Un filósofo ‘woke’ emprende una cruzada contra la belleza

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Como si no le bastara toda la fealdad que emponzoña hoy al mundo, un tal Frédéric Spinhirny, de profesión «filósofo», publica en el izquierdista periódico parisino Libération un alegato en el que, pidiendo más, mucha más fealdad aún, exige que nos desprendamos de la idea misma de lo bello, «ese privilegio blanco y antiigualitario».
«El privilegio de lo bello —afirma— es un fenómeno que combina lo bello, lo blanco y lo burgués, y al que se puede añadir que responde a la mirada masculina.»

 


 

La tregua invernal ha llegado a su fin. Ahora que el encantador paréntesis de las fiestas navideñas acaba de cerrarse, Libération ya ha retomado sus viejas costumbres. Entre dos artículos contra el canal de televisión CNews, el diario publicó el 30 de diciembre una larga entrevista a un filósofo llamado Frédéric Spinhirny. En ella, este disertaba sobre el «privilegio de lo bello», esas ventajas de las que se benefician de una u otra manera las personas dotadas de un físico atractivo. «Esto parte de observaciones personales, de una sorpresa que se remonta a mis estudios. En las grandes escuelas, en Ciencias Políticas, París, recuerdo cierto elitismo físico, una forma de distinguirse por la apariencia, de cuidar la estética, la actitud», declara el intelectual que cree haber descubierto ahí un «impensado». A continuación, se acumulan los lugares comunes sobre la «preferencia social masiva por los cuerpos considerados atractivos», el impacto en la carrera profesional y la vida de pareja, el papel reforzador que desempeñan las redes sociales y «nuestra época de visibilidad permanente», la injusticia de una desigualdad relacionada con un cuerpo «heredado al nacer», etc.

En medio de estas obviedades, el filósofo también suelta algunas falsedades sorprendentes. Explica, por ejemplo, que el éxito de audiencia de Miss Francia ilustra nuestra obsesión por «los cuerpos esbeltos, altos y más bien blancos», cuando tres de las cinco finalistas del último concurso eran bellezas exóticas y Miss Francia 2025 no era precisamente «esbelta»… También afirma que, en la pantalla, los físicos considerados poco agraciados se reservan para los papeles secundarios, para los villanos. ¿De verdad? ¿Qué hay de la magnífica Angelina Jolie, que interpreta a la terrible Maléfica? ¿Qué hay de Corinne Masiero, que encarna a la heroína Capitana Marleau?

 

Una lectura antioccidental

Como no podía ser de otra manera en Libération, el artículo sale rápidamente de su ángulo pseudofilosófico para pasar a una crítica muy partidista de la identidad occidental. Así, nos enteramos de que el «privilegio de lo bello» sería ante todo un «privilegio de los blancos», dictado además por la «mirada masculina». «La piel blanca siempre se ha asociado a la pureza», denuncia valientemente Frédéric Spinhirny. ¿De dónde provienen estas normas de belleza terriblemente opresivas? De la «filosofía occidental», por supuesto. El «pensamiento religioso cristiano» también es culpable, ya que su iconografía ha «sedimentado» los peores estereotipos: las proporciones, la luz para el bien, la oscuridad para el infierno, etc. Por último, también se destaca el papel nefasto de la literatura europea del siglo XIX, cuyos héroes buscan la belleza.

¿Qué propone el filósofo para poner fin a este privilegio de lo bello y, por fin, hacer triunfar lo feo? En el preámbulo, recuerda que todo es política, incluida la estética. Por lo tanto, anima a los poderes públicos a recuperar el control sobre nuestro imaginario y a aprobar leyes para moldearlo mejor. Elogia en particular el trabajo realizado por la Arcom, que impone cada vez más personas «consideradas no blancas» en los medios de comunicación, pero pide aún más. «Hay que ir más allá», afirma. «He propuesto a la Arcom, que no me ha respondido, hacer lo mismo con las personas consideradas «no bellas»». Se mencionan otras vías: prohibir los concursos de belleza televisados, «replantearse» la publicidad o imponer cursos de formación sobre la discriminación por motivos de apariencia, especialmente en el mundo laboral. Y si todo esto no basta para convencernos de que lo feo es bello, queda una última solución posible: el bisturí. «Existe una enorme moda por la cirugía en todas partes, independientemente de la edad, el lugar y la clase social», observa el filósofo. «En lugar de decir que es malo y capitalista, me dije: “¿Por qué no convertirlo en un bien común?”»

¿Consistente, pues, en pasar por el quirófano para, desfigurando rostro y cuerpo, librarnos de esta herencia blanca y nauseabunda que es la belleza?

© Boulevard Voltaire

 

Con su portada (y sus artículos)
‘Éléments’ no cultiva precisamente lo feo…

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