«Iban a mí con mucho miedo a decirme que andaban
los tiempos recios y que podría ser me levantasen
algo y fuesen a los inquisidores.»
—Santa Teresa de Jesús
Un monstruo recorre Europa: el declive de las libertades. Y, por lo tanto, el declive de la propia democracia. Ningún país europeo ha escapado de ese monstruo. Tampoco Rusia, que también es Europa. Ni tampoco España.
Europa viene perdiendo libertad desde ya hace algún tiempo. Lo vimos con la crisis del COVID, en la que la población aceptó los arrestos domiciliarios y la imposición de bozal y vacunas e incluso aplaudían con mansedumbre desde el balcón. Con la guerra de Ucrania el aro se ha estrechado y la libertad de expresión que hace 15-25 años teníamos se desvanece, vapuleada y acosada por los burócratas de Bruselas y por narrativas distorsionadas emitidas por medios pagados al servicio del Sistema.
Europa o, mejor dicho, la UE, va en rumbo de colisión. Lo que en su día fue un sólido edificio hace aguas y se le abren grietas por todas partes. Pero, de todos los males, el peor es el declive de las libertades, y de ellas sobre todo la libertad de expresión. Declive consustancial con los dos mayores vicios de una UE, que ya muchos empezamos a llamar la UERSS: una burocracia asfixiante, por un lado, y una excesiva reglamentación por otro.
Vayamos a los hechos. Son éstos:
I. EL ESCANDALOSO CASO DEL CORONEL BAUD: ¿Un nuevo caso Dreyfuss?
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- Un caso tan escandaloso como importante y significativo de lo que en la UE está pasando. Ante todo, el coronel no es un cualquiera. Fue durante años responsable para Rusia y Europa del Este de los servicios de inteligencia de Suiza. Como buen profesional, se metió en la piel de su adversario para lograr comprenderlo. Y se convirtió en uno de los mayores expertos en Rusia de Europa. Con cientos de miles de seguidores online, ha escrito varios libros muy buenos sobre la mentalidad rusa y la estrategia que desde el Kremlin se sigue. Sabe de lo que habla. Es serio, y con frecuencia expone sus opiniones en artículos o programas de YouTube. Y tiene claras las ideas sobre la guerra de Ucrania: fue provocada por los USA y la UE, pero la guerra está perdida para la NATO: Cuanto antes acabe, menos gente morirá y menos territorio perderá Ucrania.
- Pues bien: Por sus opiniones disidentes de la propaganda UE/NATO sobre la guerra de Ucrania, Baud ha sido sancionado por la UE. Junto con una docena más de personas. Podrá uno estar o no de acuerdo con sus afirmaciones. pero éstas se hacían en un lugar, Europa, que en teoría decía proteger y defender la libertad de expresión.
- Inaudito. Sancionado sólo por decir lo que piensa. “Propaganda (rusa, claro) y desinformación y teorías conspirativas”, es lo que la UE aduce. Y eso es falso. Lo terrible para Baud es que, viviendo en Bélgica, sus cuentas han sido bloqueadas (¿cómo contratar así a abogados?) y ya no puede viajar a otros países de la UE. Le han hundido la vida. ¿Ha decidido esto un juez, tras un proceso con suficientes garantías? No. Es una decisión política. Sin Ley ni juzgado que lo respalde. Condenado sin juicio ni procedimiento. Incluso en tiempos de la Inquisición se tenía derecho a un juicio. Pero las sanciones a Baud las han decidido desde el poder ejecutivo. “Separación de poderes”, lo llaman. Totalitarismo, en realidad. Como bien señala el profesor de Zayas (Ginebra) en una reciente entrevista sobre el Caso Baud: “Volvemos a tiempos de la Inquisición. El pensamiento independiente no es promocionado, sino combatido”. ¿Quiénes serán los siguientes perseguidos por la Inquisición de Bruselas por decir la verdad? ¿Mearsheimer, o Sachs, o Ritter, o el profesor Diesen, o el coronel Macgregor o el profesor de Zayas o el coronel Baños o Moragón o el embajador Zorrilla o yo mismo o tantas personas que piensan por sí mismas al margen de la propaganda oficial?
- Drama personal, sin duda. Pero, ante todo, un síntoma de cómo la UERSS concibe una libertad de opinión que dice defender cuando en realidad sucede lo contrario ¿Y va Europa por el mundo intentando dar lecciones de democracia? En doble moral, más bien, es la campeona.
