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TRIBUNA
¿Necesita Europa un nuevo doctor Mabuse?

Antonio Martínez

2 de agosto de 2011
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ANTONIO MARTÍNEZ

La masacre perpetrada en Oslo por Anders Behring Breivik ha llevado al primer plano del debate internacional (como sucedió tras el 11-S con Huntington y su tesis sobre el enfrentamiento entre Occidente y el Islam) la cuestión de la identidad europea.El problema se puede plantear en términos extremadamente simples: ¿tiene Europa un alma, una esencia, una personalidad definida, un “yo”, o constituye sólo una inaprehensible fantasmagoría, cohesionada por una desmayada referencia a conceptos políticamente correctos como los derechos humanos, la democracia y la tolerancia?

 El carácter evidentemente “blando” de estos conceptos —derechos humanos, democracia, tolerancia— se opone al perfil “duro” de la identidad musulmana y desemboca, como casi inevitable consecuencia, en la ideología multiculturalista ampliamente compartida por la izquierda europea actual y rechazada de plano por la derecha identitaria a la que se adscribe Breivik, admirador declarado de Geert Wilders, gran fustigador del Islam en Holanda. Como es lógico, la izquierda aprovechará los horribles crímenes de Anders Breivik para demonizar en bloque todo el movimiento identitario europeo, identificado ahora como fanatismo ultraderechista tan peligroso como el fundamentalismo islamista de los imanes radicales. Sin embargo, al proceder así estará negándose, una vez más, a abordar el debate que se esconde no ya tras los delirantes actos de un psicópata, sino tras la actual crisis del euro y el fallido proyecto de Constitución Europea, fracasado hace unos pocos años: ¿es Europa algo más que un vacío al que se trata de dotar de un sucedáneo de consistencia mediante expedientes economicistas y acuerdos políticos de urgencia con los que se intentan ocultar que, en el fondo, no sabemos quiénes somos?.  
 
No nos equivoquemos: nuestro problema no es un individuo como Breivik, como tampoco lo era hasta su muerte Osama Bin Laden: nuestro verdadero problema somos nosotros mismos. Traslademos este principio al ámbito europeo: el mayor enemigo de Europa es... Europa misma. La Europa que no sabe quién es, la que ignora de dónde viene y a dónde va. La que utiliza billetes de euro “masónicos”: fríos, abstractos, arquitectónicos, sin monumentos, sin rostros, sin “calor”, sin referencias nítidas a la cultura ni a la historia. La Europa que no cree en sí misma. La Europa que no advierte que la crisis griega y el problema de la deuda son, en último término, consecuencia de una visión nihilista del mundo en la que los bancos estimulan el endeudamiento público y privado porque ya no sabemos hacer otra cosa que consumir y organizamos toda nuestra vida alrededor del tótem del consumo. La triste Europa progresista que se ha embobado ante un documento tan vacuo como el panfleto de Hessel y que sólo sabe ofrecer a los jóvenes noruegos reunidos en la isla de Utoya un puré de ideas sin alma, sin nervio —derechos humanos, democracia, tolerancia; multiculturalismo, igualitarismo, hedonismo—, como las que marcan el crepúsculo de cualquier civilización declinante.
 
Ante esta situación, un desequilibrado como Anders Breivik ha elegido la peor opción, la más equivocada: aquella según la cual los europeos necesitan un nuevo doctor Mabuse, que, igual que en las películas de Fritz Lang, multiplique los crímenes y atentados terroristas de todo tipo como método para extender el caos y forzar, mediante la violencia, una “toma de conciencia” colectiva. ¿Acaso no vivimos en la sociedad del espectáculo, que, inepta para los matices del espíritu, sólo entiende ya el craso lenguaje de lo espectacular? Pues —ha considerado Breivik— cometamos una acción espectacular que, por medio del horror, sacuda unas mentes anestesiadas.
 
