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Vomitivo festival de demagogia


El debate entre Miguel Arias Cañete y Elena Valenciano de hace unos días fue una apoteosis de la insignificancia. Fue de bajo nivel. Muy bajo. El más bajo desde los años veinte, probablemente.
José Javier Esparza

22 de mayo de 2014
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JOSÉ JAVIER ESPARZA

 
A la izquierda española siempre se le ha dado muy bien embarrar el campo antes del partido. Con estiércol, preferentemente. Es una especie de pulsión congénita que le aflora siempre en los momentos de zozobra, desde la revolución del 34 hasta el dóberman felipista. Ahora ha vuelto con el “machismo” de Arias Cañete, que ha terminado convirtiéndose en argumento único de la campaña electoral del PSOE hasta el punto de propiciar un vídeo que viene a ser la quintaesencia de los delirios ideológicos de nuestra progresía. Parece ser que las mujeres españolas viven esclavizadas porque su vientre está en manos del malvado Arias Cañete, siniestro macho patriarcal. Ese es el mensaje que el PSOE propone para la España europea. Vomitivo festival de demagogia.
La izquierda embarra, cierto, pero al PP tampoco le faltan talentos a la hora de chapotear en todos los charcos. No sé cómo se las arregla esta gente para terminar dejando siempre que la izquierda lleve la iniciativa. La debilidad argumental del PP es directamente proporcional a su petulancia. Petulancia de tecnócrata es lo que ha llevado a Arias Cañete a la perdición pública (incluso si gana las elecciones), y petulancia de sátrapa con muchos títulos y pocas ideas es lo que está trasladando el Gobierno en sus mítines. La vice Soraya vocea por esas plazas de Dios –o del Sacro Estado Laico- que Mariano Rajoy es “el hombre que ha salvado a España”. Con un par. Y lo dice ante una sociedad que no baja de los seis millones de parados. Lo peor es que aún habrá parados que se sientan realmente “salvados” por Mariano.
Apoteosis de la insignificancia. Bajo nivel. Muy bajo. El más bajo desde los años veinte, probablemente. Y no salvemos de la quema –de la falla, si se prefiere- a los nacionalistas, que en sus miras no vuelan más alto que los demás. En Cataluña, los separatistas han acostumbrado a su gente a una visión paranoica de la existencia colectiva según la cual todo el mundo conspira siempre contra la heroica nación catalana, e incluso el anticiclón de las Azores debe de ser producto de una turbia conspiración meteorológica. Y en el País Vasco, donde la mayoría social ha terminado cediendo a la brutal maceración de cuarenta años de violencia, se ha instalado un auténtico voto cautivo que ve en el nacionalismo la única vía para no desayunarse un muerto todos los días. ¿Exagero? No. Era su estrategia desde hace tiempo y ha terminado teniendo éxito. Son otras formas –más cainitas, más canallas- de demagogia.
¿Cómo extrañarse de que el ciudadano común esté asqueado? ¿Cómo extrañarse de que una mayoría notable de los españoles esté acariciando con gusto la idea de no acudir a votar? Quedan, sí, los pequeños: Ciudadanos, Podemos, UPyD, Vox, Impulso Social… Para muchos, son la única oportunidad de regenerar el sistema. A lo mejor es cierto. Pero la pregunta es si de verdad vale la pena regenerar esto o si, más bien, habría que optar por rectificarlo de arriba abajo. ¿Están los pequeños por la labor? En este sentido, la cuestión europea –de la que, por cierto, ya casi nadie habla- es un termómetro muy elocuente. Ninguno de los partidos del sistema lo confesará, pero el hecho es que buena parte de nuestra actual parálisis procede precisamente de la apuesta europea: la ausencia de un proyecto nacional en España desde hace treinta años, igual que la incapacidad para gobernar los desajustes interiores de nuestra economía, son fruto de una política que PSOE y PP comparten y que consiste en subordinar cualquier expectativa de futuro a las directrices europeas. ¿Y sobre esto qué dicen los partidos pequeños? Hasta donde sabemos, UPyD, Ciudadanos y Vox suscriben los tratados de Mastrique y Lisboa a pies juntillas, Podemos le añade el adorno de una multiplicación del gasto público (que pagarán los generosos alemanes, ¿verdad?) y sólo Impulso Social se pronuncia por un retorno al ideal comunitario primigenio, es decir, un mercado común sin pérdida de soberanías nacionales (tal vez por eso todo el mundo está silenciando a Impulso Social). O sea que a efectos reales, y con esa última excepción, cabe preguntarse hasta qué punto los partidos pequeños son de verdad una alternativa.
Lo peor es que da igual. A estas alturas ya todo el mundo sabe que a los españoles, muy mayoritariamente, Europa les importa un bledo, como de hecho les importa un bledo España. Quedan minorías conscientes, sí; tan lúcidas como exiguas. Los partidos del sistema lo saben. Y las temen. Por eso optan por jugar a peleas de barro, olvidarse de “Europa”, centrar el discurso en querellas interiores lo más pedestres posible y, por esa vía, tratar de movilizar a una masa cuyo voto es lo único –repito: lo único- que puede aún conferir cierta legitimidad a este descabellado teatro. La función es tan mediocre, tan pobre el argumento y tan desgarbadas las interpretaciones, que los actores, sobre el escenario, rompen a enseñar vergüenzas y a arrojarse calderos de heces, a ver si así consiguen despertar al público. Pero el público no se ha dormido. Simplemente, ya no le interesa la representación. Y está abandonando la sala. Frecuentemente, con náuseas.
© La Gaceta
Recordemos que el próximo viernes 30 de mayo, José Javier Esparza será el invitado de una de las Cenas--Coloquio organizadas por El Manifiesto. Más información aquí.