Los burócratas de Bruselas han elegido a Baud como chivo expiatorio por un motivo: su influencia mediática. Baud no es ningún desconocido. Pero hay más sancionados en la misma tesitura: Xavier Moreau, Nathalie Yamb, y otros europeos (varios periodistas alemanes, también) engrosan la lista de perseguidos por la nueva inquisición de la UERSS. Es un aviso de navegantes: “esto también te puede pasar a ti si eres disidente o piensas por ti mismo o estás contra nuestra propaganda”, parece ser el mensaje. La antítesis de una democracia sana. Una “tiranía disfrazada de democracia”, en acertada expresión reciente del secretario de Estado norteamericano, Marco Rubio.
II. DETENIDOS POR EXPRESAR SU OPINIÓN EN INTERNET
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- Según algunas fuentes, el Reino Unido se ha convertido, por delante de países como Rusia o China, en el país del mundo con más gente detenida por comentarios en Internet. Penas de prisión. Fin de la libertad de expresión. Miedo al “gran hermano”. Más de 12.000 personas (cifras de 2023) detenidas por decir online lo que piensan. Lo vemos a diario en informaciones de las que no salen en la prensa sino en canales de Telegram o YouTube. Son los hechos.
- De los países europeos, Alemania va en segundo lugar: más de 3500 detenidos por la nueva Inquisición. Son los hechos.
Las fuentes nunca son del todo fiables, claro, pero es obvio que el Reino Unido va a la cabeza de semejante atentado contra la libertad de expresión. ¿Fair play? Cinismo y censura, más bien.
III. EL CASO DE ESPAÑA
Según esas mismas estadísticas, Francia iría en un puesto más asumible, con unos 50 detenidos. Pero ¿y España? Que se sepa, pocos o ninguno son los detenidos por comentarios online, salvo que se trate de calumnia o graves injurias. Bien.
Pero en España, como en Italia (países más juiciosos, viejos y prudentes que los del resto de Europa), la censura es más sutil. Basta con que los medios del sistema (muchos dependientes de ayudas estatales) silencien o ninguneen al crítico. No hay arrestos. Pero sí censura implícita. Finezza mediterránea, pero censura, a fin de cuentas.
Y, además, el lobby de los servicios de inteligencia extranjeros. El más antiespañol de ellos, el MI6 (británico, claro), organizó una agresivísima campaña contra el coronel Pedro Baños, nominado en 2017 como director de Seguridad Nacional. Y triunfaron. Baños, cancelado. Motivo que aducían: “demasiado prorruso”. Una tontería. Manipulación malévola de quienes esto dicen. Baños nunca ha estado en Rusia ni habla ruso, como yo. Lo que era, y es, es proespañol: un gran patriota que defiende los intereses generales de España, y no los de los anglosajones. Por eso le impide el MI6 ascender a General.
Hay más casos: Juan Antonio Aguilar, por ejemplo, que ha tenido dificultades por decir lo que piensa. Y Ezequiel Bistoletti, lo mismo en la universidad. Y tenemos el abracadabrante caso del YouTuber Fernando Moragón. Viví de cerca ese episodio, pues a ambos Rusia nos invitó como observadores en las elecciones presidenciales de 2024. Tanto él como yo elegimos ir a Donetsk. Pero cuando mis abogados me dijeron que era peligroso por las sanciones europeas, escribí a Moscú y decidí cambiar de destino y volar al extremo Oriente: Vladivostok, cerca del Japón. Se lo dije a Moragón: “te pueden crujir; no vayas al Donbás”. No me hizo caso. A los pocos meses, le cita la fiscalía española por haber estado en Donbás diciéndole además que debería ir con abogado, es decir trato de imputado y no de testigo. Así es la UE. Está en pánico.
¿Más casos en España? Seguro que los hay. Me he limitado a contar los que conozco de cerca.
