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TRIBUNA
René Guénon, ¿profeta de nuestro tiempo?

Antonio Martínez

1 de julio de 2010
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ANTONIO MARTÍNEZ

En El Cairo de 1951, convertido desde hacía décadas al islam, moría una de las figuras intelectuales más significativas del siglo XX: René Guénon, brillante defensor de la gnosis eterna y uno de los críticos más lúcidos de la moderna civilización occidental. La tesis central del pensamiento de Guénon es bien conocida: Occidente ha abandonado el sendero de la Tradición y se ha transformado en la civilización del poder y de la materia. Ha olvidado la dimensión vertical y transcendente del ser, y ha optado por una visión horizontalista del mundo.

 Ahora bien: este alejamiento del Centro Polar, del eje metafísico inconmovible de la realidad, producirá necesariamente en las sociedades occidentales una situación de desquiciamiento que, llegada a su paroxismo, provocará una crisis definitiva, un “fin de ciclo” que dará paso a una nueva fase ascendente en la historia circular del mundo. Entonces retornaremos a los principios en los que se basaron todas las civilizaciones tradicionales y asistiremos a una restauración universal del espíritu que hoy nos parece inconcebible.
 
El Guénon que moría como musulmán en su casa de El Cairo pronunciando el sagrado nombre de Alá estaba muy lejos de tener prisa. En Europa hacía furor el existencialismo sartreano y la Rusia de Stalin era considerada por muchos intelectuales como la plasmación del paraíso sobre la tierra, mientras millones de deportados trabajaban como esclavos y morían en el Gulag. Se imponía en Occidente el american way of life, la botella de Coca-Cola se convertía en un mito planetario y se aproximaba una época de extraordinario progreso económico que culminaría en la gesta del viaje a la Luna. Y, sin embargo, Guénon miraba más lejos: fueran cuales fueran los avatares concretos del espíritu occidental, y también sus aparentes éxitos, la suerte final de Occidente ya estaba echada: una civilización basada en el culto idolátrico a Mammón y en la hybris de Prometeo sólo puede acabar en el desastre. Consumiéndose a sí misma, canibalizándose, ha de terminar en una gigantesca implosión. El castillo de naipes no puede sostener indefinidamente su engañoso equilibrio. Por uno u otro camino, la inconsistencia de los fundamentos sobre los que se cimienta nuestra orgullosa Torre de Babel provocará una crisis global del sistema. Y entonces el cataclismo final, por mucho que intentemos evitarlo o, al menos, retrasarlo, ya sólo será cuestión de tiempo.  
 
¿Qué diría Guénon si viviese en nuestros días, si contemplara la crisis financiera planetaria que hoy nos asola? A buen seguro, habría pensado que sus vaticinios se estaban empezando a cumplir: Occidente llega al fin de su ciclo, nos aproximamos a nuestro nadir, al punto de máximo descenso y oscuridad, al clímax del kali yuga. Tras la caída del comunismo –ese hijo espurio, bastardo, del espíritu occidental, pero completamente occidental en sus fundamentos-, deberá llegar necesariamente una simétrica caída del capitalismo. Y ello porque Occidente, en sí mismo considerado, desde Copérnico, Galileo y Newton, desde Descartes, Kant y Adam Smith, ha sido todo él un inmenso error. Un error que, al alejarse de la sabiduría eterna de la Tradición, ha terminado creando un mundo de locos cuyos desvaríos y excesos –por ejemplo, la orgía del crédito y de la deuda- ahora debemos disponernos a pagar.
 
Evidentemente, y ante la convulsa situación mundial a la que hoy asistimos, no resulta difícil coincidir en muchos sentidos con el análisis de Guénon. Y, sin embargo, ¿es René Guénon el verdadero profeta de nuestro tiempo? ¿Ha sido él quien mejor ha sabido describir los términos del gran problema espiritual en el que nos hallamos inmersos? Y, sobre todo, ¿es cierto que la civilización occidental es toda ella un gigantesco error, un disforme aborto de la Historia, y que, por tanto, está condenada a desaparecer?
 
