La gran pintura europea culpable de violencia de género

Gracias a un artículo de "El País" nos enteramos de una escandalosa, intolerable situación: "raptos, violaciones, humillaciones y toda clase de vejaciones hacia las mujeres están ampliamente representadas en cuadros, dibujos y esculturas".

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En un artículo del periódico 
El País, titulado “La violencia de género en los grandes museos” y firmado por Concha Mayordomo, se lee, entre otras cosas, lo siguiente:
“Visitar los grandes museos europeos, aquellos que recogen las obras que la historia del arte ha calificado como maestras, no es siempre una experiencia gratificante, independientemente de la perfección técnica, el tratamiento del color, el equilibrio en la composición, el ritmo, la luz, la atmósfera… A veces el tema, especialmente el de las escenas bíblicas o mitológicas, puede dejar sin aliento; raptos, violaciones, humillaciones y toda clase de vejaciones hacia las mujeres están ampliamente representadas en cuadros, dibujos y esculturas, y obedecen a una ideología visual en la que la situación social de la mujer queda explícitamente agraviada.
Sigue una detallada denuncia de los diversos y, diría más, repugnantes agravios a los que los grandes maestros de nuestro arte (así los considera el mundo machista y patriarcal) han sometido, imbuidos de su falocracia, al género femenil.
El artículo no tiene desperdicio. Su denuncia, ilustrada con reproducciones de varias inmundas obras, es tan útil como urgente. Sólo es de lamentar que se quede a medio camino. Aunque, sin duda, ganas no le falten, se abstiene el artículo de dar el siguiente paso, dejando de formular la conclusión lógica que de todo lo expuesto se impone. ¿Qué se hace, en general, con los culpables de la violencia de género? ¿Acaso se exhiben públicamente sus vómitos? No, se les reduce al más absoluto de los silencios y se les condena con implacable rigor a largos años de cárcel.
Desgraciadamente ya no hay forma de hacer lo segundo con los Rubens, Rembrandt, Tintoretto, Veronese, Gentileschi… aquí denunciados, por citar tan sólo a unos pocos de la larga lista de delincuentes. Lo mínimo, sin embargo, que sí se debe —y SÍ SE PUEDE— hacer con ellos es retirar inmediatamente tales obras de nuestros museos. Lo siguiente, quemarlas públicamente, para escarnio de falócratas y desagravio de ofendidas, en la Piazza della Signoria de Florencia, donde seguirían de tal modo los pasos dados en tiempos del pecaminoso Renacimiento por el fraile Savonarola, azote de impíos y castigo de voluptuosos.
J. R. P.

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