IV. EUROPA, SIN LIBERTAD DE EXPRESIÓN NI DE OPINIÓN
El panorama es desolador. Y ha tenido consecuencias en la relación con los USA y con el mundo. Veamos:
- Ante todo, recordemos el reciente (y muy importante) Documento de Seguridad Nacional de los EE. UU., muy crítico con la excesiva regulación en Europa y más crítico aún con la falta de libertad de expresión en Europa. Podrá criticarse a los EE. UU.; podrá uno oponerse, como hace quien esto escribe, a la agresiva política exterior de los EE. UU. y su escasa fiabilidad; podrá criticarse el estilo del documento, con demasiados adjetivos y que a veces parece un artículo de opinión más que un papel académico de Política Exterior. Pero, aunque en Europa no se ha entendido, es un buen documento, muy realista, que supone un giro de 180 grados sobre las nefastas políticas de Biden y sus predecesores del Partido Demócrata. Y, seamos objetivos, supone un claro distanciamiento con la decadente Europa. La UE y los USA van, ahora, en rumbo de colisión. El atlantismo se debilita. Habrá tensiones en la NATO, y ésta hasta podría llegar a disolverse.
- Ya el vicepresidente de los EE. UU., Vance, había dado en la diana en su excelente e histórico discurso (sin leer un papel) en la Conferencia de Seguridad de Munich de febrero de 2025. Vance habló claro: La UE va por mal camino. Excesiva regulación y nefasta limitación de la libertad de opinión. Cuadra perfectamente con el posterior Documento de Seguridad Nacional USA.
- Podremos pensar lo que queramos sobre los EE. UU. (donde he vivido cuatro años); podremos oponernos, con razón, a su política exterior contraria a España y el mundo hispano. Pero lo cierto es que allí no sólo hay más libertad de expresión que en la UE, sino mayor debate y de mayor calidad. En Europa el debate está reducido a meritorios medios como éste en el que escribo y a los canales de YouTube o Telegram disidentes mientras no los prohíban. Nada que merezca la pena escuchar o leer en los medios mainstream del Sistema. En los EE. UU., en cambio, hay más nivel y más profundidad de análisis. Publicaciones como el excelente The American Conservative, el imprescindible RealClear World, o a veces Político o The Hill, nada marginales, e incluso de vez en cuando medios de más difusión como el sinuoso NYT o el Wall Street Journal y alguno más ofrecen en ocasiones artículos bien pensados y de calidad que tienen influencia y que de hecho han contribuido a causar el importante giro de 180 grados (¡otro así necesita la UE!) plasmado en el documento de Seguridad USA mencionado en líneas anteriores. Por no hablar de los impresionantes videos en YouTube del juez Napolitano, John Mearsheimer (catedrático en Chicago), el coronel Macgregor, Jeff Sachs (sería, como Glenn Diesen, o Francesca Albanese un buen candidato al Nobel de la Paz) y muchos otros, incluidos los comentarios en “X” del extravagante, pero casi siempre certero Elon Musk. En los USA sí hay razonable libertad de opinión. En la UE, no.
- Y, ¿cómo se percibe en Europa la Inquisición actual? ¿Está todo el mundo de acuerdo en que se restrinjan las libertades? Obviamente, no. Vayamos al país central y clave en la UE que, querámoslo o no, es Alemania, en parte muy responsable del origen de la guerra en Ucrania. Un excelente estudio recientemente publicado por el diario mainstream menos propagandista y sin duda el más serio en alemán, la NZZ de Zurich, arroja luz sobre el asunto.
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- Y la situación es la siguiente: Por un lado, la población alemana en su mayoría está convencida de que la libertad online se ha deteriorado mucho y que “mejor es no decir lo que se piensa”. Pero, por otro lado, los dirigentes tipo Merz o Leyen, desconectados de la realidad y aclamados por periodistas del sistema a sueldo, afirman lo contrario: En Alemania, nos dicen éstos, sin ruborizarse, hay libertad de expresión. La clase política y mediática va por un lado. La población, por otro. Recordemos los 3.500 detenidos en Alemania por comentarios online. Por eso se reaccionó en las castas rectoras de Alemania y de Europa en general de modo tan histérico cuando Vance en febrero de 2025 en Munich dijo la verdad. La nueva inquisición en Europa machaca la libertad de expresión. Los EE. UU. actuales, sin ser perfectos ni mucho menos, nos dan merecidas lecciones de democracia.
- El análisis de la NZZ (dediquémosle un párrafo más) no tiene desperdicio. Veamos la estadística: ¿Quiénes creen que la libertad de expresión en Alemania está salvaguardada? Primero, los verdes (15%). Luego, los socialdemócratas (34%). Lógico, pues aplauden el encarcelamiento de quienes niegan los dogmas climáticos y los dogmas socialdemócratas. ¿Quiénes, en un 89%, piensan que Alemania es un país bajo censura? Los votantes de AfD sobre todo, que defiende otros valores de momento vapuleados como los son el coto a la inmigración ilegal, la negación de los dogmas climáticos, la oposición al aborto, el fomento de la natalidad y la necesidad de un entendimiento con Europa del Este, es decir con Rusia. Pero precisamente por eso, las siguientes elecciones generales en Alemania las ganará AfD, y eso prueban los sondeos. El nefasto Merz, actual canciller, furibundo antirruso (en realidad antieuropeo) y muy poco realista, pasará al basurero de la Historia. La gente, con razón, está harta de que la hayan engañado. El electorado da la espalda a los anticuados partidos tradicionales.
