''¿Le interesa este artículo?
¡A sus amigos también!
Mándeselo. (Click aquí.)''

Cerrar
 
Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
 Háganos su página de inicio

 Añadir a favoritos
  

    El Manifiesto. Periódico política y socialmente incorrecto

Hemeroteca 

Quiénes somos 

Contactar 
Sábado, 25 de febrero de 2017 
  SECCIONES     REVISTA EN PAPEL El Manifiesto: Todos los números   Director: Javier R. Portella  
El «calendaria» feminista de 2017: «Enera, febrera, marza...»
Ver más
Lo que somos. Lo que nos mueve

Javier Ruiz Portella

JESÚS LAÍNZ
Los vascos en el 98: lo que nunca se recuerda

JAVIER R. PORTELLA
¿Existe un populismo de izquierdas? El caso de Podemos

JOSÉ VICENTE PASCUAL
De profesión, paridora
Hazte amigo de elmanifiesto.com en Facebook
 Autoedición de libros
 Revistas Baratas
 Publicar una novela
 Cursos de Atención al Cliente
 Quiero publicar un libro
TRIBUNA
La próxima guerra ha comenzado ya (III)


Proseguimos con la tercera entrega de la serie de José Javier Esparza.
José Javier Esparza

22 de agosto de 2016
Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a YahooRSS Imprimir esta noticia
Enviar a amigos

