¿Por qué poetas, hoy, aquí? ¿Por qué César Molinero?

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«¿Por qué poetas, hoy aquí?», en esos tiempos de zozobra, como los llamaba Hölderlin. Precisamente porque, zozobrosos, los tiempos transcurren más cerca que nunca del abismo mismo del mundo; y éste, hecho de luz y de tinieblas, de angustia y de esperanza, es el lugar primigenio de la poesía.

Pero, por zozobrosos que sean los tiempos, pocas son las grand es voces poéticas que atruenan en ellos. Sus auditores —la poesía se escucha más que se lee— aún son menos, es cierto. Por ello, cuando en medio del desieto suena de pronto una voz poética tan intensa como la de César Molinero, uno no puede sino ampararse de ella y ofrecérsela a nuestros lectores-auditores.

La encontrarán en particular en El mananotial de la doncella, el último poemario que acabamos de publicar de él. Lo acompañamos de un estudio crítico elaborado por José Antonio Mendiébal.

 


 

La herida y la visión
Notas sobre El manantial de la doncella,
de César Molinero

El manantial de la doncella se presenta como un libro de poesía de extraordinaria densidad simbólica y ambición ontológica, una obra que no concibe el poema como mero ejercicio estético, sino como acto de conocimiento y de exposición radical. Desde sus primeras páginas, el lector percibe que se encuentra ante una escritura que no busca la complacencia ni la transparencia, sino la revelación por exceso, por acumulación de imágenes, por tensión sostenida entre lo visible y lo invisible. Este libro no describe el mundo: lo somete a una presión extrema para que muestre su fractura.

Uno de los rasgos más distintivos del volumen es su imaginería material y corporal, que convive de forma constante con un pensamiento teológico, histórico y metafísico de alto riesgo. La carne, los residuos, la enfermedad, la ruina y la herida no aparecen como meros motivos provocadores, sino como lugares de inscripción de lo sagrado. Lo divino, lejos de ofrecer consuelo, se manifiesta como ausencia, negación, resto o repetición traumática. El libro articula así una poética cercana a la teología negativa y al imaginario gnóstico, donde Dios no se revela en la plenitud, sino en el silencio, en el dolor y en la destrucción que acompaña a la historia humana.

Formalmente, El manantial de la doncella despliega una voz de gran control rítmico y sintáctico, sostenida por versos largos, encabalgamientos tensos y una musicalidad grave, casi litánica. La acumulación de imágenes no es arbitraria: cada elemento contribuye a la construcción de un sistema simbólico coherente, en el que los colores, las materias y las figuras reaparecen con variaciones significativas. Incluso cuando el poema se abre a una mayor contemplación, nunca abandona la presión conceptual; la belleza está siempre atravesada por una inquietud que impide la lectura pasiva.

El libro mantiene, además, una relación intensa con la historia y la cultura, entendidas no como depósito de referencias, sino como campo de ruinas. La mirada poética asume una posición de testigo extremo, obligada a contemplar la catástrofe y la repetición sin promesa de redención. En este sentido, la obra posee una dimensión ética profunda: no ofrece respuestas ni alivio, pero sí una fidelidad radical a la experiencia del mundo en su estado de temblor. La historia aparece como herida abierta, y el lenguaje como el único espacio donde esa herida puede ser sostenida sin clausura.

En conjunto, El manantial de la doncella es un libro exigente, coherente y de gran altura literaria, que se inscribe en una tradición visionaria poco frecuente en la poesía contemporánea. Su fuerza reside en la combinación de rigor formal, riesgo conceptual y una imaginación simbólica de largo alcance. Es una obra que reclama lectores atentos y dispuestos a atravesar zonas de incomodidad, pero que ofrece, a cambio, una experiencia poética rara y necesaria: la de mirar de frente aquello que, habitualmente, el lenguaje prefiere eludir.

 


 

Concluyamos con el poema que da título al libro

EL MANANTIAL DE LA DONCELLA

Ante el lento temblor de las constelaciones
(ante el lento temor de las constelaciones)
hay lo que solo se sostiene
sobre el más ligero capitel de la Noche
crisantemos que la boca del lobo
pasarán
hacia el dorado amanecer de otro imposible
día en lo rubio de los árboles
y en el hondo manantial de la doncella
gota de sangre en la garganta de un pájaro
redención de las mínimas cargas
sobre el más ligero capitel de la Noche.

 

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