Es aquí donde al autor de estas líneas le resulta imposible continuar siguiendo a Guénon. Y ello porque, pese a sus múltiples aspectos criticables, la moderna civilización occidental contiene una extraña fuerza, una capacidad de seducción que constituye un inequívoco signo de su paradójica legitimidad. Ciertamente, puede sostenerse que nuestra cultura se ha construido de espaldas al espíritu, y que en consecuencia debía desembocar en un pernicioso nihilismo terminal. Ahora bien: pese a todo, Occidente parece constituir el destino fatal del mundo. Culturalmente, el espíritu de Occidente se extiende hoy en día por toda la Tierra: sus símbolos, su manera de vivir, su concepto de libertad. La juventud china, la juventud iraní, la juventud hindú, quieren ser occidentales. Seguramente no sin importantes matices, y también sin romper por completo con su propia tradición; pero, en lo esencial, quieren vivir como los hombres de Occidente: quieren ver Los Simpson, quieren llevar vaqueros y poder leer tanto a Rumi como a Nietzsche. La actual celebración del Mundial de Fútbol en Sudáfrica constituye un buen ejemplo de lo que decimos. Gracias a las parabólicas –ese instrumento de Satán odiado por los ayatollahs-, hasta los yemeníes, los sudaneses, los saudíes y los indonesios siguen con pasión a sus grandes ídolos: Cristiano Ronaldo, Messi, La Roja. Algo que, a buen seguro, habría disgustado al gnóstico y musulmán René Guénon.
 
¿René Guénon, profeta de nuestro tiempo? Pese a todo, creo que sólo a medias. Y ello porque, aunque la sociedad occidental tal como hoy la conocemos efectivamente esté destinada a desaparecer –el gran edificio de la economía mundial es insostenible en sus actuales términos-, el espíritu mismo de Occidente es el Zeitgeist de nuestro tiempo, el espíritu de nuestra época. Ni China, ni La India, ni Rusia, ni Irán o Turquía, tienen nada que proponer como gran alternativa espiritual, como nueva imagen del mundo, como piedra angular de una nueva civilización planetaria. Los sueños de una futura restauración del Califato son sólo eso: sueños. Por mucho que desagrade a los occidentales que tanto denuestan a Occidente, el futuro sólo está en nosotros. Extra Occidentem nulla vita, podríamos decir. El mundo del futuro, aunque será muy distinto del que hoy conocemos, seguirá siendo, pese a todo, espiritualmente occidental.
 
Lo que hoy se aproxima no es el final de Occidente, sino la metamorfosis de Occidente: una metamorfosis tras la que seguiremos siendo occidentales, y después de la cual el mundo será incluso más occidental de lo que hoy ya lo es, pero a la vez seremos profundamente diferentes de como hoy somos. Descubriremos otra manera de ser occidentales. Y no porque nos adhiramos a ninguna de las ya demasiado gastadas religiones seculares de nuestro tiempo –de las que el ecologismo y la mística de Gaia constituyen hoy el más claro paradigma-, sino porque caeremos en la cuenta de que hemos vivido hasta ahora sólo en uno de los hemisferios de nuestra propia identidad. Y es que, si Oriente es el espíritu sin materia, y el Occidente que conocemos se ha construido en muchos sentidos como la materia sin espíritu, el Occidente del futuro deberá ser precisamente materia y espíritu. Tradición y libertad. Pasado y futuro. Disciplina e imaginación. Inmanencia y transcendencia. Ascesis y fiesta.
 
En cierto sentido, la civilización del futuro deberá pasar por una inteligente recuperación de la metafísica tradicional, como tanto le habría gustado al viejo Guénon; pero, en realidad, será mucho más que eso: se constituirá como una sorprendente unión de contrarios que acogerá múltiples elementos hasta ahora considerados como incompatibles. Y por esta razón será mucho más apasionante de lo que hoy podemos imaginar.

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COMENTARIOS
lunes, 05 de julio de 2010

Leed lo prohibido

Asi es,leed lo que el ´´sistema´´ tiene marginado, y es porque contiene LA VERDAD. Os propongo que conozcais la cienciologia.
Saludos.