JOSÉ JAVIER ESPARZA


El sueño moderno del mundo unificado
Todos los grandes proyectos políticos modernos han aspirado a ese impulso de universalidad, lo mismo en la familia liberal que en la socialista. Esos son los dos grandes brazos que intentaron construir el mundo nuevo en el siglo XX. En el campo socialista, fue la Internacional, la dictadura del proletariado por encima de fronteras y naciones. En el campo liberal fue el Mercado libre como regulador natural de un orden nuevo (también por encima de fronteras y naciones). En los últimos compases de la Primera Guerra Mundial, mientras Inglaterra y Francia aún soñaban con repartirse el mundo según los viejos criterios del imperialismo nacional –se cumplen ahora cien años del tratado Sykes-Picot que dibujó las fronteras de Oriente Próximo-, Washington y Moscú miraban más lejos. La revolución socialista proclamaba su ambición planetaria. Washington, por su parte, alumbraba los "catorce puntos" de Wilson, que en buena medida han sido la semilla de todo cuanto ha venido después. ¿Hay que recordar sus objetivos esenciales? Desaparición de barreras económicas, libertad universal de navegación en los mares, desmantelamiento progresivo del sistema colonial, desguace de los imperios austro-húngaro y otomano (es decir, de las dos pervivencias mayores del mundo antiguo), propuesta de una asamblea de naciones... Los catorce puntos de Wilson fueron la primera formulación de lo que luego se llamaría "nuevo orden del mundo" bajo el signo de la globalización.
Es muy importante subrayar que ese proyecto no dejó de estar vivo jamás. En el periodo de entreguerras, los Estados Unidos lo aplicaron sin embozo en su espacio americano y en el Pacífico, mientras la Unión Soviética discutía si apostar por la revolución permanente a escala mundial o por la construcción del socialismo en un solo país para alcanzar aquel objetivo de la "sociedad planetaria de contables", definido por Marx en libro III de El Capital. El gran obstáculo para el orden nuevo era la política europea, siempre tan apegada a las problemáticas nacionales, pero eso cambió dramáticamente con la Segunda Guerra Mundial, cuando Europa se hizo la guerra a sí misma. A partir de ese momento, el escenario quedaba plenamente preparado para el gran salto, para la escala propiamente planetaria de las grandes apuestas de poder.
Los acuerdos de Bretton-Woods de 1944, pergeñados tres años antes por Roosevelt y Churchill en la Carta del Atlántico, venían a implantar de hecho las estructuras del orden nuevo. ¿Principios? Una vez más, librecambio internacional, libertad de los mares (una auténtica obsesión norteamericana, y basta ver el mapa para entender por qué), debilitamiento de las barreras nacionales y desarme de los enemigos del gran plan. Eran los mismos principios de 1918, pero esta vez se aportaba una novedad trascendental: comprobado que el marco nacional resultaba inadecuado, ahora nacían instituciones transnacionales para gestionar el mundo global, ese One World que Roosevelt dejó como herencia doctrinal. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial respondían a ese impulso, y la imposición del dólar como referencia internacional de cambio funcionaba como argamasa para consolidar el sistema.
La palabra "sistema" es precisamente la adecuada: a partir de ahora, los Estados se convertían en actores complementarios (cuando no secundarios) y el protagonismo pasaba a una red estrechamente entrelazada de organismos financieros, comerciales, diplomáticos y políticos (y militares) cuya existencia individual reposaba en la existencia de los otros y en el funcionamiento simultáneo del conjunto; la vida de unos agentes quedaba subordinada a la de otros y, a la vez, se convertía en condición para la supervivencia de éstos. No era preciso concebir un "director de orquesta": el orden global quedaba preparado para que todo marchara a la vez y de manera relativamente autónoma. "La unidad del mundo –decía Kundera- significa que nadie puede escapar a ninguna parte". Por eso la palabra adecuada es precisamente "sistema".
Mientras el mundo atlántico construía su propia vía hacia el Estado Mundial, arraigada en la democracia liberal y bajo el liderazgo norteamericano –liderazgo económico, militar y político, todo a la vez-, el mundo comunista trataba de hacer lo propio sobre su particular modelo doctrinal. Aquella situación marcó el acta de nacimiento de la OTAN y de su contraparte, el Pacto de Varsovia. Eran dos gigantes peleándose por el control del mundo, pero bien pronto se vio que al bloque comunista le faltaba fuelle: finalmente el proyecto mundial del socialismo quedó confinado en los límites de dos grandes potencias continentales, la Unión Soviética y China, y el "internacionalismo proletario" nunca pasó de ser retórica para envolver los intereses nacionales (ideológicos, pero nacionales) de Moscú o Pekín. El gran fracaso histórico del "socialismo real" no ha sido, a decir verdad, la inoperancia de su modelo socioeconómico, sino su incapacidad para alcanzar el objetivo mayor del pensamiento moderno, a saber, un orden extendido a escala planetaria.
La caída del Muro de Berlín y el colapso del mundo soviético significaron el triunfo final de la versión liberal, mercantil, del viejo proyecto moderno del Estado Mundial. No serían los soviets quienes realizaran el sueño cosmopolita kantiano, sino las grandes urbes occidentales con sus bancos, su consumo masivo y sus capitanes de la industria. La imagen más gráfica: la del presidente ruso Boris Yeltsin sometiéndose a las "recomendaciones" del Fondo Monetario Internacional y al denominado "Consenso de Washington" en 1991. Si hay que elegir entre la delación y el dinero –decía Calasso-, siempre resulta mucho más amable el dinero. Y eso es exactamente lo que empezó a amanecer al día siguiente de la caída del Muro; ese y no otro es el sentido del hegeliano "fin de la Historia" que teorizó Fukyama y que, después de todo, desde su punto de vista era verdad. Tampoco es casualidad que aquel momento de apoteosis del capitalismo mundial coincidiera con la desespiritualización de Occidente: el viejo discurso de la "defensa de Occidente", preñado aún de resonancias cristianas, se desvanecía a toda velocidad para verse sustituido por un relato esencialmente económico de prosperidad global vagamente envuelto, eso sí, en etéreas referencias a "nuestros valores" y "nuestro modo de vida".
© Kosmos-Polis.com

¿Te ha gustado el artículo?
¡Dilo en tus redes sociales! ¡Ayuda a promover El Manifiesto!

Comparte esta noticia en Facebook  Comparte esta noticia en Twitter  
  Enviar a Meneamé


COMENTARIOS
Esta noticia aún no tiene comentarios publicados.

