Suceden a veces cosas tan sorprendentes como penosas, y aunque,en últimas, sean de escasa relevancia, importa abordarlas y examinarlas
Curioso, realmente curioso…, quién nos iba a decir que…, nunca me lo habría podido creer…, quién te ha visto y quién te ve… Etcétera, que la lista es larga y tampoco se trata de ponerla completa para expresar la estupefacción que a uno le invade viendo a quienes hasta ayer mismo no paraban de despotricar contra «el okupa de la Moncloa», y hoy, en cambio… Despotricaban sinceramente, no lo pongo en duda, pero hete aquí que les ha bastado que las bombas norteamericanas y hebreas («sionistas», dicen) cayeran sobre la enturbantada testa de los sátrapas iraníes para que nuestros derechistas patrios se pusieran tanto al lado de estos últimos como del autócrata de la Moncloa. Con entusiasta fervor le aplauden la antiimperialista cruzada que, negando a los americanos el uso de sus bases en España, ha emprendido contra el Mal encarnado por el demonio trumpiano de Washington.
Sí, claro está, ya lo sé: sólo tapándose la nariz es como nuestros derechistas aplauden a los sátrapas de Irán y al autócrata de aquí. ¡Sólo faltaría que no se la taparan! Les sería imposible soportar el hedor que no puede sino herirles el olfato cuando se enteran, por ejemplo, de que, al apoyar a Sánchez, también se están poniendo al lado del Soros cuyo hijo «ha declarado a España “líder del mundo libre”». Es Hughes quien lo señalaba en un espléndido artículo de La Gaceta («Sánchez y la coalición tercermundista») en el que zahería, entre otras cosas, a «las derechas […] que podrían también muy bien ser islamoderechas». Unas derechas cuyo «antijudaísmo —añadía— funciona como una especie de terraplanismo geopolítico. Para unos el Sol es una conspiración, para ellos es Sión». Y concluía: «el antisionismo online es sobre todo un problema cognitivo. El Quevedo de esta gente es Prada, que ha escrito que a Trump le han grabado “estuprando niñas”. Con dos cojones».
Volvamos a la nariz que nuestros «islamoderechistas» se ven obligados a taparse. Sí, es cierto, también lo sé de sobra: lo político no deja de ser un sutil juego de posibilismos y alianzas donde no existe ningún Bien absoluto. Sólo hay bienes relativos, y entre ellos se trata de escoger, apoyar o coaligarse con el mejor o, más exactamente, con el menos malo.
El enemigo principal y el secundario
Pero ¡precisamente!… Precisamente éste es todo el problema. Porque lo que están haciendo y diciendo nuestros identitarios en su deriva sanchista es que, entre la siniestra teocracia chiita (o sunita, que tanto monta, monta tanto) y la América de Trump, es esta última la que, para ellos, es decididamente lo peor de lo peor. Lo que están haciendo y diciendo es que el enemigo principal de Europa y Occidente no es el islam, no, de ninguna manera: nuestro enemigo principal es, según ellos, América e Israel.
Sí, ese Israel al que se le puede y debe achacar —son, por cierto, sus propias gentes quienes lo hacen…. con la mayor de las libertades— todos los yerros y males que se quiera, pero en ningún caso es un enemigo al que sería deseable derrotar. Y derrotar significaría: borrar del mapa tan pronto como los ayatolás tuvieran la bomba atómica.
¿Para qué recordar los 30.000 o 40.000 manifestantes iraníes que los ayatolás mataron en el reciente alzamiento del pueblo iraní? ¿Para qué mentar las grúas en las que se balancean los cuerpos de los ahorcados por sus opciones sexuales? ¿Para qué referir casos (lo comentábamos aquí el otro día) como el de la muchacha de 16 años ahorcada por haber sido violada? Nada de ello parece alterar al islamoderechismo. Me limitaré, pues, a la más simple de todas las preguntas: la prueba del algodón. De no tener otra opción que la de elegir entre la América de Trump o el Irán de los ayatolás, ¿dónde decidiríais, amigos, sentar vuestros reales? Sí, hasta es posible que digáis —el papel lo soporta todo— que escogeríais Irán. ¡Venga, ya!… Cuando os vea hacer las maletas me lo creeré.
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La degeneración occidental
Todos odiamos la degeneración de nuestro mundo europeo y occidental. Nuestra degeneración es incluso más refinadamente sutil y, por tanto, peligrosa que las de cualquier tiranía islámica o teocrática. Por una sencilla razón: el mundo liberal disimula mucho más pérfidamente las doradas cadenas con las que nos sujeta. Sus coartadas son mucho más elaboradas, refinadas; pero estas coartadas —las «libertades», tal como se aplican y entienden— son precisamente las que nos dejan vivir y respirar incomparablemente mejor. Son ellas las que nos permiten, por ejemplo, estar ahora mismo atacando al Sistema y tener la seguridad de que, hoy por hoy al menos, nada nos va a ocurrir.
Es por ello por lo que no hay la menor duda: entre el Irán de los ayatolás y la América de Trump, es ésta la que todo hombre libre debe elegir.
No cualquier América, sino la de Donald Trump, y la de Elton Musk, y la de J. D. Vance… El Vance que, hace un año, pronunció en Munich aquella conferencia que hasta hizo que algunos lloraran de emoción viendo cómo todo un vicepresidente de Estados Unidos, invocando prácticamente las mismas razones que nosotros, ponía las peras a cuarto a la degenerada oligarquía europea. Sí, lo que está en el otro platillo de la balanza no es solamente «América», no es sólo este país nihilista y wokista, tan desespiritualizado, degenerado y globalziado como la propia Europa. No es la América de los Biden, Obama, Clinton…. la que corresponde elegir. Es la de Trump, Musk, Vance… Es también la América popular de las gentes de MAGA (Make America Great Again), la América que quiere ser grande, fuerte, poderosa, claro que sí. Y, para serlo, tiene que apartar a quienes se le cruzan por el camino; como siempre han hecho, por lo demás, los hombres movidos por la férrea voluntad de poder que decía aquél; los hombres que ignoran y desprecian la meliflua voluntad de debilidad que desde hace casi un siglo se ha apoderado de nuestras entumecidas almas.
¿También del alma del pueblo español? También, sin duda, no nos tapemos los ojos. ¿Cómo entender, si no, los casi cincuenta años de régimen del 78, con las masivas, repetidas votaciones a sociatas, peperos y separatistas? Ocurre sin embargo que las cosas están empezando a cambiar. Y si es altamente deplorable el aplauso que el antiamericanismo y el antijudaísmo de algunos les hace tributar a un Sánchez, no nos engañemos: todo eso no deja de ser ruido emanado de las Redes y circunscrito a la gran corrala de Internet.
Si hablamos del pueblo, de ese pueblo que por tierras de Extremadura, Aragón y Castilla abarrota los mítines de VOX; si pensamos en esas gentes que aclaman a Santiago Abascal, en quien ven, y no se equivocan, el temple de un caudillo; si nos referimos a esas buenas gentes de las que Machado decía que «viven, laboran, pasan y sueñan, y en un día como tantos, descansan bajo la tierra», no nos engañemos tampoco ahí: a esas gentes ni se les pasa por las mientes la idea de hacer suyo el antiimperialismo de mentirijillas del tal Sánchez, ni la de reprochar al «sionista de Abascal» —por ahí puede uno leer tal epíteto— su apoyo a Israel y su condena sin fisuras del islam.
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