# Publicado por: Luis (madrid)
sábado, 03 de julio de 2010

Punto de vista profano

La idea del fin del mundo no es de Guénon. Pertenece a todas las tradiciones metafísico-religiosas de la humanidad: hinduismo, judaísmo, cristianismo, etc.. No se puede confundir la decadencia y fin de un civilización con el fin de este mundo.
Creo que lo más antiguenoniano de este articulo es el final. El autor hace un conjunto de pronósticos basados en sus propios deseos en tono seudometafísico-panfletario y sin ningún otro fundamento. Y es que el autor es un occidental típico: un sentimental que mira al futuro, tal y como ha sucedido a lo largo de la historia con marxistas y demás visionarios y ´´liberadores´´ de la humanidad. Ya decía Guénon que en Occidente sobraba erudición y faltaba el verdadero conocimiento de los principios que liberan de ´´opiniones´´ meramente humanas y ponen en contacto con una realidad no humana.
Así nuestro autor resulta ser muy occidental y muy humano, algo no reprochable, pero que le coloca en un plano que no sobrepasa ´´la actualidad y lo periodístico´´, muy lejos del plano metafísico donde se sitúa Guénon.
Éste es un escrito metafísico y para saber si lo que nos dice es verdadero o no, no basta con una visión historicista de la realidad. Hace falta algo más que el propio Guénon llamaba iniciación; algo que hoy en día no parece estar disponible en nuestra actual cultura. Así el pensamiento de Guénon queda fuera del alcance de la crítica profana. Esto es lo que el mismo Guénon le habría dicho a nuestro autor.



# Publicado por: JDRC (Murcia)
viernes, 02 de julio de 2010

HORAS DE TRABAJO Y REKEXION

Sinceramente, no creo demasiado en la intuición ni en la percepción visionaria del mundo. Pienso que Guénon trabajo en su gabinete mucho más de lo que pueda sospecharse y fruto de ese trabajo silencioso y reflexivo fueron sus escritos y esa visión fundada de un occidente en decadencia que, efectivamente acabaría, con puntualizaciones, en el estado de cosas en que se ubica hoy. Claro que hay esperanza para el actual occidente y ésta se concentra como un poderoso elixir ne el trabajo y la ilusión desprendiendonos de lo que es superfluo. JAVIER CORRES, Escritor.

# Publicado por: JAVIER CORRES (ALSASUA)
viernes, 02 de julio de 2010

Preguntitas

¿No fué Umberto Eco el que dijo que ´´el nazismo era el guenonismo mas las divisiones blindadas´´? ¿Debe deducirse de ello que ese movimiento intentó unir ´´tradición´´ con ´´tecnología´´, ´´pasado´´ con ´´modernismo´´ o ´´futurismo´´? Dejo la pregunta para los sabios que aquí comentan.

# Publicado por: Fernando Fernández Garganta (La Plata - Argentina)
viernes, 02 de julio de 2010

Supercheria magica

Guenon,Evola,Rosenberg,Serrano, y toda la caterva de mercachifles de la supercheria magica son la misma idiotez que nos viene de los tiempos de Blavatsky, hablando del kali yuga y el ocaso de occidente. br Supersticion barata para seudo fascistas y ocultistas de esos que tienen tv cable y si les salen calculos se los destruyen con ultrasonidos, eso si aclarando que lo importante son las ´´vias de la tradicion´´. A nuesrtra civilizacion le hace mas falta ilustracion y educacion , que estos vendedores de lo oculto que hacen lo que todos los gurus , le venden a la gente la copa del misterio para que se olviden de los problemas reales.

# Publicado por: Elio cesar (Uruguay)
jueves, 01 de julio de 2010

HAY QUE LEER A TIPOS ASÍ

Yo he leido la cirsis del mundo moderno y tengo que empezar el reino de la cantidad y el signo de los tiempos

Guenon escribió mucho e intuyó como Jnger, un estado de las cosas ..si, son profetas y aunqe minoritarios..son fundamentales releerlos o empezar a ello....
A JV pascual--que has querido decir ? me interesa
Un saludo d. antonio

# Publicado por: alejandro (alicante)
jueves, 01 de julio de 2010

´´Ser o no ser esa es la cues...´´

Aplaudo el comentario del señor Miguel Antonio Velazco Cuevas. Pero no percibo lo que se propone el señor Antonio Martínez en su escrito con respecto a las civilizaciones : se estrena con un pensamiento tal como ´´Entonces retornaremos a los principios en los que se basaron todas las civilizaciones tradicionales y asistiremos a una restauración universal del espíritu que hoy nos parece inconcebible´´ (sic), para luego profetizar: ´´se construirá como una sorprendente unión de contrarios que acogerá múltiples elementos hasta ahora considerados como incompatibles´´ (sic). ¿en que quedamaos? ¿divagamos?