Puedes ser el primero en darnos tu opinión. ¿Te ha gustado? ¿Qué destacarías? ¿Qué opinión te merece si lo comparas con otros similares?

Recuerda que las sugerencias pueden ser importantes para otros lectores.
  AÑADIR UN COMENTARIO  
  Nombre:  
  Localidad:  
  E-mail (*):  
  Clave (*):
Para mandar comentarios, es necesario estar registrado, si no lo está pulse aquí
Si ha olvidado su clave, pulse aquí
 
  Titulo:  
  Comentario:
* La extensión máxima de los comentarios es de 1.500 caracteres. La página está destinada a efectuar comentarios puntuales y no a desarrollar largos artículos que nadie ha solicitado.
 
 
Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen de su izquierda
 
  * El e-mail nunca será visible  
      
  CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Los comentarios del website Elmanifiesto.com tienen caracter divulgativo e informativo y pretenden poner a disposición de cualquier persona la posibilidad de dar su opinión sobre las noticias y los reportajes publicados. No obstante, es preciso puntualizar lo siguiente:
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de Elmanifiesto.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Elmanifiesto.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
 
Otros artículos de José Javier Esparza
"Queremos repensar Europa, y refundarla en paz y libertad"
La conquista de Granada
La izquierda histérica
Verdades y mentiras sobre el terrorismo islámico (y II)
Verdades y mentiras sobre el terrorismo islámico (I)
La crisis del PSOE, o la pesadilla de Sagasta
La próxima guerra ha comenzado ya (y VI)
La próxima guerra ha comenzado ya (V)
La próxima guerra ha comenzado ya (IV)
La próxima guerra ha comenzado ya (II)
La próxima guerra ha comenzado ya (I)
Miguel de Cervantes: gloria y pena del caballero andante
La purga que rompió a China en dos
"Con Rajoy hubiésemos perdido la Reconquista"
Deconstrucción del mestizaje
Isabel (y Fernando): los Reyes Católicos
Preservar la composición étnica de Europa
¿Dejó Franco que mataran a José Antonio?
Por qué ha ganado el Frente Nacional
La Historia ha cambiado de rumbo
Pues claro que ´esto´ es el islam
¿De verdad Rusia es el enemigo?
12-O: morder cabezas de serpiente
Lo que nos une: algo más que la historia común
La defensa de Occidente ya no tiene sentido
Día UNO después de Mas
Refugiados: cosas que todos saben y nadie osa decir
¿Estamos obligados a acoger a los refugiados?
11-S. El día que cambió el mundo
El Nuevo Orden del Mundo (NOM)
Stalin: la mujer como instrumento
Eva Braun: la mujer que no existía
Mussolini, amante volcánico
Lenin y sus mujeres
Un emperador sin corona rompió el Telón de Acero
La desdicha de un cruzado en el siglo XX
Goytisolo, el Cervantes que odia España
No me sea usted islamófobo
Islam, islamismo, yihadismo…, ¿qué es cada cosa y qué significa?
Para Rajoy, los islamistas no tienen nada que ver con el islam
Claves para entender lo que pasa en el mundo
Goytisolo o el odio a España
Las de Femen profanan Paracuellos
Largos, afilados cuchillos en el PP
Ahora el problema ya no es Cataluña: es España
La cosmocracia española
Pablito Iglesias quiere partirnos la cara so pretexto de "justicia proletaria"
Estado Islámico: ¿quién le pone el cascabel al gato?
Vomitivo festival de demagogia
¿Por qué la "sociedad abierta" no funciona frente al nacionalismo?
Darse de baja del boletín
Ir a Portada
Páginas culturales
1 Marine Le Pen
2 JESÚS LAÍNZ
Los vascos en el 98: lo que nunca se recuerda
3 La homofobia progre
4 Diálogo entre Ferrer-Dalmau y Pérez-Reverte



Revistas Baratas


http://www.elmanifiesto.com | Aviso Legal | Política de Privacidad | Quiénes somos | Contactar |