Tal es, en definitiva, la justificación aducida por un psicópata que parece adoptar el lema de los últimos grados de la masonería: Ordo ab chao. No “orden en el caos”, sino “orden a partir del caos”, es decir: intensificar el caos en la convicción de que una masa crítica de caos conduce a un punto de inflexión a partir del cual se inicia, por una especie de dinámica inmanente al ser del mundo, una recuperación del orden perdido. Se trata, en realidad, del principio eterno de la gnosis: el mundo tal como lo conocemos debe ser destruido para que pueda regenerarse. Por tanto... celebremos todos los enfrentamientos, todas las violencias; estimulémoslas incluso. Sigamos la senda del terrorismo gnóstico de Stavroguine en Los demonios de Dostoievski. Penetremos en el santuario invertido de la conciencia luciferina. La Humanidad no merece existir; o, en todo caso, merece hacerlo sólo como esclava.
 
Contra el Ordo ab chao defendido por Osama Bin Laden o por Anders Breivik sólo cabe un posible antídoto: la divisa de los defensores del espíritu, que repite por doquier Ordo ab ordine. El orden a partir del orden, al orden por el orden. Lo que destruye sólo destruye; sólo construye lo que construye. ¿Queremos crear una nueva sociedad? Pues, entonces, exploremos el maravilloso y misterioso hemisferio del orden, auténtica terra incognita de la que apenas tiene noticia nuestra actual civilización.
 
Ordo ab ordine, pues: entre otras razones, para que Europa se encuentre a sí misma y exorcizemos los demonios que anidan en los posibles Anders Breivik de mañana.

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COMENTARIOS
miércoles, 03 de agosto de 2011

Logos

¡Clavados a nuestro orgullo, como ruedas a ejes de hierro, nos agotamos en giros eternos, errantes siempre y, a la vez, siempre aquí!. Natura naturans, Craetrix universalis, Deus. No ceses de esculpir tu estatua hasta que el divino resplandor de la virtud se manifieste y hasta que llegues a ser tú mismo una luz verdadera. Exclusus amator. Sobre el llano y la colina, entre arbustos y rosales silvestres, por entre el agua y el fuego; por todas partes vago más rápido que la esfera de la luna, y sirvo a la reina de las hadas para empapar de rocío la hierba fresca; sígueme, reina mía, en profundo silencio a las sombras de la noche, pues allí donde nace el amor, muere ese sombrío déspota que es el yo. Bakkhos. Resistir al diablo es reprimir lo elemental en la propia naturaleza; el castigo es el colapso completo de los diques internos cuando lo elemental se abre paso por la fuerza y la civilización se desvanece. Urania. Del oscuro interior surge la vida. Tattva. El universo brotó de forma espontánea, de la nada. A partir del fermento indistinto de energía cuántica empezaron a inflarse unas burbujas de espacio hasta llegar a la existencia de enormes reservas de energía. Este falso vacío, lleno de energía, era inestable y dio un vuelco, con lo que transformó dicha energía en calor, y cada burbuja en una bola de fuego. Nous. La luz y el espíritu en las alturas siempre tiene que tener debajo lo nocturno y la profundidad maternal donde se funda todo el ser.

# Publicado por: Dani (Eutopia)
martes, 02 de agosto de 2011

Viene de lejos

Totalmente de acuerdo,pero el problema es ,como llegar a eso,ya que
el mundo de la cultura,los profesores,los maestros de escuela,¿estan
concienciados?,¿desean cambiar este desorden de cosas?,¿estan a
favor o en contra del actual desconcierto?.Viene de lejos,cuando sigui
endo las consignas comunistas de penetrar en el mundo de la formaci
ón en la enseñanza,para penetrar en el llamado frente cultural,creando
comisarios políticos en los claustros universitários,con el fin de adotri
nar a los futuros enseñantes,para así poder a traves del mundo del saber
crear las condiciones de rebeldia contra el pder establecido,para con
el tiempo llevar a cabo los cambios estructurales en las sociedades o
sea el cambio revolucionario.Por cierto el idiólogo italiano se llamaba
Antonio Grammsi.

# Publicado por: josepxicot (barcelona)
martes, 02 de agosto de 2011

El hombre del saco

La tonto-progresía ya ha encontrado a su nuevo ´´hombre del saco´´.
Lo de Hitler ya no colaba.


# Publicado por: Pepito (Espanistán)
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