# Publicado por: Emibuon (Asunción-Paraguay)
jueves, 01 de julio de 2010

CONTRADIOS

El creer en lo que no somos determina de hecho lo que somos y, el ideal mayor, el más importante, perfecto y poderoso es, en la historia reciente, Dios. Es una invención creada por el miedo. La mente humana tiene muchas invenciones destructivas en su cuenta. La más destructiva, la que nos ha corompido con más virulencia es, la insostenible invención de Dios. La historia del pensamiento humano ha producido santos, maestros, gurús..., pero Dios es el más corrupto de todos. El hombre ya ha desordenado de modo insoluble su vida y la religión la ha empeorado. La religión, con sus absurdos mandatos, matanzas y ese mezquino pero inmenso poder es quien ha hecho de la vida un caos.
El pensamiento tiene una vastísima capacidad para cegarnos, de hecho nos ciega hasta la misma eliminación. Es importante constatar el dato que aunque el pensamiento controla y determina cada acción nuestra, al mismo tiempo él mismo, como función cerebral no puede ser visto por la consciencia. Podemos pensar y teorizar sobre el pensamiento pero no podemos percibir o apreciar el pensamiento mismo. De ahí la necesidad de ficcionar un cómodo y estable Dios que la Iglesia se encarga de dirigir segun sus intereses. ¿Somos nosotros y nuestro pensamiento dos cosas separadas?. Conocemos cosas sobre el pensamiento pero no al pensamiento que no deja de ser una función más del cerebro. Lo único que hay es nuestro conocimiento sobre el pensamiento. JAVIER CORRES , escritor.


# Publicado por: JAVIER CORRES (ALSASUA)
jueves, 01 de julio de 2010

Oscilamos pero permancecemos.

Creo que no estamos tan mal de salud como pudiera pensarse. Siempre somos lo que hemos sido y así, sucesivamente, seguiremos volviendo a ser los mismos que siempre fuimos. Conservaremos la esencia de nuestros ancestros y de nuestro ser mientras el mundo exista. Ya nos han puesto trampas y de ellas nos hemos liberado. No estamos camino del nadir. Si alguna vez pasamos por allí ya superamos la crisis, recuperamos el equilibrio que de hecho es oscilante como el planeta, porque el perfecto equilibrio no existe. En síntesis, no me afilio a las pesimistas teorías de que somos un aborto y un fracaso y que actuamos a espaldas del espiritú. Todo lo contrario, somos una civilización en proceso permanente de superación, con unas tradiciones que nos anclan en el reino del espíritu y si oscilamos es porque estamos vivos, no hacerlo sería, eso sí, estar caídos en las profundidades del estancamiento, vale decir, muertos. Apuesto a la supervivencia de occidente como referente cultural que se transforma, a ratos por el afán de remendar las equivocaciones del pasado, a ratos porque toma lo bueno de oriente, tal como tambien oriente ha hecho con lo que de nosotros les resulta bueno. Allí iremos con nuestro capitalismo al hombro, con la conciencia iluminada por los resplandores del largo proceso ascendente en que se embarcó el hombre desde sus primeros pasos sobre la faz de la tierra.

# Publicado por: Miguel Antonio Velasco Cuevas (Popayán, Cauca, Colombia.)
jueves, 01 de julio de 2010

Enhorabuena

Magnífico artículo. Desde que empecé a leer a Guénon, hace diez años, he pensado la mismo. Occidente es el alfa y el Omega de la civilización humana. Para el actual Occidente no hay esperanza. Sin el actual Occidente no hay futuro. Complicado. Pero, ¿desde cuándo fueron apasionantes las cosas simples?

# Publicado por: JVPascual (Sevilla)
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