Autor:

José Vicente Pascual

Reacciones en contra del proyecto de Wert de
fomentar la educación en español... en España

De manicomio

por José Vicente Pascual

El proyecto de ley educativa impulsada por el ministro Wert que estos días se cuece y trajina desde el gobierno los ha retratado a todos, de nuevo.

Ya lo decía Freud: amar y trabajar

por José Vicente Pascual

Hace unos días, en "la Crónica de León", mi amigo Fulgencio Fernández describía mis coordenadas existenciales como "madrileño de nacimiento, andaluz de hondas raíces, gallego temporal y leonés por matrimonio". Le faltó añadir que vine el mundo "en el seno de una familia" más valenciana que la paella (mi idioma de cuna, el valenciano), y que por residencia también se me puede atribuir vagamente el patronímico de ex catalán. En cuanto a los ámbitos andaluces, tanto el reino de Granada como la Depresión del Guadalquivir me los tengo muy trabajados. (Lo de "depresión" no va con segundas).

Un cementerio sin muertos

por José Vicente Pascual

Un cementerio vacío es el lugar más inútil del mundo. Y el más sobrecogedor. La representación de la muerte en puro concepto, representada pero no encarnada, como elemental recordatorio de nuestro sic transit, resulta de una lógica un poco cruel.

Muertes en el Jalouín madrileño.

La estupidez… mata

por José Vicente Pascual

Lo siento, de verdad, por las chicas que fallecieron, pero su destino estaba cantado: si diez mil memos se reúnen para hacer el memo en una fiesta mema organizada por unos memos... Pues eso: cantado.

Porno para mamás

por José Vicente Pascual

La ley de igualdad, la ley de paridad, la reforma del Código Penal sobre violencia "de género", el mismísimo Ministerio de Igualdad, la inefable Aído, la pizpireta Pajín, las listas electorales paritarias, la criminalización de cualquier actitud machista o "sexista", la obsesión por los derechos de las mujeres, el Día Internacional de la Mujer Trabajadora... ya tanto y tanto más.

El buen mal ejemplo

por José Vicente Pascual

Nadie es absolutamente inútil. En el peor de los casos, siempre se puede servir de mal ejemplo. Conste que los malos ejemplos son más instructivos y muchísimo más aleccionadores que los buenos. El buen ejemplo suele resultar ñoño. El mal ejemplo, apasionante.