Un último hombre se abraza al último modelo de robot

Último esperpento del “último hombre”: fornicar con robots

Ya conocen, amigos, las palabras de Nietzsche; y, si no, helas aquí:

¡Ay! ¡Llega el tiempo en que el hombre dejara de lanzar la flecha de su anhelo más allá del hombre, y en que la cuerda de su arco no sabrá ya vibrar! […]

¡Ay! Llega el tiempo en que el hombre no dará ya a luz ninguna estrella. ¡Ay! Llega el tiempo del hombre más despreciable, el incapaz ya de despreciarse a sí mismo.

¡Mirad! Yo os muestro el último hombre.

“¿Qué es amor? ¿Qué es creación? ¿Qué es anhelo? ¿Qué es estrella?” —así pregunta el último hombre, y parpadea.

La tierra se ha vuelto pequeña entonces, y sobre ella da saltos el último hombre, que todo lo empequeñece. Su estirpe es indestructible, como el pulgón; el último hombre es el que más tiempo vive.

“Nosotros hemos inventado la felicidad” —dicen los últimos hombres, y parpadean.

La felicidad que los últimos hombres se inventan la encuentran ahora… en fornicar con robots.

Véanlo.

 

 

¡Échele un ojo!
No se pierda la más
apasionante revista cultural


Más artículos de ElManifiesto.com

Suscríbase

Reciba El Manifiesto cada día en su correo

Destacado

Lo más leído

Temas de interés

Compartir este artículo

Confirma tu correo

Para empezar a recibir nuestras actualizaciones y novedades, necesitamos confirmar su dirección de correo electrónico.
📩 Por favor, haga clic en el enlace que le acabamos de enviar a su email.

Suscríbase a nuestro
Boletín de Noticias

Reciba El Manifiesto cada día en su correo