Si no queremos acabar con el triunfo de la muerte, como lo temía el cuadro de Pieter Bruegel el Viejo, la única solución pasa por adoptar enérgicas medidas de fomento de la familia y la maternidad. Así lo hace en Hungría, con todas las maldiciones de la UE, el i-liberal gobierno de Viktor Orbán.
De todo ello nos habla en esta entrevista Balázs Hankó, su ministro de Cultura, Innovación y Política Familiar.
Hungría ha convertido la tasa de natalidad en una cuestión estratégica, mientras que en otros países europeos, aunque el deseo de tener hijos es elevado, la tasa de fecundidad es muy baja: en su opinión, ¿esta diferencia se debe principalmente al nivel de las ayudas, a su estabilidad o a la visión de la familia que tiene el Estado?
En lo que respecta a la tasa de fecundidad, un país como Francia se ha distinguido durante mucho tiempo, hasta hace poco más de diez años, por tener un valor cercano al umbral de renovación. Sin embargo, la situación ha cambiado drásticamente, ya que el número de nacimientos está disminuyendo y, en 2025, por primera vez, el número de muertes superó al de nacimientos. La tasa de fecundidad total también está en constante descenso. Al mismo tiempo, es un hecho que la proporción de nacimientos procedentes de la inmigración es cada vez más importante: en diez años, entre 2013 y 2023, ha pasado del 20 % al 26 %. Por último, mientras que el número de recién nacidos de origen francés ha disminuido drásticamente en un 22 % durante esta década, el de recién nacidos procedentes de la inmigración ha aumentado un 6 % con respecto a 2013. No es difícil ver adónde conducirá este proceso a largo plazo.
En Hungría, la situación es muy diferente: en 2010, con el anuncio del «giro a favor de la familia», nos comprometimos a salir del abismo demográfico. Para ello fue necesario invertir una tendencia negativa que se prolongaba desde 1981. Esto requirió una política familiar muy consciente, que situara a las familias en el centro, con el fin de contrarrestar la actitud de las décadas anteriores, que en el mejor de los casos era indiferente y, en el peor, expresamente antifamiliar. Esto tuvo consecuencias nefastas que aún perduran hoy en día, ya que los niños que no nacieron debido a las medidas de austeridad de la izquierda faltan hoy: concretamente, 344.000 mujeres en edad fértil menos. Cabe señalar, de paso, que esta mentalidad de izquierdas tiene sus raíces en muchos aspectos de los cuarenta años de comunismo que sufrimos. Hubo un período en el que, durante quince años, hubo más abortos que nacimientos, e incluso hubo un año en el que se practicaron casi una vez y media más interrupciones de embarazo que partos. Esto demuestra lo perjudicial que es el comunismo, ya que vincula en gran medida la procreación a consideraciones materiales, como ilustra el eslogan del régimen de Kádár[1] «Un bebé o un coche» («Kicsi vagy kocsi»).
Evidentemente, esta mentalidad no desapareció por arte de magia, y fue algo que tuvimos que eliminar al llegar al Gobierno. Por lo tanto, nuestros problemas eran en parte opuestos a los de los países occidentales: en nuestro país, el bajo nivel de empleo de las mujeres, el elevado número de ayudas vinculadas a la situación social, la falta de soluciones a los problemas fundamentales de las familias (vivienda, conciliación de la vida laboral y familiar) y la disminución decidida del número de mujeres en edad fértil.
Sin embargo, tenemos un punto en común en el diagnóstico: la desvalorización de la familia y el matrimonio. Ante esto, nuestra respuesta ha sido una política familiar previsible, compuesta por numerosos elementos interdependientes y que hace hincapié en los valores familiares.
Entre nuestros resultados más convincentes, permítanme citar tres: el número de matrimonios ha aumentado considerablemente y, en la actualidad, el 76 % de los niños nacen dentro del matrimonio; hemos logrado aumentar de forma sostenible el deseo de tener hijos, ya que si la tasa de fecundidad heredada del Gobierno liberal de izquierdas se hubiera mantenido al nivel de 2010, habrían nacido unos 200.000 niños menos en los últimos catorce años; todo ello sin migración. En Hungría, la proporción de nacimientos de madres procedentes de países no pertenecientes a la UE es inferior al 2 % del número total de nacimientos, e incluso entre ellas, la mayor parte procede de minorías húngaras de la cuenca de los Cárpatos.
