Las aguerridas tropas de la UE se aprestan al combate

Comentarios sobre una guerra programada

Como decía Jardiel, nadie tiene más probabilidades de atragantarse que quien se dedica a hacer gárgaras con huesos de aceitunas.

 


 

 

Llevan ya años gritándonos a la cara, pero en los últimos meses, coincidiendo con el proceso de paz iniciado por Estados Unidos, el mensaje se ha vuelto ensordecedor: Europa va a la guerra. Con la potencia con más ojivas nucleares del mundo.

Todas las declaraciones tienen un asustante aire de inevitabilidad. “Debemos estar preparados para la magnitud de la guerra que sufrieron nuestros abuelos o bisabuelos”, advierte en secretario general de la OTAN, Mark Rutte, porque Europa es “el próximo objetivo” de la insaciable Rusia. Putin es “un depredador” que sólo puede ser contenido con una “fuerte disuasión” militar, alerta la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. “Desde 2022 lo sabemos: se trata de una guerra de agresión de Rusia contra Ucrania y contra Europa”, anuncia, solemne, el canciller alemán, Friedrich Merz. “Y si Ucrania cae, no se detendrá, del mismo modo que en 1938 los Sudetes no fueron suficientes. Putin no se detiene”.

Desde el lado del supuesto enemigo, el mensaje es muy diferente: Rusia, asegura Putin, tiene cero intenciones de atacar a país alguno de la OTAN. Dijo recientemente estar dispuesto a consignarlo por escrito, en una declaración formal.

Realmente, es difícil atender el relato europeo. No es sólo que se contradice frontalmente con otras tramas narrativas de la misma fuente, según las cuales los rusos son un desastre militar y un enano económico que apenas ha avanzado unos pocos kilómetros en tres años, tiene que quitarles los chips a sus lavadoras para usarlos en sus misiles y se ve obligado a recurrir a multas porque se ha quedado sin vehículos militares de transporte. Una de las dos cosas no puede ser cierta, si lo es la otra.

Por lo demás, no es fácil verle la lógica a una invasión de Occidente por parte de Rusia. Siendo el país más grande del mundo y severamente infrapoblado, no es probable que ambicione territorio y, como nos recuerdan a menudo desde las cancillerías de la Unión Europea, Moscú comanda un PIB muy inferior a muchos países de la UE. No tiene mucho sentido.

Eso ha llevado al ministro húngaro de Exteriores, Peter Szijjarto, dirigiéndose a su homólogo polaco, a plantear la explicación más probable de esta retórica: es en realidad Europa la que desea una guerra con Rusia.

Y nos van preparando: planes para restablecer el servicio militar en varios países, voluntario u obligatorio, avisos de que se viene un recorte brutal de las prestaciones sociales, gasto elefantiásico en defensa. Como el Churchill más clásico, nos prometen “sangre, sudor y lágrimas”. Pero me temo que la situación es muy diferente a la de la Europa de 1939.

Que Europa se prepare para la guerra es, históricamente, cualquier cosa menos excepcional. Lo excepcional aquí son las circunstancias, empezando por el hecho constatable de que Europa no es ni sombra de lo que fue.

Los Treinta Gloriosos, el periodo de extraordinario progreso económico que permitió crear un confortable Estado del Bienestar y llevar al grueso de la población por primera vez a una clase media que veía alejarse definitivamente la pobreza y la necesidad, se debió a varios factores, pero uno esencial fue el dividendo de la paz. Por primera vez en siglos, los Estados redujeron drásticamente su presupuesto militar y subcontrataron su seguridad al “amigo americano”.

Y aquí aparece una de las primeras paradojas de la situación prebélica actual: los gobiernos europeos nos llaman a las armas justo cuando Washington está empeñado en un esfuerzo de paz con Rusia, y cuando se “filtra” el documento sobre la nueva Estrategia Nacional de Seguridad en el que viene a decir que Estados Unidos no se va a partir el pecho por Europa esta vez, que Europa no pinta nada en el entorno de las grandes potencias.

Es decir: estaríamos desafiando a Rusia, ninguneando a China y de uñas con la administración norteamericana. Un plan sin fisuras. Y todo, teóricamente, por defender la sagrada soberanía de un país inventado ayer por la tarde en manos de una camarilla corrupta. La situación es tan absurda que muchos observadores, perplejos, concluyen que se trata de un engaño, un modo de movilizar a los ciudadanos, advertirles de que nos llega más pobreza y más control, pero sin que la sangre llegue al río.

