Un barquito de papel

En tiempos de la Dictadura de la Señorita Pepis era en las calles mismas donde se aprendía a torear en la hoy declarada "primera ciutat antitaurina de l´Estat".

Nunca hubo menos Libertad individual que hoy. La de Franco fue una dictadura de la Señorita Pepis comparada con la asfixia que ahora nos anega.
CARLOS KAISER    


La Navegación ha dejado de existir. Han triunfado las Cañadas. Todos tras el pastor, pero sin mastines con carlancas. Si atacan los lobos, cada cual se llama a andanas. ¡Se refunfuñe usted! ¡Hay que acostumbrarse!

Nunca hubo menos Libertad individual que hoy. La de Franco fue una dictadura de la Señorita Pepis comparada con la asfixia que ahora nos anega. De sentirnos limitados, a sentirnos aplastados. Un buen par de hostias se merecen los “dandy demócratas”, payasos de guardarropía. Lo malo es que nos las vamos a llevar todos. Muy ganadas a pulso por cierto.

En los años de 1950, en la Barcelona ultrafranquista de entonces, los niños íbamos ilusionados a un pequeño estanque de la Diagonal, próximo a Pedralbes, para probar nuestras barquitas. ¡Las había hasta con motorcillos de cuerda! Los menos pudientes sólo podíamos echar al agua, previamente enceradas, nuestras manualidades de papel. Y es verdad, nos sabíamos inferiores de recursos. Pero sólo en eso, en posibles.

Hoy todo ha cambiado. Ahora ya sabemos que también somos inferiores en todo lo demás. Nunca soñamos con que el desprecio y el atropello a quienes no somos de la banda, a la familia y a los sueños de superación por el trabajo y el esfuerzo, pudieran llegar a aplastarnos de una forma tan brutal. La Transición de esta parodia ha consistido en construir, muy cerca por encima, un techo infranqueable. Para la persona.

No puedo refrenar mi burla y mi desprecio por todos cuantos se engolan con su admiración por las “libertades conquistadas”. ¡Miserables! ¡Sabandijas! ¡Traidores! Nunca nadie pudo hundirnos más abajo. Ni hacer más inviable cualquier proyecto de convivencia en paz. La sangre que invocáis, ¡tartufos!, también caerá sobre vuestras cabezas.

Mientras tanto, yo sigo cuidando mi barquito de papel. ¡Y navegando por mares de horizontes infinitos! Hasta que me tope de frente con vosotros.