víctima de las leyes franquistas… cuando fueron éstas (hasta ser derrocadas por el PSOE) las que le dieron semejante apartamento por semejante precio.

 


 

Muchos miran las placas con aprensión, otros con nostalgia, pero más allá de las sensaciones hay que confiar en los datos: la Obra Sindical del Hogar (OSH), el organismo dependiente de la Falange encargado de la promoción inmobiliaria social, construyó alrededor de 200.000 viviendas baratas desde comienzos de los años cuarenta hasta mediados de los sesenta. Cuando llegó el Ministerio de la Vivienda, el protagonismo de Falange decayó frente a los planes tecnócratas y la creación masiva de pisos protegidos por el Instituto Nacional de la Vivienda, que impulsó el programa manteniendo la placa con el yugo y las flechas (construyó unas 735.000 y favoreció a inmobiliarias hasta llegar a cuatro millones, aplicando algún tipo de exención fiscal o cediendo suelo público barato).

 

Casas dignas y baratas

Fue un plan sensato y eficaz para pasar de “país de proletarios” a “país de propietarios”, como prometió el ministro José Luis Arrese en 1959. Eran muchas veces setenta metros cuadrados, un toldo verde y la seguridad de tener un techo que te pertenece. Suficiente para fundar una familia. Conozco bien esas casas porque en una se criaron mis dos hijos, en una modesta urbanización de Mirasierra (Madrid). Se construyó en 1950 para los empleados de Telefónica cuando aquello era un descampado, antes de que la familia Banús decidiera que quería convertir el barrio en una zona para la clase alta madrileña. La zona norte está llena de estas casas dignas y baratas, basta pasear por Begoña o el barrio del Pilar. También se ve bien la placa en el pueblo soriano de mis padres, San Esteban de Gormaz, en un conjunto de pisos construidos en dos tandas (1941 y 1942) que la mayoría de vecinos llaman “las sociales” para no tener que decir “las que construyó Falange”.

 

Don Fernando de los Santos, portavoz del Sindicato de Inquiinas (e Inquilinos) organizador de la okupación de la Puerta del Sol en Madrid. En sus declaraciones, este aristócrata, sobrino del marqués de Ibias, no aclara nunca si los inquilinos; perdón, las inquilinas que pretende defender son las/los de los pisos arrendados por el entramado de sus empresas de inversión inmobiliaria, cuyos activos se estiman en unos 220. millones de eros. Ya lo decía Lenin: “Los burgueses van a acabar comprándonos hasta la soga con que colgarlos!”

 

La ley de Memoria Democrática, por supuesto, prescribe desde 2022 retirar las placas por exaltación de la dictadura, aunque muchos sospechamos que el verdadero motivo es que muchos progresistas se avergüenzan de que un régimen autoritario de derecha hiciera más por la vivienda de los trabajadores que ellos en todo el periodo democrático. De hecho, la famosa Mari Carmen no tuvo ningún problema habitacional en la dictadura, ni en la Transición, ni en ningún periodo hasta el sanchismo. Nadando en contra de la corriente, la exalcaldesa Manuela Carmena reconoció en mayo de 2025, durante una intervención en TVE, que la política de vivienda de la dictadura “protegió muchísimo a los inquilinos” y calificó de “muy inteligente” la estrategia del régimen de promover la compra frente al alquiler. Debería ser normal admitir una verdad.

 

Lazos sociales

No son solo las viviendas, sino también la planta baja, que en estos bloques solía quedar reservada para locales comerciales que sostenían la vida comunitaria del barrio. Las películas y novelas del periodo, además de nuestra experiencia, nos dicen que eran tiendas donde te fiaban en los meses difíciles y en los que las señoras se contaban los problemas cotidianos porque había un “nosotros” que hoy nos parece imposible (la dependienta del chino ni te fía ni va a entender tus problemas, vive en otro marco cultural).

Antes el camarero del bar duraba toda la vida, ahora como mucho hay una franquicia donde los empleados rotan cada dieciocho meses y no pisan otra calle de la zona que aquella en la que trabajan.

 

El sol se apaga cuando los perroflautas comunistas y su lucha de clases acampan en la Puerta del Sol

 

Desde que Pedro Sánchez llegó a la presidencia del Gobierno, en junio de 2018, se ha registrado una media de unos 90 desahucios al día, según datos del Consejo General del Poder Judicial, publicados en septiembre de 2026. En total, a lo largo de su mandato, se han ejecutado más de 272.000 desalojos judiciales en España. La cifra real, por supuesto, es bastante mayor, ya que muchas familias que no pueden pagar el alquiler o la hipoteca abandonan su casa de manera voluntaria antes de iniciarse el proceso. Estos días ha corrido como la pólvora por Internet un vídeo de Pedro Sánchez en un acto de campaña de 2015 donde prometía erradicar el problema. “Si hay dinero para rescatar a los bancos, tiene que haber dinero para rescatar a las familias y a los autónomos endeudados. Y ese va a ser mi compromiso: no va a haber más desahucios en España cuando haya gobierno socialista”, proclamó Sánchez. Hace tiempo que sabemos que sus promesas duran menos que un paquete de toallitas húmedas en la Sauna Adán.

 

Si con la invasión migratoria entran varios millones de gentes y, además, no se construyen casas, ¿cómo no va a haber un insoluble problema de vivienda?

Una sola solución: la REMIGRACIÓN

Más información aquí

 

El PP ante el franquismo

La pregunta se formula casi sola: ¿por qué debe avergonzarse la derecha española de uno de sus mayores logros sociales? Es evidente que el PSOE lleva décadas usando el comodín del franquismo como herramienta de chantaje. Lo hemos visto hace unos días con la campaña para atacar a Isabel Díaz Ayuso porque uno de sus abuelos fue falangista. La respuesta de la presidenta fue no achantarse, señalando que salvó muchas vidas en los años en que ejerció de alcaldesa. Como ha explicado el profesor José María Marco, el Partido Popular tiene el problema de no haber aclarado todavía su posición sobre el franquismo, qué aspectos repudia y qué otros defiende. Se da la paradoja de que el académico marxista Santiago Armesilla es más libre que el PP para ir a una tertulia de La Sexta y admitir que “las políticas de Franco fueron más sociales que las del PSOE”. Dentro de nuestra derecha, el joven diputado Carlos H. Quero (Vox) se ha atrevido a reivindicar la política española de vivienda de los años cuarenta a los setenta. Quizá va siendo hora de agradecer cada placa de Falange en un portal.

© Voz Populi

¡Échele un ojo!
No se pierda la más
apasionante revista cultural


Más artículos de Víctor Lenore

Suscríbase

Reciba El Manifiesto cada día en su correo

Destacado

Lo más leído

Temas de interés

Compartir este artículo

Confirma tu correo

Para empezar a recibir nuestras actualizaciones y novedades, necesitamos confirmar su dirección de correo electrónico.
📩 Por favor, haga clic en el enlace que le acabamos de enviar a su email.

Suscríbase a nuestro
Boletín de Noticias

Reciba El Manifiesto cada día en su correo