No será por falta de alarmas. Hemos tenido el pánico pandémico, utilísimo para tantear el borreguismo ciudadano, y aún seguimos con la demencia climática, aunque aquí el fervor va a menos.

Pero la guerra, esa última ratio de la historia, es un fenómeno curioso. No hay nada que la fuerce tanto como anunciarla a todas horas, aunque sea con la boca pequeña, y en Ucrania los europeos (la OTAN, dicen, pero con un socio abrumadoramente mayoritario cada vez más renuente) se muestran cada vez más audaces en su colaboración bélica. Dicho en palabras de Jardiel Poncela, nadie tiene tantas probabilidades de atragantarse que quien se dedica a hacer gárgaras con huesos de aceituna.

Sin embargo, más de medio siglo de paz y prosperidad no es la mejor preparación para un ejército. Tampoco lo es un periodo equivalente de desnacionalización de las masas. Las nuevas generaciones de europeos, las que presuntamente deberían acabar arrastrándose por la rasputitsa ucraniana bajo los drones rusos, han sido exitosamente bombardeadas con mensajes de culpa civilizacional, endofobia furiosa y alergia a los uniformes y al fervor patriótico. Según las encuestas, la proporción de jóvenes de la mayor parte de países europeos que se dicen dispuestos a empuñar las armas para defender a su patria de una invasión (no digamos ya, luchar por un país que apenas pueden identificar en un mapa mudo) es desoladoramente baja.

El joven europeo no ha vivido guerra, ni su padre, ni su abuelo. Se le ha dicho desde pequeño que las fronteras son un artificio odioso, que tiene que avergonzarse de su historia, que los que llegan de fuera, de muy lejos geográfica y mentalmente, son mejores. A los jóvenes europeos les han llenado el país de extranjeros con otras lealtades, les han “deconstrudo” su masculinidad, ven que van a vivir peor que sus padres y están desarrollando un más que comprensible rencor hacia las autoridades nacionales y despego hacia las europeas. ¿Y va a estar dispuesto a integrarse en un ejército multinacional para morir por… qué? ¿Por Ursula von der Leyen y su pony?

Es fama que una de las primeras profecías fallidas de Karl Marx se refería a la guerra. Marx creía que se acercaba la guerra europea, la que estallaría décadas después de su muerte, en 1914. Pero creía que la guerra en cuestión no llegaría a librarse, porque el proletariado inglés entendería que estaba más hermanado con el proletariado alemán que con sus propios compatriotas capitalistas.

Cuando finalmente estalló la guerra, sin embargo, el obrero alemán aborrecía al inglés tanto como a sus patrones, y millones de ellos murieron en las trincheras con muy poquita conciencia de clase y mucha conciencia de tribu.

Y eso, aparte de la obvia posibilidad de aniquilación nuclear total, es uno de los peligros que para la casta gobernante tiene este azuzar el ardor guerrero y animar o forzar la recluta. La guerra es imprevisible en su resultado, pero en su consecución es siempre de derechas, en el sentido primario de que uno sólo puede arriesgar la vida por los suyos, entendido el término como los pertenecientes a la misma nación, al mismo pueblo. También en que la guerra fomenta en el varón unos rasgos dormidos que se dan de bofetadas con todo lo que representa el régimen woke, empezando por una masculinidad absolutamente tóxica.

No sé si nuestros gobernantes se han parado a pensar seriamente en lo que están haciendo al poner armas poderosísimas en manos de una generación que les aborrece. Sospecho que no, que aún hoy es válida la vieja máxima de que los dioses enloquecen a quienes quieren perder.

© IDEAS – La Gaceta

 


 

Ha salido el n.º 4 de nuestra revista
ÉLÉMENTS-EL MANIFIESTO

¡Descúbrala AQUÍ!

Compartir:

Más artículos de Carlos Esteban

Suscríbase

Reciba El Manifiesto cada día en su correo

Destacado

Lo más leído

Temas de interés

Confirma tu correo

Para empezar a recibir nuestras actualizaciones y novedades, necesitamos confirmar su dirección de correo electrónico.
📩 Por favor, haga clic en el enlace que le acabamos de enviar a su email.