- ¿Sólo en Alemania hay oposición a los inquisidores y a la censura en la UERSS? No. También en Francia, en Italia, en el Este de Europa y también en el Reino Unido. Veremos un cambio de ciclo. Lo que no sabemos con exactitud es ni cuándo, ni cómo.
- Y mientras Merz siga de canciller en Alemania, a Alemania le irá mal. Y también a Europa en general. La principal función de un político es evitar la catástrofe. Pero el ahora belicista Merz nos lleva a ella, secundado por su compañera de partido Leyen. A Alemania, y al resto de Europa. Si Bismarck, Genscher, Schmidt, Brandt, Adenauer o Schröder, excelentes políticos alemanes del pasado, levantasen la cabeza, estarían escandalizados por el ínfimo nivel actual.
V. UN POCO DE PROPAGANDA RUSA, AHORA
El lector o lectora que haya leído hasta aquí podrá pensar que semejante crítica a las limitaciones de la libre expresión en Europa tal vez sólo pueda ser la idea de un “propagandista ruso” que fomenta la disidencia en Europa. ¿Propaganda rusa? Pues más propaganda rusa. Es ésta:
- Seamos francos: en Rusia (subrayemos que Rusia también es Europa), la situación de la libertad de expresión es similar a la de Europa del Oeste. La disidencia, cancelada e ignorada. Aunque no tienen tanta reglamentación asfixiante como en la UERSS, una opinión contra el régimen (y no digamos contra la guerra de Ucrania) le puede llevar a uno a la cárcel. Eso sí, con sentencia judicial; cuidemos el procedimiento y no hagamos como en la UERSS. Pero, ¿hay libertad de expresión? Escasa. Como en Europa del Oeste.
- Sin embargo, aún peor que la falta de libertad de expresión en Rusia es, con diferencia, la falta de libertad de comunicación y conexión online, sobre todo para los extranjeros. Peor situación que en la UE. Lo de menos -y ya es grave- es que los extranjeros tengamos que pasar cuatro o cinco días de trámites burocráticos (incluido afiliarnos a la Seguridad Social de Rusia) para conseguir una simple SIM rusa para hablar por teléfono. En el aeropuerto de Madrid o en el de Berlín serían 4 o 5 minutos, que no días. Y sin una SIM rusa no se puede hablar con nadie ni reservar en un restaurante ni pedir un taxi en el único país del mundo en el que no hay taxis por las calles y éstos han de encargarse por un teléfono ruso. Tengámoslo claro.
- Tampoco se hunde el planeta Tierra porque en Rusia el roaming para extranjeros esté limitado, y bloqueadas las plataformas como Facebook, Linkedin, DeepL, Instagram, “X”, y por supuesto YouTube y casi todos los medios extranjeros. Y limitado WhatsApp, y las llamadas de voz y video en Telegram, como guinda del pastel.
¿Usar VPN es la solución? No mucho, pues proliferan en Rusia, además, bloqueadores de VPN. Totalitarismo digital. Muchas VPN europeas allí no conectan, y que yo sepa sólo dos o tres VPN allí a duras penas funcionan. No diré cuáles son para que no acaben bloqueándolas. Existe, cómo no, la posibilidad de una E-SIM: sólo datos, es decir que con nadie se puede hablar ni menos todavía pedir un taxi. Y en Rusia muchas compañías de e-SIM no operan. ¡Infierno digital en un mundo onlinel! - No. Lo peor no es todo esto, sino el estalinista control sobre todo el Internet en Rusia. Dificultad o imposibilidad en la comunicación. Páginas y medios bloqueados. Internet móvil parcialmente bloqueado (esto es gravísimo), salvo que se use una VPN, aunque no está bloqueado el que llega por fibra. Todo esto es nuevo, sobre todo de los últimos diez meses, pero muy inquietante. Quienes más lo sufren son los propios rusos. Ven estrecharse el cerco a su horizonte digital en un mundo que, insistamos, cada vez es más online. Los extranjeros tenemos una opción, que es por la que quien esto escribe ha optado: no regresar a Rusia en estas circunstancias. Pero los rusos de a pie han de aguantarlo y adaptarse. Aislamiento digital de Rusia, en suma.