Usted vincula en gran medida las ayudas familiares al trabajo, mientras que en Francia suelen estar desconectadas del empleo: ¿se puede realmente recuperar el deseo de formar una familia sin situar el trabajo en el centro del modelo?
Los gobiernos de izquierdas anteriores a 2010 trataban a las familias como parte de la política social, razonando principalmente en términos de ayudas sociales. Nosotros hemos optado conscientemente por un nuevo paradigma: una política familiar, no una política social clásica. Antes de 2010, la izquierda apostaba por la asistencia social, asumiendo que la procreación aumenta el riesgo de pobreza y que hay que proporcionar a los padres un apoyo justo para que no sean pobres. Nuestro objetivo es mucho más ambicioso: una política familiar basada en el trabajo. Si hay trabajo, hay todo. Si hay empleo, hay medios de subsistencia. Por eso hemos creado un millón de nuevos puestos de trabajo, con lo que hemos alcanzado prácticamente el pleno empleo en nuestro país.
Nuestra filosofía es que, en lugar de prestaciones universales por derecho, hemos aumentado las prestaciones vinculadas al trabajo. Por lo tanto, concedemos principalmente ventajas fiscales: cuantos más hijos se tengan, menos impuestos se pagan. Así pues, si alguien quiere tener hijos y desea recibir el apoyo suficiente para poder criarlos dignamente, debe trabajar. Si trabaja, sus ingresos serán más elevados y a ello se sumarán las prestaciones familiares. Se trata, por tanto, de un sistema que se refuerza mutuamente: el camino hacia la fundación de una familia pasa por el trabajo. Queremos ver padres autónomos que no quieran vivir de sus hijos, sino para sus hijos.
En Hungría, las madres pueden quedarse con sus hijos o trabajar sin perder derechos ni reconocimiento, mientras que muchas mujeres francesas consideran que la maternidad es una desventaja profesional. ¿Por qué es tan importante esta libertad de elección en su política?
El Estado debe garantizar que las mujeres, en particular las madres, puedan decidir libremente el camino que quieren seguir en la vida. Hay madres que desean quedarse en casa con sus hijos durante sus primeros años, otras que prefieren volver antes al mercado laboral o incluso intentar compaginar ambas cosas. La maternidad es un valor, es indispensable y merece respeto, reconocimiento y apoyo. Queremos que la maternidad no suponga una desventaja ni un retroceso profesional.
Su política concede derechos desde el embarazo y asume una orientación provida, mientras que en Francia la maternidad se considera a menudo una carga: ¿cómo influye concretamente esta elección en su política familiar?
Nuestra Constitución estipula que la vida del feto debe protegerse desde el momento de la concepción. Por eso garantizamos una parte importante de las ayudas y reducciones a las madres a partir del segundo trimestre de embarazo; por ejemplo, la ventaja fiscal familiar se aplica a partir del 91.º día de embarazo. Esto no sólo supone una ayuda material para acoger al recién nacido, sino que también refleja una elección de valores.
El objetivo de nuestra política familiar es que la procreación no suponga una limitación a la hora de elegir entre la carrera profesional y la familia. Nos esforzamos, al tiempo que aumentamos el empleo, por ayudar a las madres a conciliar el trabajo y la educación de los hijos. La experiencia internacional demuestra que los padres se atreven a tener más hijos en los países donde, además de una alta tasa de empleo, el Estado proporciona una ayuda prioritaria a los padres para que puedan mantener su lugar en el frente familiar y laboral.
Hungría desea impulsar a su juventud, pero la Unión Europea ha excluido a las universidades húngaras del programa Erasmus, al tiempo que lo ha abierto a países no europeos: ¿cómo se entiende que Europa frene las políticas demográficas nacionales y, al mismo tiempo, haga hincapié en la inmigración?
Hungría no sólo lo desea, ¡sino que ha impulsado a sus universidades y a sus jóvenes! Con la reforma de 2020, se ha producido un cambio sin precedentes. Hemos propuesto a las universidades que lo deseen convertirse en fundaciones, un modelo flexible y dinámico. Estas universidades han recibido activos del Estado, su financiación se ha triplicado y está condicionada a determinados criterios de rendimiento. Una oportunidad sin precedentes inspirada en las prácticas de otros países, incluida la composición de los consejos de administración de las fundaciones tutelares. Sin embargo, he aquí la grotesca excusa esgrimida por la UE para excluir a 21 fundaciones universitarias de todos los programas europeos, ¡una sanción sin precedentes!
