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¡A la cárcel los piropeadores!


Poco menos que cárcel para los piropeadores —esos machistas de otra época— es lo que está exigiendo una especie de clamor general ante lo sucedido en Nueva York y ampliamente repercutido en las Redes Sociales.
Javier Ruiz Portella

6 de noviembre de 2014
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JAVIER RUIZ PORTELLA

 
Poco menos que cárcel para los piropeadores —esos machistas de otra época que se atreven a ensalzar la belleza femenina— es lo que está exigiendo una especie de clamor general suscitado entre quienes —más de 20 millones en pocos días— ya han visto el video de lo ocurrido en Nueva York.
 
Por si aún no la conocen, les contamos la historia. Cámara oculta en ristre, la actriz Shoshana Roberts estuvo durante diez horas andando con paso firme y decidido por las calles de Nueva York. El acoso sexual que sufrió fue tan indecente como clamoroso. Tuvo que soportar los peores ultrajes. Desde que la llamaran “princesa” (“¿Dónde vas, princesa?”), hasta que la tildaran de hermosa (¿Qué pasa, belleza?). Hubo quienes, invocando el nombre de Dios, llegaron incluso  a pedir al Altísimo que la bendijera (“¡Dios te bendiga, mami!”).
 
Horripilante, de verdad.
 
Horripilante, en efecto, el hecho de que el piropo —y no sólo el piropo: cualquier forma de halago— se haya convertido en un acoso, en una afrenta. En una grosería.
 
Por supuesto que el piropo puede convertirse en una grosería —todo en la vida puede degenerar en su contrario. Basta ver, por ejemplo, a ese desgraciado que, durante un buen rato, se le pega como una babosa a la actriz. En la medida en que el piropo se convierte en una zafiedad —no la única: la lista es interminable en el imperio de la vulgaridad que es nuestro mundo—, hay que denunciar tal cosa, hay que combatirla, y con firmeza. Ocurre, sin embargo, que no es eso en absoluto lo que combate el feminismo —quiero decir: la feminización general de la sociedad, como la llama el cada vez más célebre escritor francés Éric Zemmour.[1]
 
Lo que combate ese estado de espíritu plasmado, entre otras cosas, en la “ideología de género”, es la posibilidad misma de ensalzar la femineidad, esto es: la atracción que ejercen el estilo, la gracia, el donaire de una mujer —esas cualidades que, no existiendo ni pudiendo existir en un varón, nadie nunca las ensalzará. Como es bien natural.
 
¿Como es bien natural? ¡Vade retro! Lo natural: el que exista algo naturalmente inapelable; el que algo —la profunda diferencia entre ambos sexos— esté ahí, inconmovible, frente al capricho de las pulgas soberanas que creen poder decidirlo todo: he ahí el trasfondo último de la cuestión. Pero no ahondemos más en ello (total, tampoco hay gran cosa que ahondar por los campos de la nada) y abordemos la otra cuestión que plantea la historia del “acoso sexual” sufrido en las calles Nueva York.
 
¿En las calles de Nueva York? ¿O en las calles de ciertos barrios de Nueva York? Viendo las imágenes, tal parece como si durante sus 10 horas de andadura (600 minutos que han dado lugar a 2 minutos de concentrado, apabullante piropeo), Soshana Roberts sólo hubiera estado paseándose por barrios de (con perdón) negros, portorriqueños o dominicanos. Tal vez se paseó también por barrios de (con perdón) blancos. Pero si lo hizo, ninguno de los blanquitos se conmovió —o quienes se conmovieron, se callaron.
 
Como también se hubiera callado hoy cualquier españolito de bien, cualquiera de los asépticos hombres de Estepaís antaño denominado España, por cuyas calles y plazas ya ninguna mujer escuchará nunca aquellas galanuras que se dejaron de oír tan pronto como nos hicimos todos demócratas e igualitarios.
 
Cosas que sonaban así:
 
Si la belleza fuera pecado no tendrías perdón de Dios.
¿Te dolió caer del cielo, angelito?
Si no existieras... ¡te inventaría! 
¡Qué te guarde Dios y la llave me dé!
¿Qué hace una estrella volando tan bajito? 
En tus ojos quisiera nadar hasta ahogarme.
Morir ya no me asusta. He visto el cielo en ti.
 

[1] Y de quien Áltera publicó en su momento un libro traducido con el título de ¡Perdón, soy hombre!