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COMENTARIOS
jueves, 22 de mayo de 2014

Así es.

Extraordinario artículo con un certero análisis de la situación.

# Publicado por: Jesús Javier Corpas Mauleón (PAMPLONA)
jueves, 22 de mayo de 2014

curioso

Es curioso como el autor, que empieza descalificando a los políticos profesionales, acabe descalificando a la gente, simplemente. Este tipo de aparentes contradcciones no se deben pasar por alto. En realidad, arremeter contra ciertos políticos es hacerlo contra todos los demás ciudadanos. Pero hay que echar ´´balones fuera´´ (culpar a los politicos) para no asumir lo insoportable y es que uno mismo, el sacrosanto pueblo español... se ha cargado España, él solo.

# Publicado por: miguel (madrid)
jueves, 22 de mayo de 2014

Masoquista ni hablar

Javier,totalmente de acuerdo,todos sson lo peor que hemos sufrido en
España,lo bueno del caso es que en muchos paises europeos,hay op
ciones que deben ser votadas,por ejemplo,los identitários,aquí ni por
asomo,los grupillos que hay,van de folclore y de romerias no respetando ni el saludo noble de los romanos,veremos como
acaba todoestode la UE,pero en casa con los tuyos,que voten
los masoquistas.

# Publicado por: josepxicot (Barcelona)
jueves, 22 de mayo de 2014

I fully agree

Impecable artículo, lleno de sentido común. Y sí, la única manera de darle con la puerta en toda la cara y expulsar a esos carroñeros de la política es potenciar a los nuevos partidos que no han tenido tiempo de viciarse y que, por el momento, todo indica que están dispuestos a regenerar la Política (ahora con mayúsculas). Y sí, el abanico de formaciones que expone Esparza cubre todo el arco ideológico civilizado de la derecha e izquierda civilizada; que se queden el p... ´centro´ pusilánime y traidor los mamarrachos que nos han hundido en la miseria.

# Publicado por: Séneca (Barcelona)
jueves, 22 de mayo de 2014

VOX VOX VOX

Lo tengo clarísimo. Votaré a VOX sin importarme los pronósticos negativos del CIS, del PP, de Maruenda o del Sursum corda. El viejo y casposo sofisma del voto útil es una burda trampa para engañar a los borregos. Si ha nacido VOX, es porque existe una necesidad social real y un importante nicho de votantes escarmentados del PP y huérfanos de representación. Cada voto robado al PP o al PSOE es valiosísimo, no tanto por lo que es, si no precisamente por lo que no es; NO es un voto por el continuismo de la partitocracia, la casta, y la corrupción transversal que infecta a estos partidos.
Lo que realmente preocupa al PP no es la abstención, si no la fuga de votos a VOX. Que la gente vote a VOX es lo que realmente le escuece al PP, y eso es precisamente lo que hay que hacer para vengarse del PP. (y también del PSOE)


# Publicado por: Long (Reus)
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