El hecho de que la Unión Europea, sobrepasando sus competencias, pisoteando el derecho a la autonomía reguladora de los Estados miembros, de forma discriminatoria e ilegal, por infracciones totalmente hipotéticas, haya excluido a estas 21 universidades es una aberración. Así que sí, la UE excluye a los jóvenes húngaros, pero busca abrir Erasmus a los países del sur del Mediterráneo, reforzando la inmigración.
Es desconcertante.
Y, mientras tanto, la Comisión da la espalda a las familias y enfrenta a los niños y jóvenes contra sus padres mediante la difusión del estilo de vida individualista y la ideología woke. ¿Es porque cree que puede alcanzar el objetivo de crear los Estados Unidos de Europa ganando nuevos apoyos con una nueva población y quiere así asegurar su poder? No podemos saberlo, pero por nuestra parte, profesamos la importancia de las familias, los valores cristianos y el derecho de los padres a educar a sus hijos. No cederemos ante Bruselas. Nuestra respuesta no es la migración, sino una política familiar ambiciosa y el fomento de la procreación. El Gobierno que no apoya esto subcontrata su futuro, renuncia a su soberanía y a la mayor parte de su fuerza. Bruselas quiere imponernos su propia agenda también en este punto, pero no cederemos, a pesar de las sanciones económicas. Nosotros, los húngaros, y nuestra cultura nacional de 1.100 años de antigüedad no estamos en venta y nadie puede obligarnos a convivir con personas que no elegimos. No queremos dictar a ningún pueblo cómo debe vivir, pero esperamos que los demás hagan lo mismo con nosotros.
Hungría considera que la familia es la unidad fundamental de la sociedad, mientras que Francia se niega a aceptar este marco: en su opinión, ¿es esta ambigüedad francesa un obstáculo importante para la eficacia de su política familiar?
En Hungría, la Ley Fundamental establece un marco normativo claro y coherente para la política familiar: estipula que la familia es la base de la sociedad, que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer, que la madre es una mujer y el padre es un hombre. Además, afirma la primacía del derecho de los niños al desarrollo físico, intelectual y moral, así como la obligación del Estado de proteger a las familias y fomentar la procreación. Esta claridad constitucional transmite un mensaje contundente y permite una acción política familiar más eficaz y unida, ya que supone una elección clara de valores. Hace unas décadas, podría haber parecido impensable tener que inscribir tales evidencias en la Ley Fundamental. Pero hoy en día, el cuestionamiento y la relativización de los valores fundamentales han ganado tanto terreno que necesitábamos este tipo de anclaje espiritual para proteger a nuestras familias y a nuestra nación.
Francia no define conscientemente una noción normativa de la familia de este tipo; sus medidas se centran más bien en los derechos individuales, el bienestar del niño y el equilibrio entre la vida laboral y la vida privada. La diferencia es, por tanto, ante todo político-filosófica: el marco normativo y pronatalista de Hungría está más centrado en la demografía, mientras que el modelo pluralista de Francia es más inclusivo. Hungría es consciente de los retos que la amenazan y, desde 2010, se esfuerza por dar una respuesta firme, unívoca y clara.
En su opinión, ¿una política familiar eficaz requiere también una visión clara de las mujeres y de la transmisión cultural?
En nuestra opinión, la política familiar es eficaz si garantiza una visión de futuro y previsibilidad a quienes planean tener hijos y los tienen. La política familiar húngara está concebida así. La familia y la procreación son valores para nosotros, creemos que el futuro de la nación son las familias. En nuestro país, las mujeres pueden realizarse no sólo como esposas y madres, sino también como miembros activos de la sociedad, las comunidades locales y la vida pública. En nuestro ministerio, de los seis secretarios de Estado, cuatro son mujeres; la secretaria de Estado responsable de las familias, por ejemplo, es una diputada que cría a dos hijos pequeños.
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El dirigente comunista que, gracias a la invasión de Hungría por las tropas soviéticas, aplastó la revolución anticomunista de 1956. (N. del Trad.) ↑




















