«Cualquier cosa por ser libres. Cualquier cosa por acabar con este mal», dice el autor, lógicamente anónimo, de estas líneas, de este grito que nos llega desde el mismísimo Irán.
Sabemos de sobra lo que es el orden materialista y mercantilista que algún día —probablemente no hoy— acabará derrotando a la tiranía islámica; a esa teocracia tan espiritual, tan identitaria, es cierto (¿será por esto por lo que algunas voces se alzan a su favor en la derecha identitaria?). Francamente, si es esto la espiritualidad, si es para acabar entre las garras de tan siniestra clerigalla, «cualquier cosa antes que este mal», como dice nuestro luchador iraní.
Como iraní que se mantuvo conectado a través de Starlink durante el apagón total de internet, quiero confirmar de todo corazón lo que acaba de decir el presidente Trump: “El pueblo iraní quiere ser libre. Han vivido en un mundo del que usted no tiene ni idea.”
Durante 47 años, mi pueblo ha soportado torturas sistemáticas, violaciones, asesinatos, humillaciones, ansiedad, represión y dolor bajo la República Islámica. Ha sido un sufrimiento largo y agotador, marcado por picos brutales como las protestas de enero, las ejecuciones masivas y, ahora, la guerra.
El mundo no tiene idea de la escala ni de la profundidad de estos horrores. Sólo cuando este régimen malvado finalmente caiga, la verdad completa se derramará en calidad y cantidad que conmocionarán a la humanidad.
Hemos llegado ahora a un punto en el que casi ningún costo es demasiado grande si nos libera de este régimen. Porque el costo de que permanezca en el poder es infinitamente mayor.
Si estás leyendo esto y no puedes entender cómo cualquier iraní podría sentirse aliviado ante la idea de que su propio país pierda una guerra y sea bombardeado…, te envidio. Nunca has vivido lo que nosotros hemos vivido. Nunca has visto a tu pueblo, amigos, familia y seres queridos ser torturados, violados o asesinados casi a diario y durante medio siglo. Nunca has visto a toda una nación ser sofocada lentamente pero brutalmente de esta manera.
Probamos cada alternativa imaginable: protestas masivas, disidencia, reformas pacíficas, negociaciones —todo—. Nada funcionó. La respuesta del régimen siempre ha sido balas, horcas y más terror. Ahora, a menos de 24 horas del plazo de Trump, escribo esto con el corazón apesadumbrado desde el interior de Irán: suceda lo que suceda a continuación —si aún queda un Irán que salvar y este régimen ha desaparecido—, el pueblo iraní estará feliz con el resultado. Sin importar el costo.
Porque el costo de que el régimen permanezca es mayor y, para muchos de nosotros, la muerte misma es preferible a otro día bajo esta pesadilla. Éste es el verdadero sentimiento de la mayoría de los iraníes: la voz de un pueblo que a menudo no tiene internet, ni plataforma, ni forma de ser escuchado.
El mundo pronto entenderá por qué decimos: «Cualquier cosa por ser libres. Cualquier cosa por acabar con este mal».












