El macho ibérico y la violencia de género

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Datos, claros, concisos.

Año 2019.

  • Mujeres asesinadas por sus hombres: 49.
  • Niños asesinados por sus madres o madrastras: 67.
  • Hombres asesinados por sus mujeres. Como no hay cifras oficiales (curioso, ¿no?, ¿por qué será?) las cifras oficiosas difieren. Varían entre 14 y 31. Uno de ellos, a golpes de rodillo de cocina. En Chiclana.

De estos datos, el único que les importa a los manipuladores de opinión es el primero: las 49 mujeres asesinadas que, según su discurso, convierten a los más de 20 millones de varones españoles en asesinos potenciales.

Sin embargo, esto no es el asunto principal de este artículo. Lo que haremos en las siguientes líneas es negar la mayor: existe violencia machista, sí, pero NO es ejercida significativamente por varones españoles. Es necesario que VOX desvele cuanto antes la verdad acerca de la nacionalidad de los agresores.

Resulta una broma grosera intentar presentar al marido español, al novio español, que siempre, de toda la vida, ha sido un calzonazos, una marioneta en manos de su novia o de su esposa, un pagafantas, un cajero automático con patas, un cornudo apaleado, un estafado por múltiples fraudes de paternidad..., como un violento machista que apenas deja salir a su mujer de la cocina.

“El hombre blandengue” del que hablaba El Fary no ha sido nunca un fenómeno minoritario, sino que siempre ha sido la norma. 

“El hombre blandengue” del que hablaba El Fary siempre ha sido la norma. 

¿Cómo aguanta el macho ibérico, el varón español, dentro de auténticos infiernos matrimoniales y familiares? Sencillamente, y esto es algo cultural: prefiere estar “antes mal acompañado que solo”. No es solamente que ante el divorcio puede perderlo todo —que también—, sino que no soporta la idea de quedarse solo, ni siquiera durante un tiempo. Consideremos que un varón español casado con una arpía obesa, sudorosa, fea, de mal carácter, alcohólica, fumadora y que encima no cumple coniel débito matrimonial, se considera “afortunado” ¡porque tiene una mujer!

“Las mujeres son la sociedad”, dice con razón Esther Vilar. Un varón que se queda sin su santa pierde automáticamente su vida social. Se convierte en un “inexistente”, en un nihil negativum kantiano, un nauséabonde sartriano, un walking dead romereano, un tshandala nietzscheano.

La pérdida de la identidad es algo realmente terrible.

Por tanto, el abnegado macho hispánico hace malabares para salvar su posición matrimonial. ¿Que tiene que aguantar golpes, insultos, humillaciones, desaires, infidelidades, incumplimientos del “débito”? Lo hace sin rechistar.

De un tiempo a esta parte, los neotradicionalistas están intentando salvar al matrimonio español de una manera denodada. Bien, si quieren hacerlo, nunca pueden olvidar las bases teóricas establecidas por Paco Martínez Soria en la película  El calzonazos (1974).

Las relaciones estables entre hombres y mujeres, no ya de ahora, sino de siempre, son un interminable examen al que la fémina somete al varón. El examen no se acaba nunca. Podría pensarse que el examen se da por terminado una vez que el cura ha dado su bendición, pero no es así: es algo para siempre.  Sin embargo, un hombre que se tenga por tal tiene que pasarlos. Así nos lo explicaba H. L. Mencken, el Sabio de Baltimore:

Muéstrame a un hombre difícil de engañar, un hombre de primera clase, y te mostraré un hombre con una amplia franja de mujer en él. Bonaparte lo tenía; Goethe lo tenía; Schopenhauer lo tenía; Bismarck y Lincoln lo tenían; en Shakespeare, si se tiene que creer a los freudianos, se trata de una homosexualidad absoluta. Los rasgos y cualidades esenciales del hombre, las marcas distintivas de lo masculino no contaminado, son al mismo tiempo las marcas distintivas del hombre de las cavernas: es todo músculos y papilla. Sin una mujer que lo gobierne y piense por él, es un espectáculo verdaderamente lamentable: un bebé con bigotes, un conejo con la marca de un uro, una débil y ridícula caricatura de Dios.

Todo este párrafo lo ha comprendido siempre el macho ibérico de una manera intuitiva e inmediata. Él sabe que si quiere pertenecer a esa sociedad que aprecia tanto, si quiere hablar de fútbol con otros padres de familia, ser invitado a bodas, bautizos y comuniones, si quiere existir... debe permanecer casado y tratar bien a su señora.

Y así lo hace. El varón español es la criatura más civilizada y menos domésticamente violenta que han visto los siglos. Defendámosle frente a la difamación.

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