Extremadura: se hunde el PSOE, VOX duplica su fuerza y el PePe… seguirá dependiendo de VOX

El PePe seguirá dependiendo de VOX. Es decir, necesitará como mínimo la abstención de los diputados de VOX si quiere seguir pisando moqueta y sentándose en las poltronas del poder (lo único que les importa). Le salió el tiro por la culota a doña María Guardiola, la presidenta del PP extremeño. Para librarse de VOX, que le impedía devastar al país aplicando la Agenda globalista y favoreciendo la invasión migratoria[1], María Guardiola tuvo la brillante idea de disolver el parlamento regional, convencida de que los nuevos comicios le darían su ansiada mayoría absoluta. No sólo no se la han dado, sino que las nuevas elecciones han disparado los votos de VOX, que de cinco diputados ha pasado a tener once.

Sólo un magro consuelo le queda a la Sra. Guardiola. Para alzarse con la presidencia de la región ya no le hace falta que VOX vote a su favor. Le basta con que se abstengan sus once diputados.

¿Lo harán?… Y si lo hicieran, ¿sería a cambio de qué concesiones por parte del PePe?

O, por el contrario, manteniéndose doña María Guardiola igual de terca que hasta ahora, ¿se negará a aceptar las exigencias, altas sin duda, que VOX —el vencedor moral de las elecciones— no dejará de imponerle? En tal caso, los once diputados del partido de Santiago Abascal votarán obviamente en contra, lo cual conducirá irremediablemente a una nueva convocatoria electoral.

¿Qué es lo más deseable? ¿Qué es lo más deseable, no para el interés de aquellos partidos que sólo buscan su partitocrático interés? ¿Qué es lo más deseable para el interés, para el bien común de Extremadura y de España?

Alejémonos de los entresijos y argucias, de los juegos y rejuegos, de las componendas y artimañas del parlamentarismo, esa lacra de la democracia. Pensemos solamente en el bien del país (cosa no siempre coincidente, sino tantas veces opuesta al bien del Estado y su gobernabilidad). Visto todo lo visto, todo lo acaecido en los cincuenta años del Régimen del «bipartidismo», como lo llama VOX para no decir «el régimen del PPSOE,» visto todo ello, ¿cabe todavía esperar algo bueno que pudiera hacer un gobierno, regional o nacional, del PePe? ¿Se puede tener la menor confianza en tales gentes? Lejos de orientarse a ninguna alianza con ellos, ¿no se impone actuar de tal forma que los dos partidos del bipartidismo —los dos y no uno solo— queden definitivamente desbancados del poder?

La respuesta es evidente. Y lo es sobre todo hoy, con la fuerza alcanzada por VOX a nivel nacional y por los demás partidos patriotas a nivel de Europa y Occidente. Pero si desbancar a los partidos del bipartidismo es el horizonte que debe guiar la acción; si acabar con el Régimen del 78 es el objetivo final, quedan por solventar, obviamente, los modos y maneras de alcanzarlo. Que dichos modos y maneras no siempre podrán ni deberán ir en línea recta, que muchas veces obligarán a zigzaguear, o avanzar lateralmente, o retroceder incluso para luego progresar: tales son las destrezas tácticas—pero siempre en aras del objetivo final— que constituyen el ABC de cualquier acción política.

 

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