Puño de hierro


Conceder al enemigo, mediante recibimiento con sonrisas y lluvia de pétalos de flores, categoría de par y árbitro de nuestras costumbres y tributos, no es otra cosa que reconocernos vencidos.
CARLOS KAISER    


Las lágrimas de Aquiles por la muerte de Patroclo duraron muchos, muchos días. Su ataque de furia posterior fue espectacular y pueril. El alarde rabioso arrastrando el cadáver de Héctor a interminables vueltas alrededor de Troya, resultó una absoluta estupidez. Tetis sigue llorando.
Sólo la astucia y la implacabilidad de Odiseo consiguieron la victoria. Primero ahí, “el destructor de ciudades”, y luego de vuelta a Ítaca. Por muchas Circes y Calipsos, por muchas Sirenas, por muchas Escilas y Caribdis, por muchos pretendientes y engolados chapetones, su determinación no se debilitó. Alcanzó la supervivencia digna. Y eso únicamente puede conseguirse sin concesión alguna. Odiseo no claudicó nunca. Los “buenistas” y los “dialogantes” están derrotados de antemano.
Hoy estamos, como siempre, en la misma tesitura. La Guerra eterna, y la Vida no es nunca otra cosa (contra las infecciones, contra la enfermedad, contra la ignorancia, contra la estupidez, contra la degeneración, contra la vejez, contra el hambre, contra la invasión, contra la esclavitud, contra el atropello intrínseco de la especie), sigue en plena vigencia. Efervescente. Negarla es la más evidente confesión de la derrota. Conceder al enemigo, mediante recibimiento con sonrisas y lluvia de pétalos de flores, categoría de par y árbitro de nuestras costumbres y tributos, no es otra cosa que reconocernos vencidos. Ante el “Globalismo”, ante el islam, ante la ETA, ante la “corrección política”, ante los nacionalismos y su delirio independentista, ante el feminismo, ante el lobby LGTB, ante la corrupción intrínseca del “sistema político”, ante todo eso, ya va siendo hora de poner pie en pared. ¡Un BASTA atronador!
En Occidente, en Europa, en España, rendidos como estamos a la rapiña de los pretendientes de Penélope (un pretexto para llevarnos a la ruina y la ignominia en nombre de ilusorios derechos y libertades, de supuestos y falsos progresos democráticos), vuelve a ser imprescindible un puño de hierro. En Ítaca te esperamos, Odiseo. Aquiles no nos sirve.