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COMENTARIOS
jueves, 08 de enero de 2015

deja que se ponga vieja

Que haga el mismo recorrido dentro de 30 años, entonces sentirá nostalgia por los que la piropiaron

# Publicado por: Carlos Estefania (Estocolmo)
jueves, 06 de noviembre de 2014

Mejor no exagerar

Los piropos (interjecciones, exclamaciones, comentarios, etc.) que se ven en el video no parecen configurar un ´acoso´ grave. Si después de diez horas de marcha el extracto de los dos minutos del video resume las expresiones más ´ofensivas´ o ´agresiva´s, considero que quizás se está exagerando la gravedad objetiva del caso. Sin embargo, se puede entender que a la protagonista del video o cualquier otra mujer no desee oír NINGÚN piropo o comentario dirigido a ella, es decir que desee pasar como si fuese invisible. Para esto quizás podría proponer lo siguiente: que se adopte por ley una señal convencional (por ejemplo una esquela o banderita roja colocada visiblemente en el sombrero o el cabello de una mujer) que indicaría ´´NO QUIERO PIROPOS´´. Quien viendo esa señal prohibitoria la infringiera profiriendo un ´piropo´ dirigido a esa mujer podría ser denunciado y pagaría una multa. ¿Genial?

# Publicado por: Octavio Espinosa (Guayaquil)
jueves, 06 de noviembre de 2014

tener o no tener criterio

Díganme por favor, ¿la gente (genéricamente hablando) tiene cabeza, tiene criterio?. ¿Por qué la gente es tan atontada?. Y ¿Por qué cuanto más escaso de criterio anda uno por la vida más razón tiene y más mayoritario es?.
¡Decidme guapos!

# Publicado por: Miguel (Toledo)
jueves, 06 de noviembre de 2014

No es para tanto

Pues la chica no es para tanto, la verdad. ¡Donde esté la real hembra española que se quiten barbyes de esas!

# Publicado por: José V. Pascual (Tenerife)
jueves, 06 de noviembre de 2014

piropo.

Muy bueno el articulo del sr. Ruiz. Es lamentable hasta donde se ha infiltrado la cultura de izquierdas.Perdidos para siempre el paraíso comunista y la causa de la dictadura del proletariado, se han tenido que afanar en otras causas, aunque solo sea para seguir destruyendo y no aportando nada. La ideología de genero es nefasta y destructiva y debemos luchar contra ella. Para acabar solo se me ocurre decir: viva el piropo elegante y original.

# Publicado por: norberto (zaragoza)
jueves, 06 de noviembre de 2014

Los puertorriqueños

El gentilicio de ´´puertorriqueños´´, aunque en España se acepte ´´portorriqueño´´, nosotros no nos identificamos con ese término, que suena muy raro al oído. Creo que es entendible y se puede respetar la manera en que nos llamamos a nosotros mismos. En segundo lugar los barrios son de ´´puertorriqueños y dominicanos´´, pues viven mezclados. El piropo también ha desparecido porque ya no se necesita como arma de seducción, una vez que toda mujer tiene la obligación de irse a la cama con el primero que se lo pida. Caricaturizando: ¿para qué se necesitarían, pues, armas de seducción por parte de los hombres? Cualquier sociólogo lo explica. Recomiendo a las mujeres españolas que vayan de visita a Estados Unidos no aventurarse en ciertos barrios de New York o Los Ángeles. Desde hace décadas se sabe que en la mayoría de los casos no saldría ilesa y lo visto en ese video es algo muy común, es lo menos que le puede pasar, aunque no se pueda decir por ser políticamente incorrecto. Es tema que se aborda normalmente en las conversaciones en Estados Unidos. Creo que faltan opiniones féminas en este excelente digital que puedan abordar los distintos problemas que hoy enfrentan las mujeres, y que van más allá del feminismo de pancarta y otras vertientes cuasi esotéricas. Espero no ser censurado por atreverme a expresar una opinión algo discordante.

# Publicado por: John Martínez (San Juan de Puerto Rico)
jueves, 06 de noviembre de 2014

Pues hay que seguir

No se puede ceder ante este bodrio ideológico que llaman ´´de género´´, algo que suena a los pescados de un mercado. Por ello soy partidario de insistir. En cuanto a la lista de piropos, algunos me parecen un poco cursis. Yo prefiero el más directo: ´´Qué buena estás Carmela. Te daría un mordisco...´´

# Publicado por: miguel (madrid)
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