¿Tedio existencial o "Sí a la vida"?


Nuestro amigo don Cosme nos propone hoy una aguda y original interpretación de los dos grandes emblemas del existencialismo.
Cosme de las Heras    


La interpretación habitual de los personajes Mersault y Ronquentin de sendas novelas El Extranjero y La Nausea, es la del "absurdo". Sus propios creadores, Albert Camus y Jean Paul Sartre, así lo consideraban. Sin embargo, lancemos otra mirada acerca de ambos personajes.

Mersault, quien ciertamente padece una cierta anestesia emocional, no es un personaje anhedónico ni depresivo en absoluto, y mucho menos se le puede ver flotando el "vacío" en medio de una existencia absurda.

Mersault vive en la soleada Argel colonial, se dedica a un trabajo que no parece demasiado desagradable, tiene una novia, amigos, va al cine a ver comedias de Fernandel, a la piscina, a los cafés, a la playa...

Por su parte, Ronquentin es un flâneur en la ciudad de provincias marítima en la que habita, se dedica a escribir una especie de tesina acerca de un aristócrata local, cuenta con algunos compañeros de café con quienes comparte tertulias, tiene una amante en la ciudad y además una novia en París, come bien, bebe buen vino y fuma su pipa.

Es cierto que Ronquentin sufre una experiencia sobrecogedora en un parque de Bouville: a partir de la observación de una raíz de castaño, es tomado por sorpresa, abrumado, sobrepasado... por la visión de la Existencia en crudo, como si se hubieran abierto las puertas de su percepción.

Ronquentin percibe la gratuidad de la Existencia, y su absurdo. Yendo aún más lejos, Ronquentin se da cuenta de que la lucha por la existencia darwiniana es una falacia: lo existente no quiere perseverar sino desaparecer; sólo persevera por inercia.

Sin embargo, pasado este momento, la experiencia terrible, va dando paso a una epifanía. La Náusea se transforma en un Éxtasis.

Mersault vive levemente anestesiado y Ronquentin, por el contrario, posee una percepción híper aguda, pero ambos viven, en general, en una existencia tranquila, sencilla y al mismo tiempo, no exenta de placeres. Una vida muy epicúrea. Nada más alejado de ambos personajes que lo depresivo o lo angustioso. Son caracteres envidiables. Admirables.

La insistencia en lo supuestamente desagradable de la vida de ambos radica, sin duda, en que ellos se escapan de la Matrix, de la Cañada Real, de la Rueda del Hámster, de la convencionalidad..., pero lo hacen de manera muy sutil, camuflados entre el rebaño, en la corriente principal, sabiendo que, demasiado cerca de la sociedad, uno se quema, pero demasiado lejos uno se hiela. No viven una vida conservadora comme il se doit, pero tampoco viven comprometidos con ninguna gran causa que les extraiga ni un segundo de su valioso tiempo. Quizá por eso son blanco de las iras de tirios y troyanos.