¿Cuánto vale un socio así?

Y de nuevo Hughes poniendo puntos sobre las íes, destrozando lugares comunes, rompiendo las artimañas, tan manidas, tan falsas, de la asimilación —y no sólo por parte de las izquierdas— que coloca bajo una faz demoniaca a Estados Unidos e Israel. «Al imperialismo y al sionismo», dicen los enemigos de Occidente que en su propio seno han sido criados.

 


 

La idea de que Trump traicionaba a su base ya vimos era muy matizable, cuando no una simplificación falaz.

La otra idea extendida en el arranque de la guerra en Irán es que se trata de un deseo de Israel que cumple Estados Unidos por lobby, corrupta influencia subrepticia o chantaje epsteiniano. Se trataría de una guerra en contra de los intereses de Estados Unidos.

Esto también es bastante discutible. Está el argumento de la proliferación nuclear, que la gente, resabiada con las armas químicas de Irak, rechaza. Pero estos días se dice, a medida que la cúpula ayatola es golpeada, que responden a una lógica de martirio indiferente al ganar y perder convencional, sin darse cuenta quizás de cómo alimenta eso el temor a que semejantes mentalidades tuvieran acceso al botón nuclear.

Está también el argumento armamentístico. Al parecer, el incremento misilístico iraní iba a superar en breve el punto en el que EEUU pudiera contrarrestarlo. Sería un ahora o nunca.

Y se esgrimen otras razones, China la principal. Irán sería el lugar de su influencia regional. La tecnología represiva iraní es china y China compra su petróleo y financia su proyección caótica o más bien terrorista por la región.

Estados Unidos estaría siguiendo un patrón, cosa inconcebible, al parecer. Expulsa a China del continente americano; del propio EE. UU. con la guerra al fentanilo; de Europa con la presión para sacarla de las políticas verdes (que son prochinas) y ahora de Oriente Medio mediante el debilitamiento de Irán.

De este modo, EE. UU. contrarrestaría a China en una guerra por lo bajini replegándola en Asia, extendiéndose a su vez hacia allí, pues mientras libera recursos y energías, puede centrarse en el control geográfico y comercial de su rival y aspirante a contra hegemón.

Por tanto, algo de interés sí puede encontrar Estados Unidos en Irán, y entonces sería más que un «juguete en manos sionistas». No solo habría un interés real americano, es que además Israel sería fundamental para satisfacerlo. A la luz de estos días (luz de terribles fogonazos) la relación entre los dos países se percibe de una manera distinta. Los historiadores nos lo contarán, pero ¿se ha visto alguna vez una forma más apabullante de acabar con la elite enemiga que la mostrada por Israel y EEUU? ¿Se ha visto una colaboración más perfecta entre dos ejércitos? Si el fanatismo iraní es una hidra, y con eso se quiere decir que abandonen toda esperanza, la unión entre EEUU e Israel (Batman y Robin) es la respuesta tecnológica a esa hidra: eliminan al líder, al aspirante a líder, a los posibles postulantes e incluso a la asamblea que ha de nombrarlos. Es asombroso.

Se percibe un coordinación casi cinematográfica entre la inteligencia israelí y la potencia militar de EE. UU., extensión de una relación profunda. Israel, se ha dicho en alguna parte, es frontera tecnológica estadounidense. Perfecciona y aplica. Juntos constituyen una vanguardia que, como siempre, se manifiesta en lo militar. La alianza entre Israel, el Big Tech y el gobierno de Trump es la fuerza más poderosa y aceleradora del planeta. Visto así, Israel no sería ningún lastre para EEUU sino una riqueza, una potencia, un aliado de valor incalculable. Es sencilla la pregunta: ¿es EE. UU. más fuerte o menos con Israel de su lado? ¿Tener un aliado así en la zona caliente del planeta, donde el petróleo y los grandes pasos marítimos, cuánto vale?

Y ante esto, ¿dónde queda esa narrativa abrasiva de estos últimos meses en el mundo MAGA? Las voces de Tucker, Fuentes, Candace Owens, y tantos podcasters dedicados de un modo obsesivo y monotemático a romper la relación entre Israel y EEUU. Esto tiene un efecto divisivo para la coalición electoral de Trump, pero su trascendencia, ahora lo vemos, sería mayor, pues amenazaría la alianza entre Washington y Tel Aviv.

Por eso, todas esas voces, algunas con indisimulados vínculos con el extranjero, se parecen mucho a un intento de romper desde el interior la relación entre EE. UU. e Israel, apuntando. como desearía el mismísimo Irán, al corazón de los acuerdos de Abraham, que aspiran a una pacificación. por supuesto a la americana, de la región.

En esto se ha querido ver una forma depurada y pacifista de nacionalismo, pero también habrá quien lo considere una actividad antiamericana.

© La Gaceta

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