- Sobre Rusia, con todo, los necios nos tienen acostumbrados a escuchar falsedades e idioteces. ¿Organizó Rusia, como dicen, el procés independentista catalán en inadmisible injerencia en España? Mentira. Histeria antirrusa. Sólo hubo alguna tontería publicada por algún descerebrado periodista (son legión) de Moscú. ¿Desestabilizan España o causan pandemias o lo que sea? Pura rusofobia. El problema, que nadie ve, es otro: el estalinismo digital y de comunicación en Rusia. Y esto nadie lo cuenta.
- ¿El pretexto para tanto autoritarismo digital? Si, claro, siempre hay un pretexto: “los drones ucranianos”, nos dicen. “Pronto, cuando la guerra acabe, volverá la libertad”, nos dicen. Esto es falso, por desgracia. Primero, porque la guerra, que ganará Rusia, será larga (fracasarán, ojalá me equivoque, los planes de paz, porque Europa del Oeste no entiende ni quiere entender la posición rusa), y cuando la guerra acabe se mantendrá un conflicto congelado y una relación envenenada con Europa. Segundo, porque las medidas restrictivas contra la libertad tienden a mantenerse en el tiempo. Se toman con rapidez, pero lleva lustros levantarlas.
- No regresaré a Rusia, creo. Me gusta mucho el país. Me fascina. Me gusta su excelente, magnífica gente (junto a ucranianos y bielorrusos, los más parecidos a nosotros los españoles). Gente noble y de fiar. Me gustan las ciudades rusas y los pueblos rusos, los atardeceres en el Volga, y sus majestuosas montañas, que he subido en el Cáucaso, el Altay y la Península de Kamchatka. Me gusta su música, su formidable literatura, su bellísimo y rico idioma, no tan difícil como nos lo pintan, e incluso el “enigma metido en un misterio y éste en un acertijo” del que hablaba el clásico. Pero no volveré a Rusia en las actuales circunstancias online y de comunicación telefónica. Una cosa es pontificar sobre Rusia en el papel o en los videos. Otra es encontrarse allí con la penosa realidad. Como famosamente escribió Goethe: «Se puede filosofar sobre las nubes, pero las manzanas hay que morderlas».
Rusia en la actualidad se puede visitar, sí, en viajes organizados para el turismo, por quienes estén dispuestos a quedar aislados por teléfono y online y dependientes en casi todo de la organización de turismo que toque. O del wifi del hotel, si funciona. Pero ya no es país para visitantes de verdad o amigos de Rusia que toman taxis y hablan con amigos o amigas locales. Consumo de turismo y ver museos o catedrales o hacer paseos fluviales o ir al ballet; eso es lo que queda. ¿Quién viaja, voluntariamente, a una dictadura digital para quedar incomunicado y desvalido?
VI. CONCLUSIÓN
La conclusión de lo anteriormente escrito es muy breve. Reza así:
- El panorama para la libertad en Europa, Rusia incluida, es pésimo. Y la guerra de Ucrania lo ha empeorado. ¿Volveremos a ver tiempos de libertad como los que tuvimos entre 1995 y 2010? Ojalá, pero es muy improbable.
- La equivocada narrativa europea sobre el conflicto en Ucrania cambiará, tarde o temprano. Y tal vez se asumirán las consecuencias de los anteriores errores. Pero ya será demasiado tarde. Con todo, la UE necesita un giro de 180 grados para seguir subsistiendo.
- La falta de libertad en Europa, Rusia incluida, durará décadas. Es, por desgracia, parte del espíritu de nuestros tiempos. Tiempos recios, que decía Santa Teresa.
Luis Fraga, senador en España durante 21 años (1989-2011). Asesor (2013-2014) del Gobierno de Ucrania, y destacado miembro —principal cabeza visible— del Consejo de Dirección del Instituto para la Paz en Kiev (2016-2022) hasta su reciente ilegalización. Fundador (2011) del grupo parlamentario informal de amistad entre Ucrania y España. Patrocinador (2022) del primer libro bilingüe en español y ucraniano sobre poesía y pintura ucranianas.

















